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Nico Perez

Argentina en el mundo: los recursos que buscan los inversores y qué falta para aprovechar la oportunidad minera

Martina P. Veneziani

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Alejandro Díaz, CEO de AmCham Argentina, y Sarah Louise Roberts, embajadora de Australia en el país, analizaron en el Forbes Mining Summit las condiciones para insertar a la Argentina en las cadenas globales de minerales críticos.

3 Septiembre de 2026 11.21

La transición energética está modificando las cadenas globales de suministro y llevando a gobiernos y empresas a buscar nuevos proveedores de cobre, litio y otros minerales críticos. Para la Argentina, que cuenta con recursos demandados por las principales economías, ese movimiento representa una oportunidad para atraer inversiones y ganar participación en un mercado estratégico.

El desafío es transformar ese potencial geológico en proyectos concretos y hacerlo en un contexto de competencia internacional por el capital. Ese fue el eje de “Argentina en el mundo”, uno de los paneles de la tercera edición del Forbes Mining Summit, que reunió a Alejandro Díaz, CEO de AmCham Argentina, y Sarah Louise Roberts, embajadora de Australia en Argentina con concurrencia en Uruguay y Paraguay.

La conversación, moderada por Esteban Talpone, editor general de Forbes Argentina, puso el foco en las relaciones bilaterales, la inserción del país en las cadenas globales de suministro y las condiciones necesarias para desarrollar los minerales que demanda la transición energética.

“Argentina tiene los recursos que el mundo demanda. El RIGI aporta algo que no tuvimos durante décadas: previsibilidad y estabilidad regulatoria para transformar ese potencial en inversiones”, afirmó Díaz.

De los recursos a las inversiones

Para el CEO de AmCham, la geología representa uno de los principales activos del país. Argentina posee importantes recursos de litio, cobre, oro y plata, entre otros minerales, pero durante las últimas décadas no logró traducir plenamente esa ventaja en producción y exportaciones.

El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) aparece, en ese escenario, como una herramienta para modificar una de las variables históricamente observadas por los inversores: la previsibilidad.

Díaz destacó particularmente la estabilidad regulatoria de largo plazo que ofrece el régimen. Pero advirtió que las condiciones necesarias para desarrollar la minería exceden ampliamente al RIGI.

Argentina tiene lo que el mundo demanda”, sostuvo. Para el ejecutivo, después de décadas en las que el país no consiguió aprovechar esa ventaja en toda su dimensión, comienza a producirse un mayor alineamiento con las necesidades de los mercados internacionales.

El cambio coincide con una carrera global por diversificar proveedores. Y Australia, una de las principales potencias mineras del mundo, observa con atención ese proceso.

Australia busca diversificar sus cadenas de suministro y Argentina tiene oportunidades excepcionales para convertirse en un proveedor relevante para la transición energética”, afirmó Roberts.

Según la diplomática, ese potencial ya comenzó a traducirse en inversiones concretas con participación australiana en proyectos argentinos vinculados con minerales estratégicos.

Australia, un socio con experiencia minera

La minería representa alrededor del 10% del PBI australiano y genera cientos de miles de empleos directos e indirectos. Esa trayectoria convierte al país en un posible socio para la Argentina no solo en materia de capital, sino también de tecnología, capacitación y desarrollo de proveedores.

Roberts explicó que fortalecer los vínculos comerciales y de inversión entre ambos países constituye una de las prioridades de su gestión. Entre las iniciativas mencionó la revitalización de una cámara de comercio bilateral y la creación de espacios para conectar empresas, gobiernos e inversores.

El objetivo, aclaró, no es trasladar de manera automática el modelo australiano.

“La cooperación bilateral no busca que Argentina replique el modelo australiano de manera exacta, sino identificar qué herramientas pueden adaptarse mejor a la realidad y las necesidades del país”, señaló.

Una de esas áreas es el capital humano. Australia desarrolló esquemas en los que empresas, gobiernos, sindicatos y centros de formación trabajan conjuntamente para detectar las capacidades que necesitará la industria.

La cooperación ya comienza a tener expresiones concretas en la Argentina. Roberts mencionó acuerdos entre instituciones educativas de Western Australia y universidades de Mendoza y San Juan para desarrollar programas académicos, investigación y experiencias de formación conjunta.

Infraestructura, el primer gran cuello de botella

Para Díaz, uno de los principales obstáculos que deberá resolver la Argentina es la infraestructura. Buena parte de los proyectos mineros está localizada lejos de los grandes centros urbanos y necesita caminos, ferrocarriles, energía, agua y conectividad.

“La carencia de infraestructura es una limitación”, resumió.

El desafío se vuelve mayor si las proyecciones de crecimiento se cumplen. Díaz planteó que, si las exportaciones mineras se multiplican en los próximos años, también aumentará exponencialmente la demanda sobre rutas, servicios públicos y ciudades cercanas a los proyectos.

Eso implica pensar más allá de la infraestructura estrictamente minera. El crecimiento puede provocar movimientos de población hacia las provincias productoras y requerir nuevas viviendas, escuelas, hospitales y servicios.

El segundo desafío es la cadena de proveedores. Las provincias buscan que una porción creciente de las compras de los proyectos se realice localmente, algo que Díaz consideró razonable por la necesidad de que el desarrollo genere impacto en los territorios.

Sin embargo, una expansión simultánea de varios proyectos podría encontrar límites en la capacidad disponible.

El mismo problema aparece con el talento. Ingenieros, técnicos, especialistas y otros perfiles deberán multiplicarse si la industria alcanza la escala proyectada para finales de esta década.

El financiamiento y la competencia por el capital

El tercer gran componente es el financiamiento. Los proyectos mineros requieren inversiones de miles de millones de dólares y compiten por capital con iniciativas ubicadas en distintas partes del mundo.

Díaz señaló que la Argentina deberá desarrollar instrumentos financieros y aprovechar mecanismos internacionales que permitan apalancar inversiones privadas. En ese punto destacó las oportunidades derivadas de una mayor vinculación estratégica con Estados Unidos y de organismos que pueden participar en el financiamiento de proyectos.

Pero existe una condición previa: la estabilidad macroeconómica.

Para el CEO de AmCham, sostener políticas monetarias, cambiarias y regulatorias previsibles será fundamental para que los inversores comprometan capital durante períodos prolongados.

Allí aparece una preocupación histórica: el denominado “efecto péndulo” argentino, caracterizado por cambios importantes en las políticas públicas entre diferentes administraciones.

Díaz contrastó esa dinámica con países como Australia, donde las diferencias entre gobiernos conviven con acuerdos básicos sobre el modelo de desarrollo.

“Lo que no hemos discutido es un modelo de país”, planteó. Para las inversiones de largo plazo, sostuvo, la pregunta central es si la Argentina podrá sostener durante los próximos diez años las condiciones necesarias para que los proyectos maduren.

Una ventana que no estará abierta para siempre

Pese a los desafíos, el diagnóstico de los participantes fue optimista. Para Díaz, la magnitud de la oportunidad puede observarse al comparar el peso actual de la minería con el de otros grandes complejos exportadores argentinos.

Su expectativa es que el sector pueda multiplicar varias veces sus exportaciones durante los próximos cinco o seis años si los proyectos previstos efectivamente avanzan.

“La oportunidad está; la ventana está abierta”, afirmó.

La cuestión, agregó, es si los diferentes actores -gobiernos, empresas, sindicatos y comunidades- conseguirán alinear sus intereses para convertir esa oportunidad en inversiones reales y desarrollo.

Para Australia, ese proceso también abre espacio para una relación bilateral más profunda. Roberts destacó que su país cuenta con miles de compañías especializadas en tecnología, servicios y equipamiento para minería que pueden participar del crecimiento argentino.

La diplomática puso el foco en un concepto que atraviesa buena parte de las discusiones actuales del sector: cooperación. No se trata solamente de inversiones, sino de compartir conocimiento, formar trabajadores, desarrollar tecnología y generar cadenas de suministro más resilientes.

Argentina parte de una ventaja difícil de replicar: posee varios de los minerales que el mundo necesita para electrificarse y avanzar en la transición energética. El próximo paso será demostrar que también puede ofrecer las condiciones para extraerlos, procesarlos y llevarlos al mercado durante décadas.

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