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Forbes Argentina
Sofía Cairó convirtió el penal definitorio y "Las Leonas" son campeonas del mund
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Sofía Cairó convirtió el penal definitorio y "Las Leonas" son campeonas del mund
Captura ESPN Disney+

Las Leonas tienen tres estrellas: el negocio de una épica que vuelve a conquistar el mundo y al país

Juan Romero

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La selección argentina femenina de hockey igualó la final del Mundial ante Países Bajos y se impuso por penales para alcanzar su tercera corona. Más allá del título, la conquista revaloriza una marca deportiva que hace 26 años combina identidad, formación, audiencias y oportunidades para el marketing.

29 Agosto de 2026 13.00

Las Leonas volvieron a hacer del hockey una conversación nacional. En Amstelveen, frente al local  Países Bajos y ante un estadio Wagener colmado de naranja, la selección argentina femenina empató la final del Mundial 1-1 y se impuso por shootouts (penales australianos) para conquistar su tercer título del mundo, después de las coronas de Perth 2002 y Rosario 2010.

La victoria tiene un peso deportivo evidente. Argentina enfrentó al equipo número uno del ranking de la Federación Internacional de Hockey, tricampeón mundial vigente y bicampeón olímpico, que no había perdido un partido en una Copa del Mundo desde la final de 2010 ante las propias Leonas. Pero su relevancia también excede el marcador: vuelve a poner en escena una de las marcas más duraderas, reconocibles y emocionalmente potentes del deporte argentino.

La historia de Las Leonas tiene una particularidad que los especialistas en marketing deportivo estudian con atención. Pocas selecciones lograron convertir un apodo, una camiseta y una identidad competitiva en una plataforma cultural sostenida durante más de dos décadas. El nombre nació en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000, hace 26 años, y desde entonces dejó de ser una etiqueta para transformarse en un activo simbólico: representa una forma de competir, una mística de equipo y una puerta de entrada para miles de chicas al deporte.

El hockey sobre césped se consolidó, desde aquella irrupción, como el deporte más practicado por mujeres en la Argentina. Cada nueva medalla, cada Mundial y cada figura que aparece con la camiseta celeste y blanca actualiza esa cadena de inspiración. La conquista de Amstelveen agrega ahora una tercera estrella, pero también un nuevo capítulo a una narrativa que combina excelencia, persistencia y pertenencia.

Las Leonas ganaron su tercera estrella, le ganaron la final a la local Países Bajos y son campeonas del mundo 2026.
Las Leonas ganaron su tercera estrella, le ganaron la final a la local Países Bajos y son campeonas del mundo 2026.

Ganarle al modelo neerlandés

El contexto de la final potenciaba la dimensión de la hazaña. Países Bajos es el estándar internacional del hockey femenino. Cuenta con la liga más competitiva del mundo, infraestructura de primer nivel, formación temprana y una cultura deportiva en la que los chicos reciben un palo y una bocha con una naturalidad comparable, en Argentina, a la de una pelota de fútbol.

Argentina llegó a la definición con una preparación diferente a la de su rival, pero con una generación consolidada. Muchas de sus integrantes habían sido campeonas del mundo junior diez años antes en Chile. Esa maduración se reflejó durante el torneo: un equipo capaz de defender con disciplina, administrar los momentos de presión y esperar la oportunidad sin convertir la ansiedad en desorden.

La semifinal ante Australia sintetizó esa evolución. Las Leonas vencieron 1 a 0 con un gol de Julieta Jankunas y sellaron su séptima presencia en una final mundialista. En el camino, Argentina había convertido 10 goles y recibido apenas 3, una muestra de eficacia defensiva frente a la potencia ofensiva neerlandesa, que había marcado 22 tantos y también había recibido solo 3 antes de la final.

El enfrentamiento también representaba una revancha. En el Mundial de 2022, Países Bajos se había impuesto por 3 a 1 ante Argentina. Lo mismo había ocurrido en la final de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, disputados en 2021 por la pandemia. En Amstelveen, Las Leonas encontraron una respuesta distinta: no buscaron desafiar a la potencia local con una carrera descontrolada, sino competir desde la inteligencia, la solidez y la convicción.

El deporte profesional suele celebrar la épica del golpe de suerte. Sin embargo, este título se entiende mejor como el resultado de una construcción de largo plazo: generaciones de jugadoras, entrenadores, clubes, familias y una cultura deportiva que convirtió al hockey femenino en una referencia nacional.

La tercera estrella también es una marca

Para las marcas, el valor de Las Leonas no se agota en la exposición de un campeonato. La selección ofrece algo cada vez más escaso en el ecosistema deportivo: una identidad genuina. En un mercado saturado de campañas y activaciones, el vínculo del público con el equipo se apoya en valores que no necesitan ser inventados por una agencia: esfuerzo, talento, solidaridad, resiliencia y orgullo de pertenencia.

El marketing deportivo más efectivo no vende solo un logo. Construye experiencias alrededor de emociones compartidas. La camiseta argentina, los festejos, las familias en los clubes y la transmisión de una final mundial forman parte de un mismo ecosistema de consumo cultural. Cuando una selección conquista una copa, también crecen la demanda por indumentaria, contenidos digitales, clínicas, escuelas deportivas, torneos juveniles y alianzas comerciales.

La televisión y el streaming forman parte de esa expansión. La final se emitió en vivo por ESPN 2 y Disney+ Premium, una ventana que permitió llevar un deporte históricamente asociado a los clubes a audiencias masivas y transgeneracionales.

La conquista adquiere además una dimensión regional. El hockey argentino exportó talento, técnicos, jugadoras y una estética competitiva al mundo. Su público también creció fuera de las fronteras, especialmente en América Latina, donde las figuras deportivas construyen comunidades digitales que exceden los resultados de una temporada.

Hace 24 años, en Perth, Las Leonas lograron su primer Mundial. Hace 16 años, en Rosario, Luciana Aymar levantó la segunda copa en su ciudad natal y consolidó una era. La tercera estrella llega con un plantel que tomó aquella herencia, asumió el peso de las derrotas recientes ante Países Bajos y volvió a competir contra el máximo rival.

En un país que suele convertir cada éxito deportivo en una batalla contra la escasez, Las Leonas ofrecen otra lectura: el alto rendimiento no aparece por accidente. Se forma, se sostiene y se transmite. El título de Amstelveen no solo completa una trilogía mundialista. También confirma que la mayor riqueza de una marca deportiva no reside en el trofeo, sino en su capacidad de inspirar a la próxima generación antes de que empiece el próximo partido.

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