Estrategia contra la "deuda cognitiva": la EdTech argentina que busca salvar el pensamiento crítico en la era de la IA
En un contexto donde el 54% de los menores de 18 años en Argentina ya utiliza herramientas de inteligencia artificial para sus deberes escolares —la mayoría sin supervisión—, surge una propuesta que busca transformar este fenómeno en una ventaja competitiva para el sistema educativo: Auroria.

Cecilia Valleboni Forbes Staff

La transformación tecnológica que atraviesa el sistema educativo argentino no es solo una cuestión de dispositivos, sino de capacidades cognitivas fundamentales. Según datos de UNESCO y UNICEF, el 60% de los chicos admite utilizar modelos de lenguaje como ChatGPT para resolver sus tareas escolares, una tendencia que crece en los hogares ante la falta de una mediación adulta clara. 

En este complejo escenario, la iniciativa argentina Auroria emerge no solo como una herramienta de software, sino como un manifiesto pedagógico que busca frenar la "deuda cognitiva", ese proceso silencioso donde delegar el pensamiento en la máquina atrofia el razonamiento crítico, la atención y la memoria de las nuevas generaciones. @@FIGURE@@

La génesis de Auroria es una amalgama de experiencia profesional y preocupación familiar. Daniela Buján, experta en marketing y ciberseguridad con más de 13 años de trayectoria global, y su marido Juraj, diseñador de profesión, decidieron volcar su conocimiento técnico en una solución tras observar el impacto de la tecnología en su propia casa. Juraj, criado en un pequeño pueblo de Eslovaquia por una madre y una abuela maestras, vivió en primera persona las dificultades de un sistema que no siempre contempla las diferencias individuales. Por su parte, Buján lideró proyectos globales de concientización digital, entendiendo que el eslabón más débil de cualquier sistema de seguridad no es el código, sino el factor humano. La chispa definitiva surgió cuando su hija de 12 años solicitó permiso para instalar una inteligencia artificial generativa. Ante la ausencia de un equivalente seguro y pedagógico que no entregara respuestas servidas, el matrimonio decidió desarrollar su propia alternativa.

Lo que comenzó como un proyecto familiar bajo el nombre "Mi madre creó un chat GPT" se transformó en una plataforma institucional diseñada para la tríada escuela-familia-docente. El gran diferencial de Auroria reside en su "modo socrático", una arquitectura que rompe con la complacencia de los asistentes virtuales tradicionales. Mientras que los modelos comerciales buscan la eficiencia inmediata, Auroria intercala repreguntas y desafíos, guiando al alumno para que sea partícipe activo del proceso de descubrimiento. Como explica Buján, “el objetivo es evitar que los estudiantes se conviertan en personas automáticas que simplemente copian y pegan sin razonar, perdiendo en el camino el valor del esfuerzo y la curiosidad”.

Desde la óptica de la gestión escolar, Auroria se posiciona como un aliado estratégico en un momento de desborde docente. La plataforma permite a los maestros automatizar tareas administrativas y planificar secuencias didácticas personalizadas, incluyendo adaptaciones para alumnos con dislexia o TDAH en cuestión de minutos. “Además, devuelve al docente una visibilidad que hoy está perdida: el sistema genera analíticas sobre qué están consultando los alumnos fuera del horario escolar, permitiendo que el profesor detecte baches de aprendizaje antes de llegar al aula”, asegura la emprendedora. Al mismo tiempo, incorpora un sistema de alertas críticas para directivos; si un alumno ingresa términos relacionados con autolesiones o situaciones de riesgo emocional, el sistema notifica de inmediato a la institución para activar protocolos de contención humana.

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La propuesta de negocio de esta EdTech es un modelo B2B que busca ser inclusivo en un mercado escolar golpeado por la crisis económica. Con un costo aproximado de US$ 30 anuales por usuario, la plataforma aspira a que las instituciones privadas eleven su propuesta de valor y las escuelas rurales u ONGs puedan acceder de manera bonificada para achicar la brecha digital. Sin embargo, el camino no está exento de obstáculos. Muchos directivos muestran resistencia por temor a aumentar la carga de pantalla de los alumnos o por la falta de un marco regulatorio oficial que baje desde el Estado. Ante esto, Buján sostiene que la prohibición es una respuesta irresponsable: el tiempo de pantalla ya existe y los chicos ya están usando IA en sus casas. El verdadero dilema no es "cuándo" o "cuánto", sino "cómo" se utiliza esa potencia tecnológica para que no termine devorando la inteligencia humana.

En última instancia, Auroria representa un esfuerzo por humanizar la automatización. La fundadora destaca que ningún algoritmo podrá reemplazar el vínculo emocional con un docente, ese que motiva al alumno o lo contiene en momentos de frustración. El proyecto busca, en esencia, que "la inteligencia artificial sea un andamio y no un sustituto". En un mundo que ya reporta casos de "psicosis de chatbot" y una dependencia emocional alarmante hacia las máquinas, el modelo argentino de Auroria propone una tregua: usar la tecnología para alfabetizar al ciudadano del futuro, pero garantizando que ese ciudadano aún conserve la capacidad de formular sus propias preguntas y confiar en su propio criterio.