Nestlé y Danone y otros grandes jugadores lácteos llegan a su temporada de balances con una pregunta incómoda sobre la mesa: ¿cuánto vale realmente un error en la categoría más sensible y rentable de sus portafolios? Las dos multinacionales —junto con Lactalis— atraviesan el mayor retiro de fórmulas infantiles de su historia reciente, tras detectar presencia de cereulida, “una toxina que puede causar náuseas y vómitos”, en lotes distribuidos en Europa, Asia y las Américas.
La reacción inicial fue defensiva. Nestlé empezó a retirar productos en diciembre y terminó obligando a su flamante CEO, Philipp Navratil, a publicar un video de disculpas por la crisis. La cadena de eventos escaló cuando la Singapore Food Agency ordenó el retiro precautorio de un lote de Dumex Dulac 1 (Danone, origen Tailandia) y de NAN HA1 SupremePro (Nestlé, origen Suiza) tras hallar la toxina, y cuando Lactalis se sumó con un retiro en 18 países por presencia de cereulida en “un ingrediente provisto por un mismo proveedor”.
Un funcionario del Ministerio de Agricultura francés lo resumió sin anestesia: “Todos los productores de leche infantil en Francia y a nivel internacional probablemente hayan sido afectados por entregas de materias primas no conformes del mismo fabricante, lo que llevó a los retiros de Nestlé y Lactalis”.
Un insumo, un proveedor, un problema global
El corazón técnico del episodio está en el ácido araquidónico (ARA), un aceite fundamental en las fórmulas premium. Francia identificó a la compañía china Cabio Biotech como origen del ARA contaminado con cereulida; la materia prima fue vendida por una empresa de Países Bajos “pero provenía de China”. Nestlé detectó el problema en una planta neerlandesa y “suspendió la compra de aceite ARA al proveedor involucrado”.
Lactalis, por su parte, precisó que “el proveedor del ARA contaminado es holandés”, pero se apresuró a aclarar que no se trataba de dsm‑firmenich, el gigante del sector. Más allá de los matices, el mapa es claro: una cadena de suministro globalizada, con un insumo de alto valor agregado que viaja desde China a Europa y, de allí, al resto del mundo.
El caso muestra hasta qué punto un único eslabón comprometido puede volverse riesgo sistémico en una industria donde el margen económico es alto, pero el margen de error es cero. La fórmula infantil es uno de los productos más regulados del planeta y, a la vez, uno de los negocios más lucrativos de las grandes lácteas, especialmente en China y el sudeste asiático. @@FIGURE@@
Golpe bursátil y dudas sobre el “Goliat”
El mercado reaccionó rápido. Danone, muy expuesta al negocio de fórmula en China —donde la categoría representa alrededor del 21% de sus ingresos—, sufrió una caída de más de 5% en lo que va del año, con jornadas en las que el desplome intradía llegó al 8,3%, hasta su nivel más bajo desde febrero de 2025. Jefferies recuerda que cerca del 17% de las ganancias de Danone provienen de fórmula infantil en China, contra menos del 2% en el caso de Nestlé.
En Nestlé, los retiros golpearon a NAN, uno de los pocos motores de crecimiento en un contexto de debilidad en otras marcas como Gerber, y reabrieron el debate sobre el liderazgo de Navratil. La compañía sostiene que la afectación directa será menor al 0,5% de sus ventas, pero el analista David Hayes (Jefferies) calcula una exposición total de 1.600 millones de euros (unos U$S 1.900 millones).
Kai Lehmann, portfolio manager en Flossbach von Storch —inversor de Nestlé— fue tajante: “Habría esperado un poco más de proactividad y transparencia en la comunicación. Esto es precisamente lo que Philipp Navratil prometió al asumir el cargo”. Y cuestionó las “salami tactics” (algo así como paso a paso) del grupo, al revelar la información de manera gradual.
Hayes, por su lado, anticipa que los retiros podrían forzar a Navratil a recortar en unos 100 puntos básicos la previsión de crecimiento de volumen del grupo. Y deja flotando una duda que irrita al management: “Puede que sea injusto, pero la gente podría preguntarse si (Navratil) no puede realmente controlar y evitar estas cosas porque (Nestlé) es demasiado top para supervisarlo”. @@FIGURE@@
“En el negocio de la fórmula, la reputación es todo”
Más allá de balances y proyecciones, el daño principal se juega en la confianza. “En el negocio de las fórmulas infantiles, la reputación es todo”, sentencia Tom Booijink, especialista lácteo senior para Europa y África en RaboResearch.
El caso de Paul Jamieson, padre en Northumberland (Inglaterra) cuya hija se enfermó tras consumir una fórmula de Nestlé, ilustra el quiebre emocional: “Cuando esa confianza se ve comprometida, es muy difícil sentirse cómodo al continuar con esos productos”.
Seis expertos, analistas y consumidores consultados coinciden en que Nestlé y Danone enfrentan una batalla larga para reconstruir su reputación en el segmento. No ayuda que las autoridades francesas hayan abierto investigaciones penales sobre la gestión de los retiros (hay al menos tres casos bajo investigación), ni que los consumidores cuestionen la velocidad de la reacción inicial.
Desde el lado más benévolo, JPMorgan defendió en parte a Danone tras hablar con la empresa: “El proceso involucra procedimientos de alta temperatura y secado que erradican la bacteria, aunque algunos residuos de toxina pueden seguir siendo detectables, pero muy por debajo del estándar regulatorio y por lo tanto seguros para el consumo” tal cual lo sostuvo la semana pasada una comisión de la UE. En una nota a clientes, el banco sostuvo: “En conjunto, la reacción de hoy del precio de la acción nos parece exagerada, aunque entendemos el contexto posterior al retiro de Nestlé”.
Ventana de oportunidad (y de riesgo) para nuevos jugadores
Mientras los gigantes gestionan el incendio, algunos competidores ya recogen las brasas calientes del mercado. La alemana HiPP, de propiedad familiar, reportó un “fuerte aumento” en la demanda y aumentó producción. La neozelandesa a2 Milk, en cambio, fue más cauta y anticipó que no espera un gran impulso inmediato.
El reacomodamiento se da, además, en un contexto estructural desafiante: vientos en contra cambiarios, desaceleración del crecimiento global del segmento y caída de la natalidad en China, que ya presionaban sobre las ventas de fórmula infantil antes de la crisis.
Para exportadores de América Latina —Argentina, Uruguay, Paraguay— que buscan ganar terreno en lácteos de mayor valor agregado, la señal es inequívoca. Jugar en la primera división de la nutrición infantil ya no es solo cuestión de calidad de la leche o eficiencia industrial, sino de demostrar trazabilidad exhaustiva de insumos, controles equivalentes o superiores a los europeos y una gobernanza de riesgo sanitario a la altura de lo que exigen Singapur, China o la Unión Europea.
El foco sobre un ARA vendido desde Países Bajos pero originado en China también reabre el debate sobre la dependencia de cadenas largas y opacas. Para cooperativas y empresas exportadoras del Cono Sur, el diferencial competitivo puede estar en lo contrario: cadenas más cortas, origen claro y auditorías de terceros que permitan ofrecer una narrativa de “seguridad radical” a compradores globales.
Cronograma breve de la crisis
Diciembre 2025: Nestlé inicia retiros de fórmulas infantiles en Europa, Asia y América por posible contaminación con toxina cereulida.
Inicios de enero 2026: la Singapore Food Agency ordena retirar lotes de Dumex Dulac 1 (Danone) y NAN HA1 SupremePro (Nestlé).
Enero 2026 (segunda semana): el nuevo CEO de Nestlé, Philipp Navratil, publica un video de disculpas por la crisis.
Mediados de enero 2026: Lactalis anuncia el retiro de leche infantil en 18 países; se confirma que el problema proviene de un ARA suministrado por un proveedor europeo con origen chino.
Febrero 2026: autoridades francesas abren investigaciones sobre la gestión de los retiros y se reporta una caída acumulada superior al 5% en las acciones de Danone; Nestlé recupera parcialmente tras la venta masiva inicial.
La conclusión es incómoda para los gigantes y aleccionadora para los aspirantes: en la economía de la alimentación infantil, el verdadero activo no son los volúmenes ni las marcas, sino la capacidad de gestionar cadenas de suministro complejas sin fallar. Cuando la promesa básica es “seguridad absoluta”, un solo insumo contaminado puede convertirse en la factura más cara de todas.
Fuentes: Le Monde, Financial Times, The Conversation, Reuters