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ROGELIO FARAH

Empezaron con visitas guiadas en el Palacio Barolo y ahora buscan exportar el negocio a otros edificios históricos

Belén FernándezSubeditora

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Miqueas y Tomás Thärigen convirtieron una iniciativa que nació hace más de 20 años en el Palacio Barolo en un negocio que hoy combina recorridos turísticos y gastronomía. Con unas 4.000 visitas mensuales y un bar propio en el piso 16, buscan replicar el modelo en otros inmuebles patrimoniales, aunque reconocen que los acuerdos de gestión son uno de los principales desafíos.

23 Octubre de 2026 11.23

En 2004, cuando Miqueas Thärigen empezó a organizar visitas guiadas en el Palacio Barolo, en el centro porteño, el edificio recibía pocos turistas. Los visitantes eran, en su mayoría, arquitectos interesados en la obra de Mario Palanti, el arquitecto italiano que diseñó el emblemático inmueble inaugurado en 1923. Dos décadas después, aquella iniciativa se convirtió en un negocio que integra recorridos históricos, experiencias turísticas y gastronomía, y que sus impulsores ahora quieren llevar a otros edificios históricos de Buenos Aires.

Detrás del proyecto están Miqueas y Tomás Thärigen, dos hermanos nacidos en Buenos Aires y criados en Mar del Plata, cuya relación con el palacio se remonta a varias generaciones atrás. Su bisabuelo había alquilado una oficina en el edificio en la década de 1920 y, con el tiempo, también trabajaron allí su abuela, su madre y un tío.

La historia empresarial comenzó casi por casualidad. Miqueas se mudó a Buenos Aires para estudiar medicina y empezó a trabajar como cadete en la administración del palacio para sostener sus estudios. Al observar que el edificio tenía una historia mucho más rica que la que conocían sus visitantes, decidió investigar y desarrollar una historia para ofrecer recorridos guiados.

Palacio Barolo - Ramon Alfano
El Palacio Barolo es uno de los edificios más icónicos de la Ciudad - (Gentileza Ramon Alfano)

El proyecto tomó como punto de partida una investigación del arquitecto Carlos Hilger, que vinculaba la estructura del edificio con las alegorías de la Divina Comedia, de Dante Alighieri. La idea era ir más allá de la vista panorámica de la ciudad y convertir la visita en una experiencia alrededor de la historia del arquitecto y del empresario Luis Barolo, impulsor de la construcción.

Al comienzo, Miqueas guiaba los recorridos los lunes y jueves, en los horarios que le permitía la facultad. Mientras tanto, Tomás, que estudiaba sistemas en Mar del Plata, diseñaba los volantes y desarrollaba la primera página web del proyecto.

"El crecimiento llegó con el boca en boca y las recomendaciones en guías internacionales de viaje. Con el tiempo fuimos potencializando la propuesta y ampliando la experiencia, hasta convertirla en una actividad turística consolidada dentro de uno de los edificios más reconocibles de Buenos Aires", contó Tomás Thärigen, en una entrevista exclusiva con Forbes desde el rooftop del Palacio Barolo.

Del recorrido histórico a un negocio

El salto no consistió solamente en atraer más visitantes, sino en desarrollar nuevas fuentes de ingresos alrededor del patrimonio arquitectónico.

Entre 2010 y 2015, los hermanos trabajaron desde la oficina que había pertenecido a su bisabuelo. Luego alquilaron otra en el séptimo piso y la transformaron en una oficina museo, ambientada como un espacio de trabajo de la década de 1920, con tinteros, secatintas y libros copiadores.

Palacio Barolo - Maximiliano Buono
El Palacio Barolo iluminado - (Gentileza Maximiliano Buono)

"Incorporamos degustaciones de vino, una manera de extender el tiempo de permanencia de los turistas y sumar contenido a la visita. Buscamos generar experiencias", resaltó Miqueas Thärigen sobre los primeros pasos.

La siguiente apuesta fue gastronómica. En 2015 surgió la oportunidad de comprar un espacio en el piso 16 que anteriormente había tenido distintos usos comerciales. Los hermanos tomaron posesión en 2017 y, tras dos años de trabajo, inauguraron en 2019 el bar Salón 1923.

El nombre surgió de una investigación en los planos históricos del edificio: allí descubrieron que el propio Palanti había denominado a ese espacio "Salón Restaurant". "Lo cierto es que, 100 años después resignificamos un espacio que el mismo Palanti había ideado", explicaron los hermanos.  Como si fuera poco, la apertura coincidió con el centenario del proyecto arquitectónico, concebido en 1919, y quedó vinculada con el año de inauguración del edificio, 1923.

La ambientación sigue la estética de la época, con una propuesta que busca prolongar la experiencia del visitante más allá de la visita guiada. Los camareros utilizan tiradores y sombreros, en línea con la identidad que los hermanos construyeron alrededor de su marca turística, Los Sombreros Tours.

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Desde el rooftop se puede ver una vista panorámica de la Ciudad (Gentileza Palacio Barolo)

El negocio detrás del Palacio Barolo

El crecimiento se refleja en el volumen de visitantes y en la diversificación de la actividad. De los entre 100 y 300 turistas mensuales que recibían al comienzo, pasaron a un promedio de alrededor de 4.000 por mes, con variaciones estacionales que van de 3.000 a 4.500 personas.

Los recorridos guiados tienen precios que oscilan entre $39.000 y $59.000, según la modalidad, con descuentos para argentinos, estudiantes y opciones combinadas.Por su parte,Salón 1923, por su parte, recibe aproximadamente otras 4.000 personas por mes y registra un ticket promedio de $20.000 por visitante.

La operación genera empleo para unas 15 personas en el bar y otras 15 en las visitas guiadas. "Si se suman los colaboradores freelance y los servicios externos, la actividad alcanza alrededor de 45 personas vinculadas al negocio", contó Tomás.

El turismo también contribuyó a cambiar la percepción de algunos propietarios del edificio. Al principio, parte de los integrantes del consorcio se resistía a la presencia de visitantes en un inmueble con unas 250 unidades funcionales. Con el tiempo, según relataron los hermanos, la actividad empezó a ser vista como una forma de revalorizar el edificio y contribuir al financiamiento de su mantenimiento especializado.

Palacio Barolo - Barolo
Ubicado en la Av de Mayo a metros del Congreso Nacional- (Gentileza Palacio Barolo)

Ese punto resulta central para la posibilidad de replicar el modelo: en un inmueble histórico, el negocio no depende solamente de la demanda turística, sino también de la posibilidad de alcanzar acuerdos entre quienes administran o tienen derechos sobre el espacio.

El próximo paso: llevar el modelo a otros edificios 

Con la experiencia acumulada en el Palacio Barolo, los hermanos buscan trasladar su esquema de gestión a otros inmuebles emblemáticos de Buenos Aires. La idea es aprovechar el atractivo de edificios con historia propia y desarrollar propuestas que combinen recorridos, experiencias y, cuando las condiciones lo permiten, actividades complementarias.

No se trata simplemente de reproducir una visita guiada, sino de encontrar una manera de generar ingresos a partir del patrimonio, ampliar los usos de los espacios y contribuir a su conservación.

"Estamos evaluando otros edificios. Es complicado porque en general son muchos propietarios y cuesta que se ponga de acuerdo. Pero estamos negociando y evaluando hacer este mismo proyecto en otros lugares", explicó Tomás.  

En ese camino, intentaron avanzar con proyectos vinculados al Teatro Colón, el Club del Progreso y el Chalet de Muebles Díaz, sobre la avenida 9 de Julio. 

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