La apuesta de la familia Romero por el Wagyu argentino entra en una nueva etapa. Después de un cuarto de siglo desarrollando la raza y construyendo un negocio alrededor de su carne, el grupo abrirá la venta de reproductores con un remate en Río Cuarto. Detrás de la decisión hay una señal que sus responsables vienen observando: más criadores interesados en sumar genética japonesa a sus rodeos y participar del mercado de carne premium.
"Desde hace tiempo nos están pidiendo toros. Vendíamos carne, pero nunca habíamos comercializado reproductores. A partir de esa demanda y del volumen que alcanzamos, decidimos hacer el remate", explica Ignacio Corti Maderna (h), administrador de Madera Dura del Norte.
La cita será el 21 de octubre, a las 19, en la Sociedad Rural de Río Cuarto, Córdoba, en el marco de ArgenCarne. La oferta reunirá 50 toros y 20 vientres, entre animales Puros de Pedigree y de generación avanzada. El remate estará a cargo de la firma Alfredo S. Mondino y será televisado por Canal Rural. Según los organizadores, ya cuenta con más de un centenar de inscriptos del país y de la región.

Para los Romero, la convocatoria representa un paso adicional en una actividad que combina producción ganadera, selección genética y comercialización de carne. Su desarrollo tiene presencia en el centro-sur del país a través de Estancias y Cabaña Don Benjamín, y en Santiago del Estero mediante Madera Dura del Norte.
La oportunidad que describen los productores se apoya en un producto con una identidad reconocible dentro de la gastronomía de alta gama. El Wagyu se distingue por su marmoleo, la grasa intramuscular que influye en la terneza, la jugosidad y el sabor de la carne. Ese atributo es el centro de una propuesta que exige trabajar tanto sobre la genética como sobre la alimentación y el manejo de los animales.
En la Argentina, la empresa comercializa carne bajo la marca Kobe Beef Argentina y desarrolla tres canales de venta: el comercio electrónico directo al consumidor, restaurantes y hoteles seleccionados, y la exportación. Esa combinación le permite abastecer ocasiones de consumo diferentes y sostener un vínculo con el comprador final, además del negocio ganadero.
Los responsables del proyecto describen un crecimiento de la raza en distintas provincias. El interés por los reproductores es, en ese sentido, una señal de expansión desde el lado de la oferta: ganaderos que buscan incorporar Wagyu y desarrollar una producción orientada a un segmento de mayor valor.

"Tenemos mucha experiencia con esta raza en toda la cadena de valor, desde la producción hasta la comercialización", afirma Esteban Marín, responsable de los establecimientos de Don Benjamín S.A. Esa trayectoria incluye ventas de genética al exterior. "Ya hemos exportado embriones a España, Francia, Paraguay y otros países", agrega.
Según Marín, los primeros Wagyu nacidos en España se originaron en Santo Tomás de la Sierra, el establecimiento de la empresa ubicado en el partido bonaerense de Tornquist. El antecedente muestra que el negocio genético ya tenía recorrido internacional antes de esta apertura de la venta de reproductores.
El desarrollo también obtuvo reconocimientos, entre ellos el campeonato de la raza en la exposición ganadera de la Sociedad Rural Argentina y la distinción "Wagyu Champion of the World", otorgada por WagyuBreeder.net.
Ahora, el remate buscará transformar el interés de otros productores en operaciones concretas. Los organizadores destacan, además de la calidad de la carne, la adaptabilidad de la raza a distintas condiciones climáticas, su fertilidad y longevidad. Son características que, según explican, permiten pensar su incorporación en diferentes zonas del país.
Para el comprador, sin embargo, la decisión exige evaluar toda la cadena. La genética es el comienzo de un proceso que necesita alimentación, manejo y un canal comercial capaz de reconocer las características del producto final. El precio que se obtiene por la carne debe analizarse junto con el tiempo y los recursos necesarios para producirla.
La convocatoria de Río Cuarto también permitirá observar cuánto están dispuestos a pagar los ganaderos por esos reproductores. Hasta que se concrete la subasta, no habrá un resultado que permita medir el valor de los animales ofrecidos ni el volumen de negocios generado.
"El mercado se va a ir armando. Sabemos que es un producto único, de excelencia y muy demandado", sostiene Roberto Mondino, consignatario de la firma rematadora.
La apuesta local se inscribe en un mercado internacional que también tiene expectativas de expansión. Fortune Business Insights estima que el negocio mundial de carne Wagyu alcanzará los US$ 28.660 millones en 2026 y proyecta US$ 49.060 millones para 2034, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 6,95%. Se trata de una estimación de la consultora, que vincula la demanda con el interés por carnes premium y el desarrollo de los canales gastronómicos y digitales.
El escenario exportador sumó, además, una novedad reciente. El 30 de septiembre, el ministro de Economía, Luis Caputo, anunció un acuerdo con Japón para admitir carne argentina de zonas libres de aftosa con vacunación, según informó Reuters. El anuncio amplía el horizonte comercial del sector, aunque por sí mismo no confirma ventas de Wagyu argentino a ese destino ni operaciones de la empresa.
Por ahora, el próximo paso de los Romero está en Córdoba. La venta de 70 reproductores permitirá poner a prueba la demanda que vienen recibiendo y sumar criadores a una actividad que desarrollaron durante 25 años. Para la familia, la nueva etapa consiste en ampliar el negocio más allá de la carne que comercializa y abastecer de genética a quienes buscan producirla.