El plan de Good Show para duplicar su producción y exportar snacks “made in Argentina”
Florencia Radici Editora
Florencia Radici Editora
El mercado de los snacks en Argentina es uno de los más competitivos dentro del mundo del consumo masivo. Y, como sus principales jugadores destacan, uno de los que tienen más potencial de crecimiento. Según datos del mercado, en Argentina se consume alrededor de 1 kilo de snacks per cápita al año; en Brasil, es 1,6 kilos. Pero la mira está en mercados más desarrollados, como Chile (3 kilos), México (6 kilos) o Estados Unidos (10 kilos). En el mapa local, conviven un gran jugador internacional y diversas PyMEs locales. Entre ellas está Good Show, con 35 años de trayectoria (y una historia familiar que se remonta a casi cinco décadas en la industria). La empresa, liderada por José Luis Castro y su hijo Jonathan, se prepara para un salto de escala: una expansión que busca duplicar su producción actual mediante la integración tecnológica y el fortalecimiento de su presencia internacional.
La compañía, que hoy cuenta con una planta productiva de 4.000 m², acaba de incorporar otros 6.000 m² destinados a un nuevo centro logístico. El objetivo es ambicioso: pasar de una producción de 3.000 toneladas de producto final al año a un horizonte de entre 7.000 y 7.500 toneladas, apalancados en maquinaria de última generación y un modelo de gestión basado en la eficiencia.
La génesis de Good Show es un reflejo de la adaptabilidad emprendedora argentina. José Luis, técnico en electrónica, comenzó a los 22 años procesando el pan sobrante de las panaderías porteñas para venderlo rallado. “En ese momento estaba prohibido fabricar pan rallado en Capital Federal, así que vimos una oportunidad”, recuerda Castro. De vender 150.000 kilos de pan rallado por mes, el negocio mutó hacia los snacks, primero como distribuidor y luego como fabricante bajo otra marca, que mantuvo durante 12 años. Hace tres décadas, inspirado en la famosa frase de Tato Bores, nació Good Show.
Uno de los pilares que sostiene la competitividad de la marca es su integración vertical. Hace 17 años, la empresa comenzó a producir sus propias papas para garantizar la trazabilidad y calidad del insumo crítico. Actualmente, Good Show produce entre el 40% y 50% de la papa que utiliza, mientras que el resto proviene de productores contratados. “La calidad no se controla, se produce. Controlamos los procesos desde la siembra en el sudeste de la provincia de Buenos Aires hasta el empaquetado final”, explica Jonathan, responsable de marketing y representante de la nueva generación familiar. La rotación de suelos cada cinco años y el uso de equipos propios de labranza aseguran una materia prima que, según los directivos, permite a la Argentina competir “de igual a igual” con cualquier mercado del mundo.

En un contexto de costos crecientes en commodities (aceites, energía y logística), Good Show volcó su inversión hacia la tecnología 4.0. La planta integra automatización avanzada e IoT (por ejemplo, con sensores que monitorean temperaturas y procesos en tiempo real), IA y Big Data y gestión de eficiencia (con sistemas que comunican fallas técnicas vía Telegram a los equipos de mantenimiento, minimizando los tiempos de parada de máquina). “En épocas de alta inflación, las ineficiencias se tapaban. Hoy, el error se paga caro. La rentabilidad se gana puertas adentro, ajustando la eficiencia operativa”, señalan.
Jonathan, que siempre estuvo involucrado en el negocio familiar, estudió Marketing y se sumó formalmente hace unos años a la operación. El portafolio de la empresa ya suma 55 productos derivados de 21 variedades de sabores, incluyendo innovaciones disruptivas como las papas sabor “huevo frito”, un sabor que los Castro vieron que era tendencia en Europa. Así, además de las clásicas papas fritas, tienen papas fritas corte americano, papas pay, papas sin sal, batatas fritas, palitos, bocaditos de maíz con sabor a queso, pochoclos dulces, conos con sabor a queso y maní repelado, entre otros.
Aunque el 80% de su producción se vuelca a la marca propia, el 20% restante se destina a marcas blancas para grandes cadenas de supermercados como Carrefour, DIA y La Anónima. “El de snacks es un mercado muy dinámico. Hace 47 años, había 5 fábricas en el país. Hoy, son 90”, grafica José Luis, que cuenta que también están abriendo un nuevo centro de logística.

Para el cierre de 2026, la firma proyecta un crecimiento mínimo del 35%. Gran parte de este impulso vendrá de la exportación. En Uruguay y Paraguay ya tienen presencia activa, pero además están mirando a Chile y otros países de la región, un proceso de apertura encaminado gracias a la implementación de envases con atmósfera controlada, que extienden la vida útil del producto. “Está bien que haya apertura, porque la gente puede probar todo lo que hay en el mundo, y después elige. Ahí es donde tenemos que trabajar para competir mejor. En papas fritas, el campo y la calidad de los productos argentinos pueden competir con cualquier país del mundo”, aseguran.
Con un staff de 80 empleados directos, la visión de los Castro es seguir sumando herramientas tecnológicas. “Buscamos automatizar y robotizar todo lo que se pueda para ser competitivos. “Invertimos desde hace 47 años y vamos a seguir haciéndolo”, afirma José Luis. En paralelo, Good Show trabaja en el desarrollo de una nueva línea de snacks dulces y naturales (sin fritura), apuntando a un consumidor que busca productos menos procesados y con mayor aporte nutricional, pero manteniendo la gratificación del momento snack. “Las papas fritas no se van a dejar de consumir, no creo que pasen de moda. Todavía hay mucho espacio para crecer. Además, es un snack que solo tiene papa, aceite y sal. Es lo mismo que se puede hacer en casa, pero a nivel industrial”, concluyen.