Fernando Heredia Editor
La posibilidad de convertir a Vaca Muerta en un proveedor estructural de gas para Brasil suma un nuevo interrogante político. La continuidad de Lula da Silva al frente del gobierno brasileño, tras imponerse en la segunda vuelta electoral frente a Flávio Bolsonaro, introduce un factor de incertidumbre sobre la velocidad con la que puede avanzar la integración energética entre ambos países.
El proyecto tiene una lógica económica que excede las diferencias entre los dos gobiernos. Argentina necesita ampliar sus mercados de exportación para monetizar el crecimiento de la producción no convencional, mientras que Brasil busca conseguir gas a precios más competitivos para su industria. Sin embargo, la posibilidad de transformar esa complementariedad en negocios concretos dependerá también de cómo se organice el mercado brasileño.
"La discrepancia en el modelo ideológico entre Lula y Milei genera varias dificultades. El PT tiene un modelo donde Petrobras es el actor predominante absoluto de la cadena de hidrocarburos y trata de intervenir en todas las transacciones comerciales entre países. Mientras que en Argentina, son los privados los que tratan de avanzar hacia un esquema de mayores exportaciones de gas hacia Brasil", explicó a Forbes Argentina el consultor energético Álvaro Ríos Rocca.
La discusión no es menor porque se necesitan contratos en firme entre ambas partes para que se puedan financiar las obras de infraestructura requeridas y una serie de medidas que reduzcan los costos de transporte en toda la cadena.
"Está claro que con Bolsonaro se hubiera flexibilizado mucho más el mercado de gas, quitándole protagonismo a Petrobras, el transporte se hubiera abierto al sector privado y se hubiera dinamizado la comercialización. Esto puede demorar o hasta frenar la iniciativa para buscar algo más entre Estado a Estado", agregó el Director de Gas Energy Latin America.
El alcance de esa política puede ser determinante para los productores argentinos. Una mayor apertura permitiría multiplicar las contrapartes comerciales y desarrollar acuerdos directos con industrias, distribuidoras o generadores eléctricos brasileños. En cambio, si Petrobras conserva un papel dominante en las decisiones de compra y comercialización, el acceso al mercado podría depender de negociaciones más complejas.
El desafío político se suma a una agenda de inversiones que todavía necesita definiciones. En noviembre de 2024, Argentina y Brasil avanzaron en un esquema de trabajo bilateral para identificar las obras necesarias para incrementar las exportaciones argentinas y diversificar las fuentes de abastecimiento brasileñas.
Los estudios técnicos identificaron cuatro corredores principales: Bolivia, Uruguayana, Paraguay y Uruguay. Cada alternativa presenta distintos requerimientos de infraestructura, costos de transporte y plazos de ejecución.
La ruta boliviana aparece entre las opciones para avanzar en el corto plazo, dado que permitiría aprovechar parte de los gasoductos existentes y conectar el sistema argentino con el Gasbol brasileño. De hecho, ya se registran operaciones de exportación por esa vía durante el verano.
Para ganar escala, no obstante, necesitaría construir nuevas obras y por eso el hermano de Flavio Bolsonaro había anticipado un proyecto de un gasoducto que una Vaca Muerta con Brasil de manera directa.
"Para pasar de exportaciones interrumpibles como las de ahora a un flujo firme de 10 millones de m3 diarios, tenés que ampliar gasoductos con inversiones muy superiores a los US$ 3.000 millones. La mala relación entre gobiernos es un obstáculo a la hora de buscar fondos para esas obras, dado que se trata de una infraestructura binacional que requiere el trabajo conjunto. Milei fue el único presidente latinoamericano que no saludó a Lula. Es algo muy fuerte que va a terminar impactando", señaló el analista internacional Miguel Ponce.
La infraestructura es apenas una parte de la ecuación. La competitividad del gas argentino también dependerá del costo de producción, las tarifas de transporte, los impuestos y el precio que estén dispuestos a pagar los consumidores brasileños.
Según estimaciones de Aleph Energy difundidas previamente, el gas necesita un precio mínimo de alrededor de US$ 3,5 por millón de BTU para un proyecto de exportación regional. Alcanzar los principales polos industriales brasileños agrega costos logísticos que pueden erosionar ese margen.