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Jim Barksdale (Photo by Alain BUU/Gamma-Rapho via Getty Images)
Negocios
Jim Barksdale (Photo by Alain BUU/Gamma-Rapho via Getty Images)
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El "día cero" de Internet: de Netscape y la burbuja puntocom a la fiebre de Wall Street por la IA

Laura Mafud Editora

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A 31 años de la histórica salida a bolsa de Netscape, el ecosistema tech revive el frenesí inversor de los años 90. ¿Existen puntos de contacto entre la burbuja puntocom a la actual carrera por la Inteligencia Artificial generativa?

9 Agosto de 2026 15.30

El 9 de agosto de 1995, Netscape Communications —la compañía creadora de Netscape, el navegador que popularizó el acceso a la Web— realizó su salida a bolsa (IPO, por sus siglas en inglés) en el mercado NASDAQ, en lo que luego sería recordado como el punto de largada de la era comercial de Internet. Ese mismo día, murió el guitarrista Jerry Garcia, líder de la banda Grateful Dead. Se dice que en Wall Street circuló entonces un chiste que resume mejor que cualquier informe bursátil lo que pasó ese día: ¿Cuáles fueron las últimas palabras de Garcia? "Netscape abrió ¿a cuánto?", según recogió Internet History Podcast en un repaso sobre lo que ocurrió aquella jornada. La demanda de acciones fue tan grande que, en The Charles Schwab Corporation, quienes llamaban para operar eran atendidos por una locución grabada que los derivaba directamente a la operatoria de Netscape.

La compañía, fundada apenas 16 meses antes por el exprofesor de Stanford Jim Clark y el entonces veinteañero Marc Andreessen, salió a cotizar en el NASDAQ bajo el ticker NSCP. El precio de colocación, que originalmente se había fijado en US$ 14, se duplicó a último momento hasta los US$ 28 por la voracidad de la demanda. Cuando el mercado abrió a las 9.30 de la mañana, la acción de Netscape ni siquiera pudo empezar a operar de inmediato: el primer cruce recién se concretó cerca de las 11, a US$ 71, y el papel llegó a tocar un máximo de US$ 75 antes de cerrar la rueda en US$ 58,25.

James Barksdale, CEO de Netscape en 1996 (Photo by James Leynse/Corbis via Getty Images)
James Barksdale, CEO de Netscape en 1996 (Photo by James Leynse/Corbis via Getty Images)

Ese precio de cierre valuó a la compañía en unos US$ 3.000 millones, para una empresa que desde su fundación apenas había facturado US$ 17 millones y no mostraba ganancias. Aquella jornada, el Dow Jones cerraba en 4.671,49 puntos y el S&P 500 en 559,71 puntos, según datos recopilados por Benzinga. Para fin de 1995, la acción de Netscape ya cotizaba a US$ 174, de acuerdo con la misma fuente.

El nacimiento del venture capital moderno

Netscape nació el 4 de abril de 1994 como Mosaic Communications Corporation, de la mano de Clark —quien antes había fundado Silicon Graphics— y Andreessen, coautor del navegador Mosaic en el National Center for Supercomputing Applications de la Universidad de Illinois. Su primer producto masivo, Netscape Navigator, llegó a dominar el mercado de navegadores en sus primeros años, terreno que fue dominado luego por Yahoo! y finalmente por Google.

Ese recorrido llevó a Clark a integrar hoy el ranking de las personas más ricas del mundo que elabora Forbes: según el perfil en tiempo real de la publicación al 7 de agosto de 2026, su patrimonio asciende a US$ 8.300 millones, lo que lo ubica en el puesto 456° global. Clark multiplicó esa fortuna con inversiones tempranas en Apple, Facebook, Twitter y Palantir, además de su afición por la navegación a vela.

Netscape Headquarters (Photo by James Leynse/Corbis via Getty Images)
Netscape Headquarters (Photo by James Leynse/Corbis via Getty Images).

Andreessen, por su parte, fundó luego el fondo de venture capital Andreessen Horowitz, responsable de apuestas como Instagram, Oculus VR y GitHub, y hoy tiene un patrimonio de US$ 1.900 millones según Forbes, que lo ubica en el puesto 2.235° del ranking global. Forbes también destaca su etapa como inversor semilla de Facebook —su mayor golpe de efecto, según la publicación— y la cofundación de Loudcloud, luego renombrada Opsware, que Hewlett-Packard compró en 2007 por US$ 1.600 millones.

De las “eyeballs” a los tokens: el mismo libreto, ¿un final distinto?

A 31 años de aquel 9 de agosto, el paralelismo con el momento actual del ecosistema de negocios global resulta difícil de ignorar. En 1995, los inversores empezaron a valuar startups no por su flujo de caja sino por métricas como el tráfico web o la promesa de cuota de mercado futura. Hoy, las valuaciones de las startups de Inteligencia Artificial alcanzan múltiplos récord sobre sus ingresos recurrentes, sostenidas por la lógica de que el ganador de la carrera se quedará con todo el mercado.

También se repite el FOMO corporativo: así como la salida de Netscape obligó a Microsoft a girar su estrategia para no quedar afuera, hoy Nvidia, Microsoft, Alphabet, Meta y Amazon destinan grandes sumas de capital para no perder pie en la carrera algorítmica. Y, al igual que en los 90 el primer gran capital financió fibra óptica y servidores, hoy el grueso de la inversión va a infraestructura física —semiconductores, centros de datos— y a los modelos de lenguaje base, mientras el mercado todavía busca definir qué aplicaciones masivas terminarán monetizando esa inversión.

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Miembros originales del equipo de Netscape: Chris Houck, Aleks Totic, Marc Andreessen, Jon Mittelhauser, Jim Clark, Lou Montulli y Rob McCool. Crédito de la fotografía: Andy Freeberg; Departamento de Ciencias de la Computación de Illinois (Imagen generada con Gemini).

La diferencia sustancial está en los cimientos: a diferencia de las puntocom de fines de los 90, que quebraban sin haber facturado un dólar, las plataformas líderes de IA generativa ya muestran adopción y monetización enterprise a un ritmo inédito en el software B2B. Además, el desarrollo de la IA está financiado en gran medida por las tecnológicas más rentables de la historia, capaces de absorber costos operativos gigantescos sin poner en riesgo su solvencia, algo que no existía en 1995. Y la infraestructura sobre la que se despliega ya está construida, mientras que Netscape debió expandirse en un mundo donde la mayoría de la población mundial ni siquiera tenía acceso a Internet.

Ser pionero no garantiza ser el ganador

El propio destino de Netscape es la advertencia que atraviesa toda esta historia. Su navegador había llegado a controlar cerca del 80% del mercado en 1996, pero la integración de Internet Explorer directamente en Windows le permitió a Microsoft empezar a comerle esa cuota casi de inmediato. En 1999, ya en plena efervescencia de la burbuja punto-com y con su participación de mercado erosionada a cerca del 50%, Netscape fue adquirida por AOL en una operación valuada en US$ 10.000 millones, según datos de Benzinga. Como resume uno de sus ingenieros fundadores, Rob McCool, en el testimonio recogido por el Internet History Podcast, la compañía se pensó siempre a sí misma como una empresa de software tradicional, y esa rigidez —más que la propia Microsoft— terminó de sellar su suerte.

A tres décadas de aquel hito, el capital de riesgo global vuelve a acelerar a fondo detrás de una promesa de revolución inevitable. La historia sugiere que buena parte de las startups sobrevaluadas del presente no sobrevivirá cuando el entusiasmo ceda paso a la exigencia de retornos reales. Pero, tal como ocurrió tras el estallido de la burbuja en 2000 —de cuyas cenizas se consolidaron gigantes como Amazon o Google—, la Inteligencia Artificial ya parece haber superado el punto de no retorno: la transformación de la economía global no es una especulación, sino un proceso en marcha.

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