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Negocios

El boomerang social: por qué las empresas colaboran con los emprendedores de impacto

Lucila Lopardo Forbes Staff

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Desde la concepción de su negocio hasta el vínculo cliente-proveedor, las grandes firmas empiezan a buscar a emprendedores y empresas de impacto no solo por la retribución social, sino por su rebote en el negocio, el management y los colaboradores. Los proyectos y empresas que trabajan en la Argentina con esta mirada.

07 Mayo de 2021 10.00

En 2014, la argentina Cecilia Chapiro trabajaba como pasante dentro del ecosistema de empresas creado por el ganador del Premio Nobel de la Paz, Muhammad Yunus. Allí recibía mails de jóvenes de todo el mundo que querían resolver problemáticas o empezar su propio negocio. Y esa catarata virtual de consultas le hacía ruido: “Hay muchísima gente joven en países en desarrollo que está tratando de resolver problemáticas, pero cuando el conocimiento técnico, del negocio, no está, es muy difícil que ese proyecto termine siendo sustentable”, describe Chapiro.

En paralelo, se dio cuenta de que, dentro del sector privado, muchos colaboradores querían generar un impacto pero no encontraban la manera. Por esto, se le ocurrió armar un sistema de intercambio entre profesionales que puedan aportar su experiencia y emprendedores que reciban su mentoría para impulsar su negocio. Esta es la esencia de lo que hoy es Yunus & Youth, una organización que acelera el desarrollo de emprendimientos sociales al utilizar tecnología para eliminar barreras educativas entre países y generaciones, y lo hace gracias a la sinergia con el sector privado.

En la Argentina ya existen maestrías y especializaciones relacionadas con los negocios e inversiones de impacto. De hecho, en 2019, el último año prepandemia, Buenos Aires fue la sede de la Cumbre Anual del Impacto organizada por el Global Steering Group for Impact Investment (GSG). Para 2019, y según la Global Impact Investor Network (GIIN), el grupo de inversores de impacto más grande a nivel global, esta inversión representa US$ 502.000 millones en el mundo, de los cuales solo el 14% están dirigidos a América Latina y el Caribe.

Cecilia Chapiro, Yunus & Youth

Pero cuando Chapiro comenzó con Yunus & Youth en 2014, la palabra no figuraba en la agenda argentina, mucho menos abundaba en los titulares de negocios. En este contexto, y ya con la bendición de Yunus, Chapiro empezó a armar el programa de Fellowship para emprendedores sociales de Yunus & Youth que nació como un programa virtual y en inglés y que tuvo un fuerte impacto en continentes como África: “Por ejemplo, tuvimos empleados que salieron de su realidad del marketing en consumo masivo, para ayudar a un proyecto a ver cuál es la mejor manera de vender ladrillos de carbón en Kenia. Combinamos ambos mundos y esto alimenta la innovación y la creatividad de los mentores”, sostiene.

Entre 2020 y 2021, y con los efectos de la pandemia como disparador, el programa tuvo su primera edición en español y para Latinoamérica con el apoyo del Laboratorio de Aceleración del PNUD y de Google Argentina. En noviembre de 2020 se seleccionaron 18 emprendedores que junto a sus mentores trabajaron en un business plan para presentar en mayo de 2021 un pitch virtual ante posibles inversores y otros actores influyentes del ecosistema. “El programa de Yunus & Youth nos resultó interesante porque combina el desarrollo de liderazgo con la generación de impacto social”, destaca Soledad Escribano, Inbound SPLA Sales Manager en Google Argentina y una de las coordinadoras del equipo de voluntarios que gestionó la oportunidad de mentoría para otros 35 empleados de Google que están participando del programa 2020-2021. Entre otras formas de participación, Google alienta a sus empleados a hacer voluntariado, y es ahí que surge este grupo de mentores. Por otro lado, el programa de Yunus & Youth tenía como objetivo convocar a emprendedores sociales con iniciativas que resuelvan las problemáticas sociales que se generaron o bien se agudizaron por la pandemia, y convocar a mentores del sector corporativo para guiar a estos jóvenes emprendedores. En esta línea, el equipo de voluntarios de Google Argentina compartió el proyecto a los googlers de Latinoamérica, y sumaron así cinco oficinas a la iniciativa.

“Lo que destacan los voluntarios sobre la experiencia de ser mentores es que les parece una excelente manera de combinar su trabajo y expertise con un proyecto de impacto social, para así multiplicar el impacto de los emprendedores”, explica la ejecutiva. “Algo que sorprendió a los voluntarios es la asignación del emprendimiento que les tocó mentorear. Hubo un gran trabajo de equipo entre los coordinadores de Google y el equipo de Yunus & Youth para combinar las necesidades de los emprendedores con la experiencia de los mentores”, afirma Escribano.

El modelo de negocio de Yunus & Youth se basa en la sinergia y, además, en la oferta. Entre los proyectos seleccionados hay desde la creación de trajes médicos reutilizables (la mexicana Medu) hasta una firma que crea videojuegos para mejorar la educación (la argentina Hexar). “En 2021 buscamos continuar potenciando este impacto que vimos florecer uniendo a los emprendedores sociales con el knowhow de negocios y tecnología que tienen las grandes empresas que, en los últimos años, se desarrollaron mucho alrededor de esto y entendiendo que sus empleados necesitan de las oportunidades de generar un impacto societario, buscan integrarlo”, concluye Chapiro.

Del RSE al negocio

Ante la pregunta de si sirve potenciar emprendimientos sociales, Arbusta puede responder que sí. Y mucho. Arbusta nació en 2013 en Njambre, un hub de innovación de empresas sociales e impacto fundado por Federico Seineldin, Paula Cardenau y Emiliano Fazio para demostrar que existía otra forma de hacer negocios. “Es una empresa de servicios de tecnología. Dentro de todas las actividades y servicios que se dan en el ecosistema digital, nos enfocamos en data management, interacciones digitales, machine learning training, y testeo de software”, explica Juan Umaran, su CBO. Pero Arbusta también es una empresa en la que el 90% de sus 310 empleados son jóvenes de contextos vulnerables que encuentran en la firma su primer empleo formal en la industria del conocimiento y que proveen sus servicios desde Argentina, Colombia y Uruguay a clientes en la región, Estados Unidos y Europa. Para 2021, la empresa planea crecer un 60%, incorporar 100 más de las que ya son y alcanzar una facturación de US$ 5 millones.

Juan Umaran, CBO de Arbusta

“A quién le contábamos de Arbusta al principio y a quién le contamos hoy ha variado. Antes les contábamos a las áreas de RSE o Sustentabilidad, a los programas que tenían las grandes empresas. Hablábamos ahí. Con el tiempo fuimos cambiando, evolucionando el interlocutor para que sea uno de negocios, que tenga que ver con la actividad que hace cada uno de nuestros clientes, la parte más importante de su ecosistema digital”, señala Umaran, quien aclara que la relación cliente-proveedor y la estrategia de venta es exactamente la misma que en cualquier empresa. “La metodología de trabajo tiene que ver con generar confianza, y nadie en este mundo regala mucho de su presupuesto para contratar algo que no entienda o que no vaya a andar. No estamos en un mundo de abundancia, sino de restricciones y de límite presupuestario. Del otro lado te podés encontrar con personas que se sientan más atraídas por el modelo de Arbusta desde un punto de vista de impacto, pero no es nuestro argumento de venta principal”, aclara.

Umaran destaca que muchos de sus clientes, entre los que se destacan MercadoLibre, Macro y Navent, después de la experiencia y el trabajo se vuelven “recomendadores”: “Nos refieren a clientes, se genera un boca en boca y se hacen defensores del modelo”. En algunos casos, los clientes también llegaron a poner a disposición a colaboradores para que participen en talleres, seminarios y charlas, o bien le piden a Arbusta que vaya para contar el caso a modo motivacional. “Contamos que hay una empresa como Arbusta que tiene esta singularidad, que busca evolucionar al talento, que busca talento donde nadie va a buscar”, destaca Umaran, quien aclara que los colaboradores son jóvenes de entre 18 y 24 años, el 61% mujeres “que tienen un mindset que responde mucho a los problemas que necesitan resolver quienes diseñan productos digitales”. Y reflexiona: “El ecosistema entero de empresas, de proveedores, de aliados entienden mucho más que las soluciones a sus problemas pueden provenir de diferentes lugares y no de uno solo. El mundo se ha puesto complejo, y para resolver esa complejidad se necesitan varias formas de pensar, diferentes backgrounds”.

Otra que trabaja directamente con el negocio y fundamenta sus programas no solo en el impacto social sino también en el económico es Eidos, una organización que se dedica a diseñar experiencias para el aprendizaje de habilidades. Su fundador, el argentino de 33 años Agustín Batto, cuenta que Eidos nació de una inquietud de un grupo de alumnos de la Escuela Normal Superior en Lenguas Vivas -el “Lengüitas”. “Empezamos como un taller de debate, preguntándonos qué podíamos cambiar de la educación que recibíamos, el modelo, para que el aprendizaje sea activo”, relata Batto.

El taller pasó de ser una actividad no formal a una cocurricular con 50 alumnos. El programa fue reconocido a nivel internacional, y el equipo empezó a viajar por el mundo a competencias académicas y a recibir premios. Ya con cinco años de trayectoria, recibieron el llamado de la Universidad Di Tella para implementar la metodología con el sector privado. “Nos ofrecieron pagarnos el servicio y nos dimos cuenta de que podíamos generar un negocio por algo que hacíamos ad honorem”, explica Batto. Eidos empezó a escalar trabajando para el Gobierno de la Ciudad, el Gobierno nacional y programas privados. En 2018, presidió en Argentina el G20 de la juventud, y hasta hoy sus partners siguen siendo Unicef, OCDE, PNUD y Unesco.

Agustín Batto, fundador de Eidos

Batto explica que el “salto” en el modelo de negocio de Eidos fue en 2016: “Empezamos a acercar nuestra propuesta de valor con segmento de mercado, canales de comunicación, estrategias de pricing. El primer cliente fue Accenture, después vino Microsoft, y ahí se fueron sumando más empresas”, explica y aclara que, en promedio, la permanencia de los clientes es de un 60%. “Nos dimos cuenta de que para crecer sostenidamente teníamos que trabajar con el sector privado. Si el sector social no se piensa a sí mismo como un generador de valor se cae, y es un diálogo que tenemos con muchas otras organizaciones sociales que nos dicen 'yo no puedo generar valor'. Tenés que pensarlo desde el negocio, tenés que pensar cuál es tu valor agregado a esa situación”, asegura.

Actualmente, los dos programas más ambiciosos en los que está trabajando Eidos son las Tutorías Digitales con el Instituto Natura y la iniciativa Reskilling Latam, junto a Microsoft y a Trust for the Americas. El primero es el desarrollo de un programa de formación entre pares virtual y gratuito, en el que tutoras y tutores de América Latina lideran la transformación digital en sus comunidades.

El segundo nació de la iniciativa global de la firma de tecnología para llevar más habilidades digitales a 25 millones de personas en todo el mundo. En Latinoamérica, Eidos es el brazo ejecutor. “Está enfocado a personas que necesitan aprender nuevas habilidades o porque peligra su empleo o porque necesitan transformarse”, afirma. Para ejecutarlo, desde el equipo contactaron a gobiernos de toda la región para chequear si tenían un “set” de formadores que se encargaran de esta misma tarea y, de esta forma, se convirtieron en “formadores de formadores”. “Encontramos áreas de gobierno que tenían formadores que entrenaban a desempleados, a jóvenes o mismo a equipos de gobierno”, explica Batto. Hoy, el programa llega a 750.000 personas en toda la región. En este sentido, Batto explica que buscan a grandes empleadores del sector privado para ampliar el impacto en reskilling: “Vamos a armar un Demo Day para mayo, para que el sector privado vea cómo es el programa, la experiencia, y lo puedan aplicar”.

El trabajo de reskilling representa lo que para Batto es el modelo ideal de inversión de impacto. “Es esta triangulación entre Gobierno, organización e inversor, en la que este último pone el dinero, y la organización se encarga de la ejecución y de triangular con el Gobierno una retribución o retorno de la inversión en caso de que el programa salga bien”, describe y concluye: “Sentimos que el modelo va hacia ahí, el impacto social es responsabilidad de todos, y para el sector privado es importante ocuparse del sector social porque así va a crecer, va a haber más consumo, más trabajo, más desarrollo y más bienestar, y eso es positivo para su negocio”.

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