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Negocios

De hacer tortas por encargo a convertirse en influencer pastelera

Belén Fernández

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Bruna Cisilino estudió gastronomía, trabajó en el Hilton y recorrió el mundo antes de lanzar su propio emprendimiento. Hoy tiene dos locales, 16 empleadas, vende miles de tortas al año y suma cursos de cocina online mientras proyecta abrir nuevos puntos de venta.

18 Marzo de 2026 07.36

Antes de tener dos locales de pastelería y vender unas 6.000 tortas al año, Bruna Cisilino empezó con lo que tenía a mano: una heladera, un horno doméstico y un pequeño espacio en el garaje de la casa de sus padres.

Licenciada en Gastronomía, durante sus primeros años de profesión trabajó en relación de dependencia. Hizo pasantías, vivió en Australia y, al regresar al país, trabajó durante dos años en el área gastronómica del hotel Hilton. Viajó a España para continuar su formación y hasta se planteó emigrar. 

Pero en 2017 decidió cambiar de rumbo y optó por emprender. “Empecé en diciembre en la casa de mis papás -en donde vivía- vendiéndole tortas a amigos y conocidos. Todo era a pedido y el crecimiento fue muy de boca en boca”, recuerda.

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Bruna junto a su hija en uno de los locales

El proyecto se llamó Ophelia desde sus inicios y funcionaba desde una pequeña subcocina armada en el garaje de su casa. Con equipamiento mínimo y producción artesanal, las primeras ventas fueron construyendo una clientela fiel.

Ese mismo año llegó una oportunidad que cambiaría la escala del negocio. Una amiga que trabajaba en La Rural la contactó para presentarla como proveedora gastronómica. A partir de ese momento comenzó a invertir en equipamiento y a sumar nuevos clientes.

Del garage al primer local

Hacia fines de 2019 Cisilino ya buscaba abrir su primer local. La pandemia frenó esos planes, pero el proyecto no quedó archivado sino que tomó mayor impulso.

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Todo el equipo que trabaja en Ophleia está integrado por mujeres

En diciembre de 2020 inauguró su primer punto de venta en Núñez, un espacio de apenas 40 metros cuadrados con servicio de take away, café de especialidad y una propuesta de pastelería.

Para ponerlo en marcha invirtió US$ 27.000 y contrató a sus primeras tres empleadas. “El recupero fue rápido. Los dos primeros años fueron muy buenos porque el momento gastronómico y de la macro acompañó”, cuenta.

Hoy ese local factura alrededor de $ 25 millones por mes y una parte importante del negocio sigue siendo la venta de tortas enteras, cuyo ticket promedio ronda los $ 70.000. “Mucho se vende a través de la página de internet”, cuenta.

La expansión a zona norte

Con el negocio consolidado, en abril de 2022 comenzó a planificar un segundo local. El objetivo era sumar una tienda en zona norte el sitio que la había visto nacer como emprendedora.

Encontró un PH en San Isidro, frente al Hipódromo, que reunía las condiciones para transformarse en un espacio gastronómico. El proceso no fue simple: las aprobaciones de planos demoraron meses y la obra se extendió durante casi 10 meses.

Además, el aumento en los costos de construcción duplicó el presupuesto inicial. Aun así, el proyecto avanzó y en diciembre de 2025 abrió el segundo local de Ophelia.

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Las máquinas las compró Bruna y las trajo todas desde el exterior

La propuesta es más amplia que la del primer punto de venta: tiene salón con mesas, brunch, desayunos durante todo el día, sándwiches, pastelería y pedidos online para retirar. “Apuntamos a una facturación mensual de  $40 millones mensuales ”, contó Cisilino. 

Entre ambas tiendas, hoy Ophelia emplea a 16 personas, todas mujeres.

Las redes sociales también se convirtieron en un motor clave del crecimiento. Cisilino comenzó a mostrarse más en Instagram, compartiendo el detrás de escena de la cocina y las recetas de sus productos. Uno de los primeros videos se volvió viral y aceleró la visibilidad de Ofelia. “A la gente le gusta ver quién está detrás del producto”, explica.

Ese interés dio lugar a una nueva línea de negocio: packs de recetas y cursos online, donde comparte el paso a paso de sus preparaciones

La próxima etapa

Además de los locales, la emprendedora comenzó a desarrollar una pequeña línea de productos propios, como granola, cookies y pastas de frutos secos, elaboradas con maquinaria que fue incorporando en los últimos años.

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El local de San Isidro ofrece también una propuesta para almorzar

Los planes a futuro son infinitos: quiere potenciar el local de San Isidro como centro de producción para abastecer a otros cafés y restaurantes. De hecho ya comenzó a asociarse con comerciantes de la zona. “Ofrecemos también recetas para que reproduzcan en sus propias cocinas y la capacitación y seguimiento para lograr un producto de calidad", cuenta.

La expansión no se detiene ahí. Entre sus próximos pasos figuran abrir nuevos locales, profundizar el negocio de consultoría gastronómica y seguir desarrollando su plataforma de clases online.

“Siempre miro lo que se hace afuera y trato de adaptarlo. Pero la idea es mantener el espíritu artesanal del proyecto y no perder nuestra esencia que es lo que nos diferencia”, asegura.