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Forbes Argentina
Luis Caputo, ministro de Economía.
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¿Viento de frente? El peso es la moneda que más subió en el ranking mundial: cómo impacta en la actividad y las sirenas de "estanflación"

Virginia Porcella

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La apreciación cambiaria acelerada de los últimos dos meses combinada con la debilidad de la demanda interna con inflación persitente deja a Milei ante una nueva encrucijada

25 Febrero de 2026 07.31

Como es habitual para la Argentina no importa quién gobierne, la economía de Milei se encuentra en una encrucijada: la apreciación cambiaria acelerada de los últimos dos meses combinada con la debilidad de la demanda interna encienden las alertas por los riesgos a la competitividad mientras que la recuperación del poder adquisitivo y el crecimiento del empleo siguen siendo materias pendientes. ¿Hasta cuándo? La respuesta depende a quién se le pregunte. El economista de FIEL, Daniel Artana, admite que el escenario de apreciación es más fuerte que “el deseado, esto a pesar de que el Banco Central está comprando muchas más reservas de lo que había anunciado” pero confía en que a partir de abril el escenario comenzará a mejorar gradualmente hasta alcanzar un crecimiento de 3% este año.

“Hoy estamos en un escenario de estanflación pero es parte de las consecuencias o los costos de las turbulencias que tuvimos el año pasado, esos cuatro o cinco meses antes de las elecciones”, dijo. Colegas de Artana, en cambio, son más pesimistas. El ex ministro Domingo Cavallo, por caso, advirtió sobre el estancamiento de la economía mientras que desde la consultora de Miguel Kiguel  ponen el foco en los efectos colaterales que tiene el proceso de de reformas y estabilización macro.

La apreciación cambiaria es uno de los factores que más condiciona este panorama. El peso argentino lidera en lo que va del año el ranking mundial de monedas con una apreciación del 6,16% frente al dólar, superando incluso al real brasileño y al dólar australiano. Este fortalecimiento, que contribuye a contener la inflación, genera un efecto adverso sobre la competitividad de los sectores transables. La industria nacional, que venía de años de protección no sólo cambiaría, se encuentra ahora expuesta a una competencia externa más agresiva, con pocos amortiguadores que permitan una transición gradual.”Si bien el Banco Central podría haber intervenido para sostener el precio del dólar y acumular más reservas, la urgencia por domar la inflación ha llevado a planchar el dólar una vez más. Es crucial distinguir que un tipo de cambio bajo por flujo no necesariamente representa un equilibrio deseable para el desarrollo”, apuntaron desde Econviews. 

Pero lo cierto es que, a pesar de la baja del tipo de cambio real, las importaciones están bien lejos de un boom. Por el contrario, Los últimos datos de comercio exterior indican que encadenaron su cuarto mes de caída, explicada por el desarme de stock previo a las elecciones y el enfriamiento del consumo. De ahí que el superávit comercial, también gracias a un aumento de las exportaciones, anotó un récord para el primer mes del año con un saldo positivo de US$2.000 millones. Aun así, vale destacar que mientras las importaciones de bienes de capital e intermedios caen alrededor del 10% interanual -hasta el año pasado lideraron la suba de las compras al exterior- las de bienes de consumo y autos crecen con fuerza (15% y 59% respectivamente). Esta dinámica, explican, indica que la competencia externa se intensifica justo cuando el mercado interno aún no logra consolidarse. 

PESO
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El mercado laboral también acusa recibo de esta transición. En los últimos cinco meses se perdieron 71.000 empleos registrados y los salarios reales sufrieron nuevos retrocesos. La inflación más baja no ha sido suficiente para recomponer el poder adquisitivo. La caída del salario real retroalimenta la debilidad de la demanda interna, generando un círculo vicioso que impacta directamente en las empresas, que enfrentan menor competitividad externa y un mercado doméstico debilitado.

Por lo pronto. el Gobierno apuesta a que las reformas estructurales compensen estos efectos. La reforma laboral que se aprobaría el viernes flexibiliza las condiciones de contratación y reduce costos, pero su impacto será gradual, lo mismo que las reducciones impositivas, que chocan con la necesidad de mantener el equilibrio fiscal. El desafío para el sector privado es adaptarse a un entorno de cambios rápidos y sin amortiguadores.  

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