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Tras el fracaso de las negociaciones de paz en Paquistán, Donald Trump ordena el bloqueo naval del Estrecho de Ormuz

Juan Romero

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. La medida, tras el fracaso de las negociaciones en Pakistán, la Casa Blanca escala el conflicto y profundiza la crisis energética global y amenaza con disparar aún más los precios del petróleo y la gasolina.

12 Abril de 2026 16.30

Donald Trump anunció el domingo el inicio de un bloqueo naval de facto sobre el Estrecho de Ormuz, una de las arterias energéticas más sensibles del mundo, tras el fracaso de la última ronda de negociaciones con Irán en Pakistán. “A partir de ahora, la Armada de Estados Unidos, la mejor del mundo, comenzará el proceso de BLOQUEAR cualquier barco que intente entrar o salir del Estrecho de Ormuz”, escribió en su red social Truth Social, usando mayúsculas para enfatizar la decisión.

La medida no solo apunta a restringir el tránsito, sino también a desactivar el sistema de peajes que Irán ha impuesto para el paso de buques petroleros. Trump afirmó además que pidió a la Armada que “interdicte” cualquier embarcación que haya pagado un “toll” a Irán, lo que de facto somete a esas naves al riesgo de ser detenidas por la fuerza militar estadounidense. “Nadie que pague un peaje ilegal tendrá paso seguro por los mares de alto riesgo”, completó.

El anuncio llega en medio de un punto muerto en las negociaciones para convertir un tregua de dos semanas en un acuerdo de paz más estable. Irán insiste en mantener el control del estrecho y su capacidad de cobrar peajes para el tránsito de petróleo y gas, mientras Washington exige que el paso se realice sin restricciones ni cargos adicionales. Ese choque de demandas se ha convertido en el principal obstáculo para cerrar un entendimiento duradero.

Un cuello de botella global

El Estrecho de Ormuz es tetra vital para el sistema energético mundial: por esta vía, que conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico, fluían antes de la guerra hasta un tercio del petróleo exportado por mar y cantidades similares de gas natural licuado. Su cierre casi total ha generado un cuello de botella que ha tensionado el mercado global y empujado a los precios del crudo y la gasolina a niveles que ya están impactando la inflación en países como Estados Unidos.

Según datos recientes, la inflación al consumidor en Estados Unidos subió hasta el 3,3 por ciento en marzo, la tasa más alta en aproximadamente dos años, impulsada en gran parte por el aumento del precio de la gasolina. La escasez de suministros y la reconfiguración de rutas de transporte han trasladado el costo directamente a la bolsa de compras domésticas, complicando aún más el escenario macroeconómico en plena recuperación pospandémica.

El seguimiento de los tránsitos por el estrecho realiza un trabajo revelador: mientras que el domingo anterior al inicio de la guerra se registraron 172 movimientos en una sola jornada, el fin de semana pasado se contabilizaron solo 18 barcos entrando al Golfo y otros 18 saliendo de él. La merma de actividad es un reflejo directo de cuán restringido está el acceso a este pasillo estratégico.

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El posteo de Donald Trump anunciando el bloqueo del Estrecho de Ormuz.

Tensión entre Washington y Pekín

La decisión de Trump de imponer un bloqueo unilateral no solo acentúa la confrontación con Irán, sino que también pone en jaque la relación con China, uno de los mayores compradores de petróleo iraní. Pekín ya ha advertido que cualquier medida que limite su acceso a suministros energéticos será considerada una provocación directa, y podría reaccionar reforzando su presencia naval en el Indo­Pacífico o impulsando protestas diplomáticas en foros multilaterales.

El presidente estadounidense llegó a esta decisión tras semanas de frustración por la falta de apoyo de aliados para conformar una coalición multinacional que custodie los buques en tránsito por Ormuz. Trump criticó duramente a la OTAN en las últimas semanas, acusándola de falta de compromiso militar, y aseguró el domingo en una entrevista con Fox News que “la OTAN quiere venir, quiere ayudar con el estrecho” y que “el Reino Unido y algunos otros países están enviando dragaminas”.

Sin embargo, fuentes cercanas al gobierno británico dejaron en claro que Londres no participará en un bloqueo naval, sino que solo desplegará capacidades de desminado para intentar restablecer la navegación segura. El matiz es clave: mientras Estados Unidos amenaza con interdicción y detención de barcos, el Reino Unido se limita —al menos por ahora— a tareas de limpieza de minas y apoyo técnico.

Minas, buques y desconfianza

Antes del anuncio presidencial, el Pentágono ya había puesto en marcha una operación de remoción de minas en el estrecho. El Comando Central de Estados Unidos (Centcom) informó que dos buques de guerra de la Armada estadounidense cruzaron el Estrecho de Ormuz por primera vez desde finales de febrero, fecha de inicio formal de la guerra, como parte de una misión para despejar artefactos explosivos colocados por Irán.

La fuerza militar agregó que, en los próximos días, se incorporarían más efectivos, incluidos drones subacuáticos, para acelerar la tarea. Sin precisar detalles, Centcom insistió en que la operación forma parte de un esfuerzo coordinado para “garantizar la libre navegación” por el pasillo.

Irán, en cambio, negó de plano que esos buques hayan transitado el estrecho. Fuentes oficiales en Teherán reiteraron que no permitirán la “violación” de su espacio marítimo y advirtieron que cualquier intento de forzar la apertura unilateral será considerado un acto de agresión.

Impacto en el mercado energético

En el plano comercial, el bloqueo anunciado por Trump profundiza la incertidumbre sobre la posible reanudación de flujos por el estrecho. Los mercados ya operan con un premio de riesgo elevado por el temor a la prolongación de la guerra y al aumento de la piratería o los ataques a embarcaciones. Los precios de referencia como el Brent se mantienen en niveles considerablemente por encima de los máximos de hace apenas unos meses, lo que presiona tanto a productores como a refinerías.

Los grandes importadores de petróleo, desde China hasta India y la Unión Europea, están reevaluando sus portafolios de suministro y diversificando rutas. Algunos están redirigiendo cargamentos hacia terminales en el lado asiático del océano Índico o aumentando el uso de líneas de gasoductos y terminales de GNL, pero esas alternativas no compensan la capacidad de Ormuz en un mediano plazo.

Para el consumidor común, el resultado es directo: la combinación de bloqueo naval, riesgo de ataques a buques y cuellos de botella en el transporte eleva el precio de la gasolina en la bomba. En Estados Unidos, el dato de inflación de marzo ya refleja ese canal de transmisión. Si el bloqueo se prolonga o se acompaña de nuevos incidentes en el Golfo, el efecto sobre la economía doméstica podría intensificarse, con impacto en el poder de compra y en la política monetaria.

En definitiva, el anuncio de Trump no es solo un gesto de fuerza militar, sino una apuesta de alto riesgo en un escenario donde la energía se ha convertido en arma de confrontación. El Estrecho de Ormuz sigue siendo el punto de mayor tensión geoeconómica del mundo; cada día que pasa sin un acuerdo estable agrava la crisis energética global y deja a millones de consumidores pagando el costo de una guerra invisible en el mar.

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