Política monetaria más laxa: cómo reaccionará el dólar y la inflación a partir de mañana
La estabilización de la tasa overnight en torno al 19%-20%, muy por debajo del 40% previo, junto con la reducción de encajes, apunta a un esquema de tasas reales negativas.

La reciente decisión del Banco Central de la República Argentina (BCRA) de reducir los encajes bancarios a partir de abril inició un nuevo capítulo en la estrategia económica del Gobierno que obligó al mercado a preguntarse cómo reaccionará el tipo de cambio.

El Directorio del organismo resolvió no renovar la normativa que había fijado un aumento transitorio de 5 puntos porcentuales en los encajes integrables con bonos. Esa disposición, implementada en agosto y prorrogada en noviembre, tenía vigencia hasta el 31 de marzo.

La autoridad monetaria encabezada por Santiago Bausili optó por dejarla sin efecto, lo que implica desarmar una medida que había llevado los encajes a su nivel más elevado en las últimas tres décadas.

La estrategia implica liberar fondos que los bancos tenían inmovilizados, lo que aumenta la cantidad de pesos disponibles en la economía. En términos simples, más liquidez puede traducirse en mayor demanda de bienes, servicios y también de dólares, lo que suele generar presión sobre el tipo de cambio.

Para Leonardo Anzalone, director del Centro de Estudios Políticos y Económicos (CEPEC), el Gobierno comenzó a priorizar la recuperación de la actividad por sobre el endurecimiento monetario.

La estabilización de la tasa overnight en torno al 19%-20%, muy por debajo del 40% previo, junto con la reducción de encajes, apunta a un esquema de tasas reales negativas. Este contexto busca impulsar el crédito, pero introduce un delicado equilibrio.

“El desafío es sostener esta relajación sin generar presión cambiaria ni desanclaje inflacionario”, advirtió. “Mientras el flujo de dólares continúe, el esquema es viable. Sin ese flujo, el equilibrio se vuelve más frágil”, añadió.

@@FIGURE@@

Sin embargo, el impacto no es lineal ni inmediato. Pilar Tavella, directora de Investigación Macro y Estrategia en Balanz Capital, señaló que, en el corto plazo, no se espera un salto significativo del tipo de cambio por tres factores clave: todavía hay margen para relajar las condiciones monetarias, se aproxima la estacionalidad favorable de divisas del agro y el BCRA mantiene al dólar como un indicador central de estabilidad financiera.

“No obstante, hacia la segunda mitad del año, esperamos que el sesgo de política monetaria más laxa se profundice, lo cual podría implicar un tipo de cambio algo más depreciado que el actualmente implícito en los futuros de Rofex”, aclaró.

En esta línea, Gonzalo Lacunza, analista en Empiria Consultores, considera que la flexibilización es, por ahora, marginal: “No imaginamos grandes movimientos sobre el tipo de cambio real”.

“La baja de encajes que eran integrables con títulos del Tesoro son en realidad el vencimiento del plazo de una suba durante el proceso electoral. Además, en la última licitación, el Tesoro volvió a absorber pesos (a tasas de mercado y a mayor plazo), por lo que diría que todavía no hay señales claras de que el Gobierno haya virado en su orden de preferencias”, mencionó el ejecutivo.

De esta manera, se espera que, a corto plazo, el dólar oficial continúe oscilando en el rango de los $1.400 por unidad, aún lejos del techo de la banda cambiaria que supera los $1.600. Por su parte, los dólares MEP y CCL seguirían estando por debajo de los $1.500.

“El balance del primer trimestre de 2026 arroja una calma cambiaria inédita y un Banco Central robustecido tras acumular compras por más de US$ 4.000 millones. Mientras el dólar perdió protagonismo en la agenda, el sistema bancario respira gracias a una compresión de tasas que alivió la morosidad y un notable salto en los depósitos en pesos, que crecieron un 3,7% superando a la inflación”, relató Ignacio Morales, director de Inversiones en Wise Capital.