El Banco Central sumó una nueva jornada positiva en el mercado cambiario al comprar USD 43 millones, y con ello completó una racha inédita de 100 días consecutivos de intervención compradora. El acumulado en ese período asciende a USD 9.950 millones, cifra que le permitió cumplir de manera anticipada la meta de acumulación de reservas pactada con el Fondo Monetario Internacional. Las reservas brutas cerraron en USD 48.368 millones, el nivel más alto desde 2019, consolidando un frente clave de estabilidad en la política económica.
El BRCRA hizo aprovechamiento de una oferta creciente de dólares vinculada a la liquidación de la cosecha agrícola y a la recuperación de exportaciones energéticas. El resultado fue un saldo positivo que permitió recomponer reservas y enviar una señal de confianza al mercado.
El cumplimiento de la meta con el FMI constituye un hito político y económico. El acuerdo establecía un nivel mínimo de acumulación de USD 3.400 millones netos para junio, condición indispensable para destrabar desembolsos y sostener el programa financiero. El Banco Central no solo alcanzó ese objetivo, sino que lo hizo con anticipación, lo que refuerza la narrativa oficial de disciplina y orden en la política monetaria. Para el ministro de Economía, Luis Caputo, se trata de una prueba de que el plan de estabilización está dando resultados concretos.
Sin embargo, la racha de compras no está exenta de interrogantes. Analistas advierten que buena parte del flujo de divisas responde a factores estacionales, como la liquidación de la soja, y que la sostenibilidad del proceso dependerá de la capacidad de mantener superávit comercial en los próximos meses. En ese sentido, el desafío será transformar la acumulación coyuntural en un colchón duradero que respalde la política cambiaria.
El impacto sobre la economía real también merece atención. La estabilidad cambiaria contribuyó a moderar expectativas de inflación y a sostener la baja en las tasas de interés. Esto, a su vez, generó un alivio en el costo del crédito y en la dinámica de precios, aunque todavía persisten tensiones en rubros sensibles como alimentos y servicios. El Gobierno apuesta a que la combinación de reservas fortalecidas y disciplina fiscal permita consolidar un sendero de confianza que se traduzca en mayor inversión y crecimiento.
Los mercados reaccionaron con cautela pero en tono positivo. El riesgo país se redujo levemente y los bonos en dólares mostraron una recuperación moderada. El tipo de cambio paralelo, por su parte, se mantuvo estable. En la City, la lectura predominante es que el Banco Central ganó tiempo y margen de maniobra, aunque la verdadera prueba será sostener la tendencia más allá de la temporada alta de exportaciones.
En el plano político, el Gobierno capitaliza el logro como un símbolo de gestión eficiente. La narrativa de los “100 días de compras” se instala como un argumento de credibilidad frente a la sociedad y a los organismos internacionales. El cumplimiento de la meta con el FMI refuerza la posición negociadora de la Argentina y abre la puerta a discutir condiciones más favorables en futuros desembolsos.

En definitiva, la racha de los 100 días marca un punto de inflexión en la política cambiaria. El Banco Central logró acumular reservas, estabilizar el mercado y cumplir con compromisos internacionales. El desafío ahora será sostener esa dinámica en un escenario menos favorable y convertir la estabilidad coyuntural en un proceso estructural. La economía argentina, acostumbrada a convivir con la escasez de dólares, enfrenta la oportunidad de consolidar un nuevo ciclo de previsibilidad. El tiempo dirá si la racha se convierte en tendencia o si queda como un episodio excepcional en la larga historia de la relación del país con su moneda y con el Fondo Monetario Internacional.