El Ministerio de Economía volvió a testear al mercado este viernes con una licitación clave, pero el verdadero foco no estará en el volumen a captar ni en la variedad de instrumentos, sino en una variable decisiva: la tasa de interés que deberá convalidar el nuevo Bonar 2028 (AO28) para atraer dólares en el mercado local.
En un contexto en el que el Tesoro necesita refinanciar compromisos por cerca de $8 billones y, al mismo tiempo, enfrentar fuertes vencimientos en moneda dura durante 2026, la estrategia oficial apunta a profundizar la captación de divisas dentro del país.
Sin acceso pleno al financiamiento internacional producto de un riesgo país que aún ronda los 600 puntos, el Gobierno se ve obligado a pagar un precio más alto por estirar plazos.
Ahí es donde entra en juego el AO28. A diferencia del Bonar 2027 (AO27), este nuevo título extiende los vencimientos hasta octubre de 2028, es decir, más allá del actual mandato presidencial. Este simple dato cambia completamente la lógica de valuación dado que el mercado ya no solo mide riesgo macroeconómico, sino también riesgo político.
Las referencias actuales son claras. “Los Bopreales al mismo vencimiento están rindiendo un 8%, aproximadamente. Así que creemos que el nuevo bono podría llegar a salir cercano a ese rendimiento. Lo que hay que entender acá es que el AO27 rinde 5,5% y el nuevo bono con vencimiento luego del mandato de Milei va a estar cercano al 8%. Esa diferencia de tasas es el miedo del mercado por un cambio político y una elección presidencial en el medio”, comentó Gastón Otaola, analista corporativo en Bull Market Brokers.
En ese contexto, las proyecciones para el AO28 se posicionan en un rango más elevado: entre 8% y 9,15%, con estimaciones centrales en torno al 8,40%-8,80%.
Este salto en la tasa responde a varios factores. En primer lugar, la mayor duration del bono, que incrementa la exposición a eventos futuros. En segundo lugar, el llamado “riesgo de reversión”, que implica la posibilidad de cambios en la política económica a partir de 2027.
“En términos simples, este riesgo se refiere a la posibilidad de que, tras un cambio de gobierno o de ciclo político, se modifiquen, parcial o totalmente, las políticas económicas actuales: desde el enfoque fiscal y monetario hasta la estrategia de normalización financiera y relación con los mercados”, mencionó Gustavo Araujo, jefe de Investigación de Criteria. @@FIGURE@@
Por otro lado, el aumento de la tasa también se vincula con la necesidad del Tesoro de ofrecer un rendimiento competitivo frente a otros instrumentos en dólares disponibles en el mercado local.
En este punto, la licitación funcionará como un verdadero proceso de “price discovery”, es decir que será el mercado el que termine definiendo cuánto vale hoy prestarle a la Argentina en dólares a un plazo que excede el ciclo político actual.
Además, hay un elemento técnico no menor. Siguiendo la curva de bonos hard dollar bajo ley local, el AO28 debería ubicarse con precios en la zona de USD 93,45 a USD 95, lo que implica justamente ese rango de tasas cercano al 9%. Esto también permitirá comparar de forma más precisa su rendimiento contra el AO27, ajustando por duration, y así aislar el componente puramente político en la tasa.
“Estimamos rendirá 8,9%, ubicándose entre el Bopreal 4B (8,5%) y el Bonar 2029 (9,3%) en precios de dólar local. Considerando el canje del 3%, el rendimiento para inversores extranjeros se ubicaría en 10,3% o más”, relataron desde Adcap Grupo Financiero.
El diseño del bono, por su parte, mantiene pagos periódicos de intereses, lo que lo convierte en un instrumento atractivo para perfiles que buscan renta en dólares en un contexto global donde las tasas siguen en niveles relativamente altos. Sin embargo, ese atractivo dependerá directamente del rendimiento final que convalide el Tesoro.
La estrategia de colocación también suma una capa adicional de análisis. El Gobierno optará por emitir en tramos pequeños (hasta US$ 150 millones por licitación, ampliables en otros US$ 100 millones) con el objetivo de no saturar el mercado y sostener la demanda. Esta lógica ya fue aplicada con el AO27, que mostró incluso episodios de sobredemanda, pero ahora enfrenta la prueba más exigente de validar tasas más altas sin perder apetito inversor.
En el fondo, lo que está en juego va más allá de una licitación puntual. La tasa del AO28 será una señal directa sobre la capacidad del Gobierno de construir una curva de deuda en dólares en el mercado doméstico. Si logra cerrar en niveles cercanos al 8%, implicará una validación fuerte de su estrategia. Si, en cambio, debe acercarse al 9% o incluso superarlo, dejará en evidencia las limitaciones actuales y el costo creciente de extender plazos.
También tendrá impacto macro. Al captar dólares del sector privado, el Tesoro no solo financia sus vencimientos, sino que además contribuye a fortalecer reservas y reducir presiones cambiarias, evitando una mayor emisión monetaria.