Agosto terminó con señales mixtas para los mercados argentinos, en un escenario atravesado por cambios en las expectativas de los inversores y una mayor selectividad a la hora de posicionarse en activos locales.
Mientras algunos segmentos lograron sostenerse mejor que otros, el cierre del mes dejó como principal característica una mayor cautela frente al riesgo argentino.
Con septiembre en el horizonte, las próximas semanas serán clave para determinar si se trata de un movimiento transitorio o del comienzo de una nueva etapa para los activos financieros del país.
Las acciones muestran un sesgo bajista
El mercado accionario argentino concluyó el mes con un comportamiento dispar entre las principales acciones que integran el panel líder, motivo por el cual el índice Merval en pesos bajó un 8% hasta los 3.033.848 puntos.
La acción de Metrogas (METR) fue la de mejor rentabilidad durante agosto, con una suba mensual del 10,2%. Luego se ubicó Transener (TRAN), que acumuló una ganancia del 6,8% en agosto. El tercer puesto correspondió a Ternium Argentina (TXAR), con una suba mensual del 4,5%.
En el otro extremo, BBVA Argentina (BBAR) registró el peor comportamiento mensual entre las acciones mostradas, con un derrumbe del 18,6%.
El segundo puesto entre las mayores bajas fue compartido por Transportadora de Gas del Norte (TGNO4) y Aluar (ALUA), ambas con una caída del 12,7% durante agosto. Posteriormente, apareció Loma Negra (LOMA), con una pérdida mensual del 12,5%.
“El sector bancario fue uno de los más castigados, con caídas importantes superiores a 20% durante el mes, por lo que su comportamiento seguirá siendo una referencia para el Merval. Afuera, el tono de Wall Street y la evolución de las tasas también serán claves para ver el apetito por el riesgo de cara al comienzo de septiembre. Eso, sin dejar de lado la evolución que puede tener el conflicto en Medio Oriente y su impacto en el precio internacional del crudo”, comentaron desde Portfolio Personal Inversiones.
Los bonos impulsan al alza el riesgo país
Agosto también dejó un balance mayormente negativo para los bonos soberanos argentinos en dólares: ninguno registró una suba mensual positiva.
El AO27D encabezó el ranking de desempeño relativo durante agosto, con una variación mensual de 0%. En segundo lugar, se ubicó el GD29D, que acumuló una baja marginal de apenas 0,1% durante el mes. El tercer puesto correspondió al GD30D, con una caída mensual de 0,5%.
En el otro extremo, el AL41D fue el título con peor rendimiento al acumular una caída de 5,7% en agosto. En tanto, el segundo mayor retroceso correspondió al AE38D, que perdió 5,1% durante el mes. El AN29D completó el podio de las mayores bajas, con un retroceso mensual de 4,7%.
Por el débil retorno de la renta fija, el riesgo país elaborado por JP Morgan cerró agosto por encima de los 510 puntos.
“El riesgo país subió hasta 512 puntos básicos, y terminó operando con mayor beta que bonos emergentes, resaltando debilidades más bien idiosincráticas. Como contrapartida, los fundamentos de corto plazo mejoraron: las reservas brutas y netas alcanzaron máximos de la gestión Milei, el BCRA continúa comprando divisas, el superávit comercial acumulado a julio llegó a US$ 16.080 millones y el Estado todavía mantiene un superávit primario que alcanza más del 0,9% del PIB”, señalaron desde Proficio Investment.
El dólar se despierta
Asimismo, el mercado cambiario argentino atravesó agosto con una mayor presión sobre el dólar, especialmente durante la segunda mitad del mes, aunque el movimiento fue moderado frente a otros episodios de tensión cambiaria.
La principal referencia fue el dólar mayorista, que terminó de consolidarse por encima de los $1.500 tras crecer un 1,6%.
“El tipo de cambio mayorista finalmente quebró la zona de $1.500, ubicándose alrededor de $1.508, mientras que el CCL se mantuvo cerca de $1.600, con una brecha cercana al 6%. La dinámica sugiere que el Gobierno estaría tolerando un deslizamiento gradual del tipo de cambio antes que convalidar nuevamente niveles elevados de tasas reales”, relataron desde el Centro de Estudios Políticos y Económicos.
Para Emilio Botto, jefe de Estrategia e Inversiones en Mills Capital, el avance del tipo de cambio oficial responde a factores que se fueron acumulando durante los últimos meses. “El tipo de cambio oficial superó la barrera de los $1.500, un movimiento que refleja tanto la presión acumulada por la inflación como la necesidad de ajustar el atraso cambiario”, detalló.
El especialista considera que el movimiento representa un punto de inflexión, aunque todavía lejos de configurar un escenario de crisis cambiaria: “Aunque el salto no fue abrupto, el peso se deprecia en términos nominales y el mercado empieza a recalibrar expectativas hacia fin de año”.