El Gobierno decidió ampliar el margen para que los bancos presten dólares a empresas que generan sus ingresos en pesos. La apuesta oficial apunta a aumentar el crédito, reducir el costo del financiamiento y facilitar nuevas inversiones, en especial en sectores como la construcción y la industria automotriz, que hoy enfrentan tasas elevadas para financiarse en moneda local.
El cambio, que permitirá a las entidades destinar hasta el 15% de sus depósitos en dólares a este tipo de préstamos, abrió una discusión entre economistas y ex funcionarios sobre sus posibles efectos.
Mientras algunos consideran que puede ayudar a movilizar el ahorro, ampliar el financiamiento productivo y bajar las tasas, otros advierten que flexibilizar una regla que rigió durante más de dos décadas puede aumentar el descalce de monedas y sumar riesgos para el sistema financiero.
Guido Sandleris, ex presidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), en el último tramo de la gestión de Mauricio Macri cuestionó públicamente el cambio a pesar de su respaldo a buena parte de la política económica del Gobierno de Javier Milei. "He respaldado muchas de las medidas adoptadas por el equipo económico de Javier Milei durante estos últimos dos años y medio. Sin embargo, creo que la flexibilización de las normas para otorgar préstamos en dólares anunciada ayer es una mala idea", escribió Sandleris en X.
Para el economista, el problema no reside solamente en el volumen que los bancos podrán prestar bajo las nuevas condiciones. La modificación del artículo 23 del Decreto 905/02 autoriza a destinar hasta el 15% de los depósitos en dólares a compañías que no obtienen sus ingresos en esa moneda. Sandleris puso el foco sobre lo que puede significar ese cambio hacia adelante.

“El monto autorizado es limitado; el precedente que establece, no”, sostuvo. gumento parte de las normas que se establecieron después de la crisis de 2001, cuando el sistema bancario quedó dividido en dos segmentos prácticamente aislados entre sí, uno en pesos y otro en dólares. Bajo esas reglas, los depósitos en moneda estadounidense solo podían prestarse, en términos esenciales, a quienes también generaban dólares.
El objetivo era reducir el riesgo de que una fuerte depreciación del peso volviera impagables esos créditos y, como consecuencia, pusiera en peligro la capacidad de los bancos para devolver los depósitos en dólares.
“Esa regulación prudencial permitió que la Argentina atravesara todas las crisis cambiarias desde 2001 sin sufrir una crisis bancaria. No fue casualidad: fue el resultado de haber aprendido una lección muy costosa”, afirmó Sandleris.
El expresidente del BCRA también vinculó su crítica con las dificultades históricas del país para sostener reglas en el tiempo. A su juicio, debilitar una norma que funcionó durante más de dos décadas para ampliar el crédito frente a una necesidad de corto plazo implica asumir un riesgo que no se justifica por el beneficio inmediato.
“Históricamente, la Argentina tuvo enormes dificultades para construir reglas estables. Por eso, no parece una buena idea debilitar una de las pocas que funcionaron durante más de dos décadas con el objetivo de ampliar el crédito para responder a una necesidad de corto plazo”, escribió. Cerró su hilo con una defensa de ese tipo de límites al sistema financiero. "Las regulaciones financieras prudenciales suelen implicar costos en el corto plazo, pero existen para proteger algo mucho más valioso: la estabilidad financiera".
La posición de Sandleris recibió el respaldo de Andrés Neumeyer, profesor de Economía de la Universidad Torcuato Di Tella y execonomista jefe del Banco Central durante la gestión de Federico Sturzenegger, quien reposteó el hilo y sumó sus propios cuestionamientos.
“Somos muchos los que pensamos que este relajamiento no es una buena idea. Relajar la política crediticia en las puertas de un año electoral mientras se discute la independencia del BCRA tampoco es una buena idea”, afirmó.
Neumeyer volvió después sobre el tema con una advertencia más extensa. “Alerta por el cambio regulatorio para los depósitos y créditos en dólares. Estamos avanzando por la pendiente resbaladiza de la flexibilización macroprudencial, una política que se mantuvo durante más de dos décadas”, escribió.

El economista relacionó además este tipo de decisiones con lo que definió como “populismo crediticio” y sostuvo que constituye una de las razones por las cuales resulta saludable contar con un Banco Central independiente.
Su principal preocupación pasa por el descalce de monedas. Si una empresa toma deuda en dólares pero genera sus ingresos en pesos, una depreciación real significativa puede deteriorar con fuerza su capacidad de repago. Neumeyer advirtió que flexibilizar esas restricciones para los bancos “genera riesgo sistémico”.
“Cuando se produce una depreciación real significativa, los depositantes en dólares terminan siendo rescatados con dinero de los contribuyentes o sus depósitos son convertidos forzosamente a pesos”, señaló.
Para Neumeyer, además, el límite inicial del 15% puede convertirse apenas en el primer paso de modificaciones posteriores. “El lobby bancario va a hacer que las restricciones iniciales sigan deslizándose por esa ‘pendiente resbaladiza’ hacia una mayor flexibilización regulatoria", afirmó.
Las críticas de Guido Sandleris y Andrés Neumeyer no quedaron sin respuesta. Dentro del mismo debate aparecieron economistas y referentes del sector financiero que consideran que la flexibilización puede ser útil y que, bajo determinadas restricciones, no necesariamente implica un riesgo para el sistema. Entre ellos se ubicaron Gabriel Martino, empresario, banquero y expresidente de HSBC, y Juan Manuel Telechea, director de T+1.
Martino eligió responder directamente sobre el hilo que había publicado Sandleris. Su planteo corrió la discusión hacia un problema más estructural de la economía argentina. Para el ex titular de HSBC, la cuestión de fondo no pasa solamente por si los bancos deberían prestar dólares a empresas que generan ingresos en pesos, sino por la incapacidad del país para construir una moneda confiable después de la crisis de 2001.
"Guido, el problema es más grave: Argentina, en los 25 años transcurridos desde la crisis de 2001, NO ha sido capaz de construir una moneda. Si lo hubiera hecho, tendríamos una curva de rendimientos en la que todos podrían cubrirse, como ocurre en México, Chile, Perú, Brasil, etc.", escribió Martino.

Su argumento apunta a que, con una moneda estable y un mercado financiero más desarrollado, empresas e inversores podrían contar con instrumentos para cubrirse frente a cambios en el tipo de cambio o en las tasas. Para Martino, la falta de esas herramientas después de 25 años obliga a discutir alternativas más profundas que la propia flexibilización de los créditos.
"Ante el fracaso de una generación, la pregunta, en mi opinión, es si vale la pena seguir intentándolo o si deberíamos avanzar hacia una convertibilidad o una dolarización", sostuvo. Finalizó su respuesta con una definición política sobre la discusión que, a su criterio, debería darse en la Argentina. "Ese debería ser el debate antes de que vuelvan quienes nos trajeron hasta este punto".
También se pronunció Juan Manuel Telechea, director de T+1, quien defendió la decisión oficial y rechazó que el cambio regulatorio deba interpretarse necesariamente como una medida riesgosa.
"La flexibilización del crédito en dólares propuesta por el Gobierno no está mal, ni tampoco es controvertido el ‘direccionamiento’ del FAL hacia deuda del Tesoro", escribió en X.
Telechea consideró que la medida puede tener efectos concretos aun cuando su alcance inicial sea acotado. Uno de ellos podría aparecer en las tasas que reciben quienes mantienen sus dólares dentro del sistema bancario. "No estoy tan seguro de que vaya a ser estéril; me parece que, como mínimo, podría funcionar en el margen. Además, debería ayudar a impulsar la tasa de los plazos fijos en dólares, que está por el piso", señaló.
El economista también relativizó uno de los principales cuestionamientos planteados por Sandleris y Neumeyer, el posible descalce de monedas entre los créditos otorgados en dólares y los ingresos en pesos de las empresas que los reciban. Según explicó, el esquema que prepara el Gobierno contempla límites que reducen ese riesgo.
"Quieren habilitarlo, pero con bastantes restricciones que no creo que puedan generar un problema de descalce", afirmó. Para Telechea, además, la medida puede cumplir otra función que va más allá del crédito a las empresas. El incentivo para que los dólares permanezcan depositados dentro del sistema financiero local puede ampliar los recursos disponibles para financiar la actividad, en lugar de que ese ahorro quede fuera de los bancos.
"La cuestión es que el Gobierno lo está haciendo para buscar una alternativa que impulse la actividad económica y, para mí, lo importante es que puede servir para que la compra de dólares permanezca dentro del sistema financiero local y lo expanda, en lugar de que esos dólares sean atesorados “en el colchón” o en el exterior", completó.