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Con tasas en pesos todavía altas, el campo se financia en dólares y usa cada vez más el canal digital

Virginia Porcella Editora

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Más del 80% de las operaciones se cierran en moneda dura. Sin embargo, en la medida que avance el calendario electoral, esa elección podría variar.

14 Agosto de 2026 07.31

En el marco de la estabilización de las variables macro, el financiamiento agropecuario se encuentra en plena transición hacia un modelo más digital, flexible y competitivo. El dólar se consolida como la moneda de referencia, mientras que las tasas en pesos, aunque en baja, siguen siendo un desafío para quienes buscan alternativas locales.

La combinación de líneas promocionales, plazos ajustados a la cosecha y garantías en granos y ganado está redefiniendo el mapa financiero del agro. En este escenario, la tecnología aparece como la palanca decisiva para que el crédito fluya mejor, más rápido y con condiciones que potencien la rentabilidad del productor.

De hecho, el crédito digital se consolidó como herramienta clave para productores y proveedores, con un crecimiento del 40% en operaciones respecto al mismo período del año anterior, de acuerdo al tercer informe de Nera, la plataforma de crédito para el sector. Ese financiamiento está claramente predeterminado por una predilección por el dólar, que ofrece tasas mucho más competitivas que en pesos

Durante el primer semestre de 2026, el 81% de las operaciones se pactaron en dólares, un salto de 30 puntos porcentuales respecto al mismo período de 2025. La cifra refleja no solo la preferencia histórica del productor por la moneda dura, sino también la consolidación de un esquema financiero que se adapta mejor a la lógica del negocio agropecuario.

Tasas en pesos y dólares

El informe destaca que las tasas de mercado bajaron más de 30% en dólares y pesos respecto a las condiciones de un año atrás. En el caso de la moneda dura, la tasa ponderada en Nera durante el primer semestre se ubicó en 1,8%, mientras que en pesos alcanzó el 34,6%.

La diferencia es abismal: mientras el financiamiento en dólares se mantiene en niveles históricamente bajos, el crédito en pesos, aunque más accesible que en 2025, todavía implica un costo financiero significativo. “Las tasas en pesos están todavía 11 puntos por encima de la inflación esperada para los próximos 12 meses, todavía tienen que seguir bajando pero, para el productor, es una decisión difícil de tomar de cara al próximo año”, afirmó Marcos Herbín, Ceo la plataforma.

 El dato más relevante, con todo, es que más de la mitad de los créditos se cerraron con líneas promocionales, muchas de ellas por debajo de las tasas de mercado. En dólares, incluso se registraron operaciones al 0%, gracias a campañas especiales de proveedores que utilizan el financiamiento como incentivo comercial.

Este esquema de tasas preferenciales explica en parte el auge del crédito embebido: el productor accede a condiciones más competitivas directamente en el momento de la compra de insumos o hacienda, reduciendo fricciones y optimizando su flujo de caja.

Las tasas del crédito al campo
Las tasas del crédito al campo

El 54% de los créditos otorgados se pactaron a 12 meses, en línea con la necesidad de calzar vencimientos con la cosecha. En diciembre, se observó un mayor uso de créditos a 270 días frente a los de 360, un comportamiento vinculado al crecimiento del maíz tardío: al extenderse los ciclos de producción, la cosecha se desplaza más allá de julio y requiere vencimientos más largos.

Este ajuste en los plazos muestra cómo el financiamiento se adapta cada vez más a la dinámica productiva, ofreciendo flexibilidad para acompañar la evolución de los cultivos.

Otro fenómeno destacado es el uso creciente de granos como garantía. Durante el semestre, se utilizaron más de 260.000 toneladas como respaldo de financiamiento, tanto de maíz como de soja y trigo.

El informe no se limita a registrar tendencias actuales, sino que proyecta el futuro del financiamiento agropecuario. Según Martina Donath, Directora de Producto en Nera, la próxima frontera está en la integración de crédito, datos e inteligencia artificial.

El crédito embebido en el flujo de compra-venta, el uso de activos físicos como respaldo y la hiperpersonalización de la oferta crediticia mediante algoritmos de IA son los tres pilares de esta transformación. “Estamos construyendo la capa de datos e inteligencia que hace falta para integrar el crédito en la última milla, conocer mejor al productor para optimizar sus perfiles de riesgo y así generar más oportunidades de crédito para todo el ecosistema”, señaló Donath.

 “En un escenario de márgenes ajustados, contar con este tipo de herramientas para tomar decisiones más eficientes puede marcar la diferencia en la rentabilidad del negocio”, agregó Herbin.

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