AstraZeneca y Bristol Myers Squibb: el megacuerdo de U$S 400.000 millones que podría redefinir el mapa farmacéutico global
La farmacéutica británica AstraZeneca, que hace apenas unas semanas presentó sólidos resultados financieros impulsados por ventas oncológicas por U$S 25.000 millones y U$S 12.000 millones en CVRM, negocia una posible fusión con la estadounidense Bristol Myers Squibb que daría lugar a un gigante farmacéutico de casi U$S 400.000 millones.

AstraZeneca, la segunda compañía cotizada más valiosa del Reino Unido y uno de los laboratorios más grandes del mundo, mantiene conversaciones con la compañía estadounidense Bristol Myers Squibb para una posible fusión que crearía uno de los mayores grupos farmacéuticos del mundo, con un valor combinado cercano a los U$S 400.000 millones, según adelantó el periódico inglés Financial Times y confirmada por la agencia de noticias Reuters.

Un posible gigante de casi U$S 400.000 millones

De acuerdo con personas familiarizadas con el asunto citadas por el FT, AstraZeneca ha estado explorando un acuerdo para “combinarse” con su rival estadounidense Bristol Myers Squibb (BMS) en los últimos meses. Las fuentes señalan que las conversaciones podrían derivar en un acuerdo en el corto plazo, aunque también advierten que la operación podría retrasarse o incluso caerse.

La magnitud de la fusión la colocaría entre las mayores de todos los tiempos: AstraZeneca tiene hoy una valuación de aproximadamente £196.000 millones, mientras que BMS ronda los U$S 133.000 millones de capitalización bursátil. La combinación se traduciría en un grupo farmacéutico con un valor corporativo cercano a los U$S 400.000 millones, con un portafolio de oncología, enfermedades raras y cardiovascular que competiría en la primera línea global del sector.

Ni AstraZeneca ni Bristol Myers Squibb han querido abrir el juego públicamente. AstraZeneca “declinó hacer comentarios”, mientras que BMS “no respondió de inmediato” a los pedidos de respuesta, tanto del FT como de Reuters, lo que refuerza que el proceso sigue en fase confidencial.

La estrategia de Pascal Soriot: más Estados Unidos, sin dejar Londres

Un acuerdo de esta escala sería, en la práctica, el movimiento más audaz en la gestión de Pascal Soriot (en la imagen principal), que lleva 14 años como director ejecutivo de AstraZeneca. En ese período, el precio de la acción de la compañía se multiplicó por más de cuatro veces, superando tanto al índice FTSE 100 como a su principal rival británico, GSK, y consolidando a AstraZeneca como la empresa de mayor valor del mercado londinense.

La posible fusión encaja con un giro estratégico que la farmacéutica ya viene ejecutando: el “pivot” hacia el mercado estadounidense. En 2025, los accionistas aprobaron por amplia mayoría (un 99,36% de los votos) una cotización directa en la Bolsa de Nueva York (NYSE), reemplazando los ADR que antes se negociaban en Nasdaq, pero manteniendo las listas en Londres y Estocolmo.

En febrero de 2026, AstraZeneca comenzó a operar sus acciones ordinarias en el NYSE bajo el ticker AZN, armonizando su estructura de cotización entre Londres, Nasdaq Estocolmo y Nueva York. Desde la propia compañía, Soriot definió el movimiento como una señal de que AstraZeneca es “muy americana” en su enfoque y que quiere “facilitar que los inversores estadounidenses accedan a nuestras acciones y se beneficien de nuestro crecimiento”, sin abandonar la plaza londinense.

Un posible acuerdo con BMS, con fuerte anclaje en Nueva York, profundizaría ese giro: desde la mirada de negocios, sería una jugada muy precisa para consolidar una nueva supercompañía global con centro de gravedad financiero y regulatorio en Estados Unidos, pero con un pie fuerte en Europa y presencia en mercados emergentes.

Un portafolio impulsado por oncología y enfermedades raras

La noticia llega en un momento de sólidos resultados operativos para AstraZeneca. Los resultados del segundo trimestre, publicados la semana previa, mostraron que la fuerte demanda de medicamentos contra el cáncer y enfermedades raras continúa siendo el principal motor de crecimiento.

En 2025, los tratamientos oncológicos del grupo generaron alrededor de U$S 25.000 millones en ventas, casi la mitad de los ingresos totales de la compañía. Por detrás se ubicó el segmento de cardiovascular, renal y metabólico (CVRM), con aproximadamente U$S 12.000 millones de facturación, consolidando una base diversificada en especialidades de alto valor agregado.

Desde la perspectiva estratégica, un acuerdo con BMS abriría la puerta a complementar ese portafolio con otros blockbusters de oncología e inmunología, reforzando la posición de la combinada en áreas donde el tamaño de la cartera, la escala de I+D y el acceso a datos clínicos son diferenciales competitivos críticos.

Un nuevo capítulo tras el “no” a Pfizer

Ante esta nueva posibilidad de que la compañía inglesa se convierta en un gigante global, vale recordar que hace doce años atrás, los ejecutivos de AstraZeneca -ya estaba Sir Pascal Soriot al mando- rechazaron un intento de adquisición por parte de Pfizer, su archirival estadounidense más grande y con mayor músculo financiero. En aquel momento, la negativa fue leída como una defensa de la independencia británica y de la capacidad de AstraZeneca para generar valor por sí misma.

Hoy el contexto es distinto. Con el precio de la acción multiplicado por más de cuatro, la estructura de cotización armonizada entre Londres, Estocolmo y Nueva York, y un pipeline reforzado en oncología y enfermedades raras -sus fortalezas en ventas y finanzas-, la compañía llega a la mesa de negociación en una posición de fuerza muy distinta a la de aquellos días en 2014.

Eso si, más allá del beneplácito de algunos analistas -la mayoría especula desde hace meses con grandes fusiones en el sector-, para inversores globales, incluidos los de América Latina, el potencial acuerdo abre varias preguntas clave:

¿Cómo se estructuraría una fusión de cerca de U$S 400.000 millones en un entorno de tasas altas y escrutinio regulatorio intenso sobre M&A farmacéutico?

¿Qué sinergias reales podrían capturarse en I+D, acceso a mercados y estructura comercial, y en qué plazo?

¿Cómo impactaría la operación en la competencia en segmentos críticos como oncología, inmunología y CVRM? y, no menos importante, ¿qué visión tendrán los políticos y los reguladores de EE.UU. y Europa sobre concentración de mercado?

Por ahora, la única certeza es que las conversaciones existen y que, en palabras de las fuentes consultadas por el medio financiero inglés, el acuerdo podría “materializarse pronto, pero también podría retrasarse o fracasar”

En un mercado acostumbrado a gigantes, un deal de U$S 400.000 millones tiene la escala suficiente para redefinir el tablero global de la industria farmacéutica y, de paso, reabrir el debate sobre dónde —y cómo— se construyen hoy los campeones del negocio de los medicamentos.

Cabe aclarar que se realizaron consultas en ambas compañías en el Reino Unido y en los Estados Unidos pero ninguna compañía hizo comentarios.