La industria de las criptomonedas sufrió un nuevo traspié regulatorio en Estados Unidos. La Ley de Claridad del Mercado de Activos Digitales, conocida como CLARITY Act, no consiguió los votos necesarios para avanzar en el Senado y dejó en suspenso la posibilidad de que el mayor mercado financiero del mundo establezca un marco federal para el sector.
La votación procesal terminó con 49 votos a favor y 50 en contra, lejos de los 60 apoyos necesarios. Aunque no se trataba de la aprobación definitiva de la ley, el resultado bloqueó su avance legislativo y redujo las probabilidades de que vuelva a ser tratada antes de las elecciones de mitad de mandato.

La reacción del mercado fue inmediata. Bitcoin cayó un 4,1% durante la tarde del martes y llegó a cotizar cerca de los US$75.000, su menor nivel en cinco jornadas. Ethereum perdió más del 5%, hasta los US$2.397, mientras que XRP se desplomó un 10,3%. Dogecoin retrocedió un 5,6% y Solana bajó más del 4%.
Las stablecoins y algunos de los principales activos por capitalización mostraron movimientos más acotados. Tether, USD Coin y Binance Coin registraron variaciones de apenas una fracción porcentual.
Una ley clave que queda trabada
La Ley CLARITY buscaba establecer qué organismo federal debía supervisar cada clase de activo digital. Bitcoin sería considerado una materia prima digital y quedaría bajo la órbita de la Comisión de Comercio de Futuros de Productos Básicos —CFTC—, mientras que determinados tokens utilizados por empresas para obtener financiamiento serían regulados por la Comisión de Bolsa y Valores —SEC—.
El proyecto también incorporaba normas para la emisión de stablecoins y permitía que tanto entidades financieras tradicionales como compañías especializadas pudieran ofrecerlas si cumplían con los requisitos establecidos.
Además, obligaba a las plataformas de compraventa de criptomonedas a separar los fondos de sus clientes de los recursos propios y a implementar controles contra la manipulación de precios y el uso de información privilegiada.
La iniciativa contaba con el respaldo de numerosas compañías del sector, que consideraban que una legislación federal podía aportar legitimidad, facilitar el ingreso de inversores institucionales y reducir la posibilidad de que la SEC definiera las reglas mediante demandas contra empresas particulares.
Sin embargo, los demócratas consideraron insuficientes algunos de sus controles. Una de las críticas estuvo relacionada con la posibilidad de que la ley dejara vacíos para fiscalizar los negocios vinculados con criptomonedas de Donald Trump y su familia, entre ellos World Liberty Financial, la stablecoin USD1 y la memecoin $TRUMP.

Según Polymarket, la probabilidad de que la Ley CLARITY entre en vigencia antes de fin de año cayó al 7%. Un día antes de la votación se ubicaba en el 18%.
La política electoral se impuso sobre la regulación
Para Julián Colombo, director de Bitso para Sudamérica, el resultado debe interpretarse dentro de la disputa política estadounidense y de un calendario electoral que ya había reducido las expectativas sobre la iniciativa.
"El resultado terminó quedando inmerso en la lógica de la discusión político-electoral estadounidense. Tal como anticipamos la semana pasada, el mercado ya no era optimista respecto a la aprobación de la Clarity Act este año. Los mercados de predicción y las estadísticas disponibles no le daban más del 20% de probabilidad de aprobarse", explicó.
Colombo destacó que la votación del 15 de septiembre fue procesal y no representó un rechazo definitivo del contenido de la ley. Sin embargo, su fracaso complica el calendario legislativo, especialmente ante la posibilidad de que el Congreso pase a tener un control dividido durante el próximo año.
En los días anteriores, la Casa Blanca había cedido en algunos puntos e incorporado una nueva cláusula de ética para intentar obtener el respaldo de senadores demócratas. Los cambios no fueron suficientes para alcanzar los 60 votos.

"Se trataba de un voto de procedimiento, no de la votación final, pero su fracaso complica sensiblemente el calendario legislativo. Con el Congreso encaminado a un control dividido el próximo año, no está claro cuándo podría retomarse el debate", sostuvo Colombo.
Una industria que continúa en una zona gris
El principal costo para el sector no es solamente la postergación de una ley, sino la continuidad de un esquema en el que las competencias de los reguladores y la clasificación de los activos no siempre están claramente delimitadas.
"Es una mala noticia para la industria, no porque esperáramos una ley perfecta, sino porque cada vez que el Congreso deja pasar la oportunidad de dar reglas claras, el mercado sigue operando en una zona gris que termina perjudicando más a los usuarios que a las empresas serias del sector", afirmó Pablo Casadio, cofundador de Bit2Me.
El ejecutivo también vinculó el resultado con el escenario electoral de Estados Unidos. "Lamentablemente, la politización del debate volvió a ganarle a la necesidad real del mercado. Con las elecciones de noviembre encima, es difícil pensar que haya voluntad para retomar esto pronto, y eso significa más meses de incertidumbre para un sector que necesita previsibilidad para seguir creciendo", agregó.

La falta de una ley federal no implica, sin embargo, que el desarrollo regulatorio vaya a detenerse. La SEC y la CFTC ya avanzan con normas y criterios propios, por lo que las empresas continuarán operando bajo el esquema vigente.
"Más allá de lo que ocurra en el Congreso, la SEC y la CFTC ya vienen avanzando por su cuenta con reglas propias, por lo que buena parte de la industria seguirá operando bajo el marco regulatorio actual independientemente del resultado legislativo. El estancamiento del proyecto no cambia esa dinámica de fondo", señaló Colombo.
El contraste con Europa y el impacto para la Argentina
El bloqueo estadounidense contrasta con el camino adoptado por la Unión Europea, donde el reglamento MiCA creó un marco común para los mercados de criptoactivos.
"El caso europeo muestra que cuando hay un marco como MiCA, aunque no sea perfecto, el mercado gana algo muy valioso: previsibilidad. Argentina ya viene dando pasos propios en ese sentido. Ojalá este traspié en el Senado norteamericano no frene el impulso en la región, ya que esa misma certidumbre es necesaria para que la industria pueda planificar a largo plazo", afirmó Casadio.

Para la Argentina, el efecto jurídico directo de la votación es limitado porque se trata de una legislación estadounidense. Su influencia podría aparecer de manera indirecta en las prácticas internacionales de cumplimiento, la clasificación de los activos y los criterios adoptados por compañías globales.
"Dependerá, en definitiva, de si el proyecto logra reactivarse y bajo qué versión final", explicó Colombo.
Bitcoin también espera la decisión de la Fed
El traspié legislativo llegó cuando Bitcoin ya enfrentaba un contexto financiero adverso. A la incertidumbre regulatoria se suman las dudas sobre la decisión de tasas que la Reserva Federal anunciará este miércoles.
Los mercados asignan una probabilidad de entre 86% y 87% a una suba de 25 puntos básicos de la tasa de referencia. De acuerdo con Alvin Kan, COO de Bitget Wallet, buena parte de ese escenario ya estaría incorporada en el precio de Bitcoin, que se mantiene en la zona media y alta de los US$70.000.
La principal señal de cautela proviene de los ETF de Bitcoin al contado en Estados Unidos. Estos instrumentos registraron salidas netas por aproximadamente US$463 millones durante la última semana, mientras el activo intenta sostenerse alrededor de los US$76.000.

"La posición de los inversores se ha vuelto más cautelosa. Los ETF de Bitcoin al contado en Estados Unidos registraron salidas netas de aproximadamente US$463 millones la semana pasada, mientras el precio continúa encontrando soporte cerca de los US$76.000. Esto sugiere que la demanda de inversión se ha debilitado, aunque todavía no se ha retirado por completo", sostuvo Kan.
Después de la decisión de la Fed, una de las variables principales será la reacción de los rendimientos de los bonos del Tesoro a dos años y de las tasas reales. Un comunicado más restrictivo, proyecciones de tasas superiores a las esperadas o una conferencia de prensa con señales de mayor endurecimiento podrían provocar otra corrección.
En sentido contrario, una decisión de mantener las tasas sin cambios o una indicación clara de que el aumento sería aislado podría reducir la presión sobre los activos de riesgo.
"La prueba clave después de la decisión será si los rendimientos vuelven a subir y si Bitcoin logra sostener ese nivel de soporte", resumió Kan.
El Banco de Japón, otro riesgo para la liquidez
Aunque la atención está concentrada en la Fed, el mercado también sigue las decisiones del Banco de Japón. Una suba de tasas hasta el 1,25% podría encarecer el financiamiento en yenes y reducir la liquidez de las operaciones de carry trade.
En esas estrategias, los inversores toman deuda en monedas con tasas bajas para colocar los fondos en activos con mayores retornos. Un aumento del costo del dinero en Japón puede provocar el cierre acelerado de posiciones y aumentar la presión sobre activos volátiles, incluidas las criptomonedas.

Según Kan, este canal puede trasladarse al mercado cripto con mayor rapidez que otras decisiones monetarias, incluso si el aumento esperado del Banco de Japón ya fue incorporado parcialmente por los inversores.
El escenario favorable dependerá de que cualquier endurecimiento monetario sea presentado como una respuesta condicionada a los datos y no como el inicio de una contracción global más amplia.
Bitcoin enfrenta así dos pruebas simultáneas. Por un lado, el fracaso de la Ley CLARITY posterga la posibilidad de contar con reglas federales más claras en Estados Unidos. Por otro, la Fed puede definir si las condiciones financieras globales agregan presión sobre un mercado que ya muestra menor demanda institucional.
La zona de los US$76.000 aparece como la primera referencia inmediata. Su capacidad para sostenerse dependerá no solo del futuro de la regulación estadounidense, sino también del rumbo de las tasas, los rendimientos reales y la liquidez global.