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Sr. Downtown: "Esos tipos son unos grandes", dice el dueño de Circa, Derek Steve
Millonarios

Quién es el empresario que pasó de vender tornillos a construir un imperio de casinos en Las Vegas

Will Yakowicz

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Con un estilo provocador, Derek Stevens se convirtió en el último gran jugador independiente de Las Vegas, dueño de tres casinos y protagonista de una movida que revitalizó el centro de la ciudad.

16 Enero de 2026 14.54

Casi a las seis de la tarde de un martes de fines de diciembre, unos 500 jugadores hacían fila en el casino Golden Gate, sobre la calle Fremont, en pleno centro de Las Vegas, para retirar un boleto y aprovechar un par de tragos gratis con Derek Stevens, el multimillonario dueño del lugar. Los mozos —como se les llama allí— bailan con bralettes, bombachas y botas go-go, y mueven las caderas al ritmo de "I Gotta Feeling" de los Black Eyed Peas, mientras dos clientes se le acercan para saludarlo con un apretón de manos.

“Cada casino necesita su propio atractivo, y a la gente le atrae la barra libre”, dice Stevens, de 58 años, quien compró esta propiedad —el hotel y casino más antiguo de Las Vegas— en 2006, y cinco años más tarde sumó The D, que está a pocos metros. Justo enfrente, sobre Fremont, está su joya más preciada: Circa, que abrió en 2020 tras una inversión de US$ 1.000 millones.

Prueba 4x5: portada de Derek Stevens por Ethan Pines para Forbes
Ethan Pines para Forbe.

Cada cupón para bebidas viene con un sobre dorado que, por lo general, incluye US$ 5 precargados en una tarjeta, aunque en algunos casos puede contener hasta US$ 1.000. El Golden Gate ofrece esta hora feliz todas las noches, los 7 días de la semana, y está claro que los jugadores terminan gastando más dinero en las tragamonedas de lo que el casino pierde con los tragos gratis. Un empleado le alcanza un micrófono a Stevens y la música se corta.

“Siempre pensé que no hay nada mejor en Las Vegas que tomarte un par de copas y quizás ganarte la lotería”, le dice al público. “Así empieza la noche. Y agradezco que quieran empezar la suya acá”, agrega.

Stevens, que lleva una camisa Oxford blanca bajo un traje azul y un reloj Richard Mille en la muñeca, representa a una especie en extinción en Las Vegas: la del magnate independiente de casinos. Con sus tres propiedades —que comparte con su hermano menor, Greg—, Stevens acumula una fortuna de US$ 1.200 millones, según estimaciones de Forbes. En una ciudad levantada por figuras como Jay Sarno, Kirk Kerkorian, Benny Binion y más tarde transformada por Steve Wynn y Sheldon Adelson, casi todos los grandes operadores actuales —de MGM a Caesars— vendieron sus terrenos y edificios a fondos inmobiliarios (REIT), mantuvieron la gestión y ahora pagan alquiler. Pero Stevens es dueño de todo, incluso del suelo donde están sus propiedades. Mientras los casinos del Strip sintieron con fuerza la caída del turismo internacional en el último año, el centro de Las Vegas tuvo un repunte gracias a los jugadores estadounidenses, que se volcaron a la zona por los hoteles más baratos, la posibilidad de moverse a pie por Fremont Street y el show que propone Circa.

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Dando un chapuzón: La piscina Stadium Swim de Circa es la más grande de Las Vegas. Se calienta a 37 °C en los meses más fríos y cuenta con una pantalla de televisión de 43 metros de altura para ver deportes. Circa.

Con 60 pisos, en la esquina de Fremont y Main Street, y una estética que recuerda a un crucero, Circa es el único casino de lujo en el centro de Las Vegas. El Fremont, de Boyd, es luminoso y tiene un aire nostálgico, pero también resulta deprimente: una casa de apuestas deportivas diminuta, tragamonedas viejas y una clientela todavía más envejecida. En el Golden Nugget, de Tilman Fertitta, uno podría cruzarse con una tía que bien podría haber decorado el lugar. Y después está Binion’s, el casino donde nacieron las Series Mundiales de Póker en 1970, y que da la impresión de no haber sido renovado desde entonces.

Pero Circa es otra cosa. Es una atracción en sí misma, y eso, al fin y al cabo, define a Las Vegas. Tiene la casa de apuestas deportivas más grande del mundo: tres pisos con butacas estilo cine, una pantalla capaz de mostrar 19 partidos al mismo tiempo con sus respectivas probabilidades, y en el exterior, el Stadium Swim, la pileta más grande de la ciudad, que se mantiene a 37° durante los meses más fríos y cuenta con una pantalla de 43 metros de alto. Hay quienes se acercan solo para conocerlo. Fiel a su estilo de showman, Stevens lo llama un "teatro acuático" y asegura que construyó "la mejor piscina de la historia del mundo".

Aunque los hoteles del Strip tuvieron un año difícil, Stevens acertó con Circa, un hotel solo para adultos que se convirtió en un imán para los clientes del centro de Las Vegas. Forbes estima que el resort genera más ingresos por apuestas que las tres propiedades de Boyd en Fremont combinadas: unos US$ 280 millones al año, lo que equivale al 35 % de todo lo que facturan los casinos del centro. Desde su apertura, en octubre de 2020, los ingresos por juegos de azar en la zona crecieron un 40 %. Si bien no todo ese aumento se explica únicamente por Circa, su impacto fue clave para que Fremont Street saliera del pozo en que había caído durante la pandemia.

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Estrategia ganadora: “Siempre he pensado que ser dueño de la tierra, ser dueño de tu propia tierra, era algo importante”, dice Stevens sobre la compra de las parcelas que ocupan Circa, The Golden Gate y The D.  The Golden Gate and The D.

Circa se volvió tan conocido que recibió a multimillonarios como Steve Cohen y al presidente Donald Trump, quien visitó el complejo poco después de asumir el cargo en enero de 2025. En 2023, un estafador se hizo pasar por él por teléfono y convenció a un empleado para que se encontraran en un estacionamiento con US$ 1,1 millones de la caja del casino. El plan funcionó, aunque el estafador fue arrestado. Stevens también tiene su costado polémico. En una ocasión, las autoridades de juego de Nevada le impusieron una multa de US$ 250.000 por haber entregado US$ 25.000 en fichas a dos jugadores en el Golden Gate y The D sin contar con la documentación requerida. (Él niega haber cometido alguna irregularidad).

“Stevens está haciendo muchas de las cosas que hicieron sus predecesores, y Circa las está haciendo a mayor escala”, dice Mike Green, profesor de historia en la UNLV. “Si pensás en cómo murió Adelson, en los problemas de Wynn, en Phil Ruffin, que tiene casinos importantes en el Strip pero no es precisamente un magnate, Stevens podría ser el último magnate”, sotiene.

Stevens no está de acuerdo. “Esos tipos son unos grandullones”, dice. “Yo solo soy un vendedor de cerveza al final de la barra”, expresa.

Stevens nació en Grosse Pointe, Michigan. Su padre era arquitecto y su madre, profesora de matemáticas. La familia había fundado, a comienzos del siglo XX, un negocio importante de sujetadores para la industria automotriz. En 1993, después de graduarse en la Universidad de Michigan, Stevens se convirtió en director ejecutivo de la empresa familiar, Cold Heading Co., que hoy también es dueña de otras compañías del rubro y cuenta con dos plantas de fabricación. Todavía ocupa ese cargo, aunque casi no habla del negocio.

“Seré lo más abierto posible: somos un par de tipos en un garaje”, dice.

Es una rareza escuchar tanta modestia en alguien tan fanfarrón como Stevens, sobre todo si se considera que Cold Heading es uno de los principales proveedores de tuercas y tornillos para la industria automotriz, y que generó tanto dinero como para permitirle a él y a su hermano comprar el Golden Gate y The D. Para Circa, financiaron su inversión de US$ 500 millones con las ganancias obtenidas en sus primeros dos casinos.

En mayo de 2006, Stevens buscaba trasladar su cartera de inversiones a un estado sin impuestos sobre la renta. Una tarde, él y sus amigos, en camiseta y con ojotas, llegaron a la calle Fremont y entraron al Golden Gate, que en ese momento era propiedad de Mark Brandenburg. Stevens usó un teléfono fijo y, como el asistente de Brandenburg no estaba, fue el propio dueño quien atendió. Stevens le dijo que quería invertir en un casino. Ya tenía una pequeña participación en el Rio y algunas deudas del Riviera, pero le explicó que su intención era operar uno. Charlaron en la oficina de Brandenburg y, tras un desembolso de US$ 7,5 millones, Stevens se quedó con el 50 % del Golden Gate.

Primer Tiro De Una Ruleta
 Derek Stevens se convirtió en el último gran jugador independiente de Las Vegas.

Para 2008, Stevens obtuvo la licencia de la Junta de Control de Juegos de Nevada y finalmente compró la parte restante de Brandenburg por unos US$ 10 millones. El año pasado, sumó el terreno bajo el hotel por otros US$ 19 millones.

“Siempre pensé que ser dueño del terreno, de tu propia tierra, era algo importante”, dice desde su oficina en Circa. “Quizás soy un poco anticuado en eso, ya que todas las propiedades en el Strip están vendiendo sus terrenos”, agrega.

Esa estrategia puede limitar el acceso al capital, pero también reduce los riesgos. “Cuando hay una desaceleración o una gran recesión, siempre hay que pagar el alquiler”, afirma.

En 2011, Stevens y su hermano compraron el cercano Fitzgerald’s, un casino con temática irlandesa, y llevaron adelante una renovación del edificio de 36 pisos, al que rebautizaron como The D. Cuatro años más tarde, adquirieron el antiguo Las Vegas Club por unos US$ 40 millones, además de varias propiedades más, todas ubicadas en la misma cuadra, incluido el histórico club de striptease Glitter Gulch, conocido por su icónico cartel de neón con la vaquera Vegas Vickie, que hoy brilla en el interior de Circa.

También compraron los casinos Mermaids y La Bayou. En un principio, el plan era ampliar y renovar el Vegas Club, pero con un total de ocho parcelas, los hermanos Stevens eran dueños de toda la manzana, salvo por una tienda de remeras de 6 x 30 metros y un pequeño edificio de oficinas. Fue su padre quien les sugirió dejar de lado las reformas y apuntar más alto.

Al reconocer que tenía razón, Stevens entró en la tienda de remeras y habló directamente con el dueño, Haim Gabay. Cerraron un trato por US$ 13,5 millones por ese pequeño local, que terminó siendo el precio por metro cuadrado más alto que Stevens pagó por un terreno.

Una vez que Stevens se convirtió en dueño de toda la manzana, los hermanos salieron de gira con Credit Suisse para conseguir US$ 450 millones en deuda, además de los US$ 500 millones que pusieron de su bolsillo. La meta era abrir el 31 de diciembre de 2020. Si lo lograban, podrían aprovechar una disposición del código tributario que les permitía amortizar todo el proyecto, evitar el pago de impuestos durante algunos años y comenzar a saldar la enorme deuda asumida.

“Si no hubiéramos tenido la depreciación acelerada, no habríamos podido calcular esto. Fue así de significativo”, dice Stevens.

Cuando llegó el COVID-19 en marzo de 2020, los casinos de Las Vegas cerraron. Stevens apostó a que la pandemia no duraría para siempre y, si quería acceder a la deducción fiscal y salvar su inversión, tenía que seguir adelante. El jefe de obra organizó un cronograma de construcción de 24 horas y lograron abrir con nueve semanas de anticipación, en octubre de ese año.

Barra de tragos en un casino
“Cada casino necesita su propio atractivo, y a la gente le atrae la barra libre”, dice Stevens.

“La apuesta salió bien, pero fue desgarrador”, dice Stevens. “Podría haberme quitado cinco años de vida. No sabía si toda mi carrera y todo lo que había hecho se iría al traste”, sostuvo.

La recompensa llegó al año siguiente. “2021 y 2022 son dos de los mejores años en la historia de Las Vegas”, dice Stevens al describir la recuperación tras la pandemia, que permitió a la ciudad superar los US$ 1.000 millones mensuales en ingresos por apuestas, una racha que sigue vigente.

Stevens y su hermano todavía tienen unos US$ 200 millones de deuda por saldar, pero Circa está en buena forma y el centro de la ciudad se mantiene sólido. Entre 2023 y 2024, Downtown incrementó sus ingresos por juegos de azar en un 2,4 %, mientras que en el mismo período los ingresos por apuestas en el resto de Las Vegas cayeron un 1 %.

“En Las Vegas, la sincronización lo es todo, y Derek acertó en el momento justo”, dice Brendan Bussmann, socio director de B Global, una consultora local especializada en apuestas. “Hay que tener un poco de ingenio y un poco de locura. Vas a correr riesgos en los que la mayoría de la gente no creerá. Eso es lo que hizo grande a Sheldon, eso es lo que hizo grande a Steve Wynn y eso es lo que le permitió a Derek hacer lo que ha hecho”, expresa.

En el piso 60 de Circa, conocido como el Club del Legado, bustos de Sam Boyd, Benny Binion, Howard Hughes, Kirk Kerkorian, Jay Sarno, Steve Wynn y otros reciben a quienes bajan del ascensor. Cuando le preguntan por su legado, Stevens dice que todavía es demasiado joven para pensar en eso.

Circa, asegura, no será su último proyecto. En Symphony Park, justo enfrente, él y su hermano son dueños de otras 2,75 hectáreas de terreno, que, casualmente, es la última parcela en el centro autorizada para juegos de azar.

“En algún momento”, dice, mientras mira hacia esa tierra, “tendremos algo cocinándose ahí”, concluye.

Nota publicada por Forbes US

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