Obelisco, 90 años del gran altar porteño: del pedido de demolición a patrimonio emocional de la calle
Hubo críticas, burlas y hasta un intento oficial para demolerlo. Pero el tiempo transformó al Obelisco en el gran tótem emocional de Buenos Aires: escenario de festejos históricos, reclamos sociales y rituales colectivos argentinos.

Durante décadas fue acusado de inútil, de feo, de exagerado. Y hasta hubo una aprobación del Concejo Deliberante para su demolición. Sin embargo, el tiempo hizo su trabajo silencioso: el Obelisco se convirtió en patrimonio emocional de la calle.

Hoy no existe otro punto de la ciudad capaz de condensar con tanta precisión el ánimo colectivo argentino. Allí se festejan campeonatos del mundo, se abrazan multitudes, se organizan protestas, se celebran triunfos políticos y también se descargan broncas. El Obelisco ya no es sólo un monumento: es un reflejo permanente de la vida porteña.

(FOTO: Ente de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires)

Este 23 de mayo cumple 90 años. Y la Ciudad de Buenos Aires lo celebrará con “La Noche del Obelisco”, una propuesta especial con actividades culturales, música, intervenciones visuales y la posibilidad inédita de subir al mirador del monumento más emblemático del país.

Una historia que no comenzó con un “amor a primera vista”

El Obelisco fue inaugurado el 23 de mayo de 1936, en medio de una Buenos Aires que buscaba parecerse a las grandes capitales del mundo. Diseñado por el arquitecto Alberto Prebisch, el monumento se levantó para conmemorar los 400 años de la primera fundación de la ciudad y ocupó el lugar donde alguna vez estuvo la iglesia de San Nicolás de Bari, el sitio donde por primera vez flameó oficialmente la bandera argentina en Buenos Aires.

(FOTO: Archivo General de La Nación)

La velocidad de su construcción todavía hoy sorprende: fueron apenas 31 días de obra, más de 150 obreros trabajando contra reloj y una ciudad observando cómo aquella aguja de hormigón empezaba a cambiar para siempre el perfil porteño. Con sus 67 metros de altura, el Obelisco nació como una marca de modernidad, como una declaración de principios de una ciudad que quería mirar hacia arriba.

Pero el romance con los porteños no fue inmediato. Muchos lo consideraban un “armatoste”, una excentricidad sin utilidad concreta en el corazón de la Avenida 9 de Julio. Y aquel rechazo no quedó sólo en comentarios irónicos o críticas estéticas. Apenas tres años después de su inauguración, en 1939, el Concejo Deliberante llegó incluso a aprobar un proyecto para demolerlo.

Los argumentos oficiales hablaban de desprendimientos en el revestimiento exterior y problemas de seguridad, aunque detrás también aparecía el rechazo de muchos sectores a una obra que consideraban desproporcionada y ajena al perfil clásico de Buenos Aires. Finalmente, el entonces intendente Arturo Goyeneche vetó la ordenanza y salvó al monumento que, con los años, terminaría convertido en el gran símbolo porteño.

Patrimonio emocional de la calle

Con el paso de las décadas, el Obelisco dejó de pertenecer únicamente a la arquitectura o a la política para convertirse en “patrimonio emocional de la calle”. El fútbol tuvo mucho que ver en esa transformación. Cada campeonato importante terminó dibujando la misma escena: caravanas interminables, banderas sobre la Avenida 9 de Julio, bocinazos, abrazos entre desconocidos y una multitud que, casi por instinto, entiende que el punto de encuentro está ahí. Del Mundial de 1978 al de Qatar 2022, el Obelisco pasó de monumento urbano a altar futbolero argentino.

 

Pero no fue sólo el deporte el que lo convirtió en símbolo popular. También las protestas sociales, las marchas políticas, los recitales, los festejos culturales y hasta las vigilias espontáneas fueron consolidando su lugar en el imaginario colectivo.

El Obelisco terminó funcionando como una especie de escenario abierto donde Buenos Aires expresa sus alegrías y sus heridas. Pocas construcciones logran atravesar tantas generaciones manteniendo intacta esa capacidad de convocatoria.

Quizás por eso el tiempo terminó dándole la razón al poeta Baldomero Fernández Moreno cuando escribió: “¿Dónde tenía la ciudad guardada esta espada de plata refulgente?”. Noventa años después, aquella estructura que muchos consideraban un exceso ya no necesita defenderse. El Obelisco es Buenos Aires mirando al cielo.

Las celebraciones por los 90 años del Obelisco

Vista desde el mirador del Obelisco (FOTO: Ente de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires

Y para celebrar su aniversario, la Ciudad de Buenos Aires preparó una jornada especial pa convertir nuevamente al Obelisco en el corazón simbólico de la noche porteña. La propuesta, bautizada “La Noche del Obelisco”, incluirá shows musicales, intervenciones culturales, recorridos temáticos y una gran puesta tecnológica sobre la Avenida Corrientes.

Uno de los momentos centrales será el espectáculo de mapping 3D proyectado sobre el monumento, una intervención audiovisual que repasará distintos momentos de la historia del Obelisco y su vínculo con Buenos Aires. El show estará acompañado por presentaciones en vivo de la Orquesta Mahler y se realizará en dos funciones nocturnas, transformando al monumento en una enorme pantalla urbana en pleno centro porteño.

Interior del Obelisco (FOTO: Ente de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires)

Además, habrá actividades culturales, artistas itinerantes, lecturas, gastronomía y propuestas inspiradas en distintas épocas de la ciudad. Como gesto simbólico por el aniversario, 90 personas también podrán subir al mirador del Obelisco, un acceso históricamente restringido y que, por una noche, volverá a abrirse para mirar Buenos Aires desde el lugar donde hace nueve décadas empezó a construirse uno de sus grandes símbolos.