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Imagen generada con Gemini.

Workslop: ¿mucha IA y pocas nueces? Rediseñar o perecer, el mensaje urgente del futuro del trabajo

Alejandro Melamed

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Dos reportes globales coinciden en un diagnóstico incómodo: la IA ya está omnipresente, pero el trabajo no cambió. El concepto de Workslop: cuando la IA parece de calidad, pero carece de sustancia.

11 Mayo de 2026 07.47

¿No iba a cambiar todo radicalmente en un abrir y cerrar de ojos? ¿La IA no prometía cambios fenomenales de productividad en el mundo del trabajo? ¿No era todo “ya”? ¿No estaba pasando ahora mismo? ¿Nos habremos apurado un poquito en el diagnóstico? En los últimos dos años pocos temas han ocupado tanto espacio en los medios de comunicación, en las redes, en las mesas de directorio y en las charlas de pasillo como la Inteligencia Artificial (IA). Nos entregamos a la certeza de que la IA iba a regir gran parte de nuestras vidas en un futuro que nos venía pisando los talones. Y, al menos en el mundo del trabajo, no pasó todo tan rápido. “Mucha IA y pocas nueces”, dirán los más ácidos. Esa mirada crítica se envalentona a la luz de dos prestigiosos reportes globales recién salidos del horno. La conclusión que arrojan es lapidaria: la tecnología funciona pero el trabajo, en la mayoría de las organizaciones, aún no cambió.

Workslop IA
Crédito: Imagen generada con Gemini. 

Antes de zambullirnos en estos reportes, es importante comprender un concepto central, denominado Workslop. ¿Qué significa? Sugerido por investigadores de la Universidad de Stanford, se refiere a aquel contenido de trabajo generado por IA que aparenta ser de calidad, pero carece de la sustancia necesaria para hacer avanzar de manera significativa una tarea determinada.

La idea se apalanca al cotejarla con un estudio reciente del MIT -Project NANDA-, que determinó que el 95% de las empresas que invirtieron en IA no vio un impacto medible en sus ganancias. Es decir que la IA, por sí sola, no mueve la aguja.

Un combo peligroso

La ecuación (información sin sustancia + inversiones en IA sin impacto medible) se complica aún más al sumar un dato clave: el bajo compromiso de las personas en el mundo laboral de nuestros días.

Según el State of the Global Workplace 2026 (Estado global del mundo del trabajo 2026) de Gallup, apenas el 20% de los empleados en el mundo se siente comprometido con su trabajo -un punto menos que el año anterior, segundo año consecutivo de caída-, con una pérdida de productividad estimada en US$ 10 billones al año, equivalente al 9% del PBI mundial.

Por su parte, el CHRO Guide: 9 Future of Work Trends for 2026 (Guía para el Director de Recursos Humanos para el 2026) de Gartner advierte que la lógica con la que se instala la IA sigue siendo “a la vieja usanza”: más capas de tecnología sobre los mismos procesos y, en definitiva, los mismos hábitos.

La consultora muestra que ese esfuerzo cae en un terreno ya erosionado -compromiso en caída, managers agotados- y que, sin rediseñar esa base humana, ningún copiloto logra mover los números. Los dos reportes terminan en el mismo lugar: el cuello de botella no es tecnológico. Es humano y organizacional.

Es el fenómeno que, oportunamente, la misma Universidad de Stanford denominó como “falacia tecnológica”: pensar que, cambiando la tecnología, los cambios llegan por sí solos, cuando en realidad el proceso es precisamente al revés. Si no se cambia la cultura primero, nada cambiará.

El verdadero cuello de botella: el manager

Si las herramientas existen y las inversiones se hicieron, ¿dónde está la traba?. Gallup lo señala con claridad meridiana: el compromiso de los managers cayó del 30% en 2022 al 22% en 2025. Son ellos quienes deberían traducir la estrategia en rutinas concretas, pero están simplemente agotados.

El mismo reporte muestra un dato que debería ser titular: cuando un manager apoya activamente la adopción de IA, la probabilidad de éxito en la transformación es 8,7 veces mayor que cuando no lo hace.

Gartner llega a una conclusión similar por un camino distinto: en el 81% de las transformaciones exitosas, quienes las impulsan no son los “tech prodigies” (prodigios tecnológicos) sino los process pros, los líderes operativos con mirada humana que entienden cómo integrar la tecnología en el flujo diario del trabajo. La IA no se instala: se lidera.

Workslop IA
Crédito: Imagen generada con Gemini

Sumar IA no basta: el rediseño pendiente

El mensaje recorre ambos reportes con la misma fuerza: la tecnología sin rediseño no produce retorno. Las empresas que despliegan IA sin revisar cómo fluye el trabajo terminan con más ruido que señal —más reuniones, más correos, menos decisiones concretas—. 

El copiloto acelera, pero acelera también los errores y los cuellos de botella preexistentes. El trabajo de filtrar ese exceso recae, invariablemente, sobre los mismos equipos que debían estar liberados.

Y el punto clave es humano: cuando la IA se instala sin conversación, las personas la perciben como vigilancia o amenaza; con conversación, se transforma en palanca. La diferencia la hace, otra vez, el manager, capaz de traducir una herramienta abstracta en rutina cotidiana.

Quienes traten a la IA como proyecto de “Sistemas” verán un retorno limitado; quienes la traten como transformación del trabajo serán los que capturen la ventaja competitiva real.

Este rediseño no es cosmético. Implica preguntas difíciles: ¿qué procesos todavía necesitan capas jerárquicas?, ¿qué decisiones pueden tomarse más cerca de la ejecución?, ¿qué roles tienen sentido cuando la coordinación la hace un agente? Las empresas que se queden “agregando IA a procesos viejos” no verán retorno. Las que rediseñen, sí.

El costo oculto: workslop y salud mental

No todo es estructura. Gartner se refiere al fenómeno del workslop mencionado previamente, identificándolo como “el flujo de contenido generado por IA de baja calidad que circula dentro de las organizaciones”.

Cada colaborador pierde en promedio dos horas por semana filtrando ese ruido, y el costo por persona se estima en tres veces el valor esperado de la automatización. La IA mal implementada no ahorra tiempo: lo roba.

Pero hay un costo aún más silencioso... El mismo reporte muestra que, mientras el 84% de los líderes de RR.HH. ya utiliza herramientas de IA, el 91% no monitorea los efectos conductuales del uso de IA. En otras palabras: estamos distribuyendo una tecnología que reconfigura la forma en que las personas piensan, se concentran, se relacionan y descansan… sin medir qué pasa con ellas. Es un experimento a gran escala sin grupo de control.

Gallup lo refuerza con otro dato demoledor: los líderes -quienes más accedieron a la IA y a la autonomía- reportan simultáneamente más estrés, más enojo, más tristeza y más soledad que los colaboradores individuales. La paradoja del liderazgo contemporáneo: mejor vida y peores días.

Workslop IA
Crédito: Imagen generada con Gemini

Los riesgos que nadie mira

Más allá de los datos de productividad y bienestar, Gartner identifica una serie de riesgos emergentes que aún no están en la agenda de la mayoría de los equipos de dirección. 

El primero son los “RIFs (Reduction in force) antes de la realidad”: olas de despidos anticipadas al impacto verdadero de la IA, que generan brechas de talento justo cuando la transformación recién empieza. Se recorta primero y se entiende después.

El segundo es el fraude de candidatos con identidades sintéticas. Deepfakes (contenido falso producido por IA) en video-entrevistas, documentación apócrifa, CVs construidos con IA: los procesos de selección remotos enfrentan una ola de sofisticación que pocas áreas de RR.HH. están preparadas para detectar. En numerosas empresas, al menos una entrevista presencial es mandatorio para evitar este inconveniente.

El tercero es el espionaje corporativo digital, en el que la propiedad intelectual -y los mecanismos con los que se la protege- se convierten en un nuevo frente de inseguridad.

Y el cuarto, quizás el más disruptivo, son los digital doppelgangers: avatares de IA que actúan en nombre de cada colaborador, responden correos, participan de reuniones y ejecutan tareas. Suena a ciencia ficción, pero ya empieza a suceder.

Las preguntas que abre son de una profundidad inédita: ¿quién es responsable por las decisiones de un avatar?, ¿qué pertenece a la empresa y qué al colaborador?, ¿cómo medimos la performance cuando parte del trabajo la hace un doble digital?

Todos estos riesgos tienen un denominador común: aparecen cuando la tecnología se despliega más rápido de lo que las organizaciones pueden pensarla, metabolizarla, normarla y humanizarla. La agenda de corto y mediano plazo no es solo acelerar la adopción; es construir las barreras de protección que la hagan sostenible.

Sintetizando: tres movimientos para el corto y mediano plazo

El mensaje para quienes lideramos personas y organizaciones refiere a tres movimientos simultáneos:

1. Rediseñar el trabajo, no agregar IA a procesos viejos. El ROI (retorno de la inversión) de la tecnología aparece cuando el flujo, los roles y las decisiones se reinventan. La ventana para hacerlo se angosta: el retorno aparece en quienes reinventan primero, no en quienes instalan más.

2. Potenciar al manager. Es la bisagra de todo: de la cultura, de la adopción tecnológica, del compromiso y del bienestar. Una organización no es mejor que la calidad promedio de sus managers.

3. Cuidar lo humano, en serio. Salud mental, seguridad psicológica, propósito y sentido. No como beneficio ni como programa, sino como infraestructura de la productividad futura. Medir el impacto conductual de la IA debería ser tan habitual como medir su retorno técnico.

Los tres movimientos no son opcionales: son condiciones necesarias unas de otras. Rediseñar sin potenciar al manager produce organigramas bonitos sin adopción; potenciar al manager sin cuidar lo humano produce líderes “quemados”; y cuidar sin rediseñar es quedarse en buenas intenciones. Hay que mover las tres palancas al mismo tiempo.

La IA puede hacer casi cualquier cosa. Pero el retorno -en productividad, compromiso y cultura- depende de cómo rediseñemos el trabajo, la cultura y lideremos a las personas. Ese es, en la actualidad, el verdadero diferencial competitivo.

Porque, como viene demostrándose reporte tras reporte, la tecnología sin humanidad no conecta. Y lo humano sin tecnología, ya no alcanza. La IA informa y habilita; los humanos persuadimos, inspiramos y lideramos. 

(*) Alejandro Melamed es Doctor en Ciencias Económicas, speaker internacional y consultor disruptivo. Es autor de nueve libros, entre ellos Liderazgo + humano - Historias de (mi) vida para inspirarnos (2025), El futuro del trabajo ya llegó (2022), Tiempos para valientes (2020), Diseña tu cambio (2019) y El futuro del trabajo y el trabajo del futuro (2017).

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