Las claves de Luciana Aymar para transformar el talento individual en un equipo de alto rendimiento
Laura MafudEditora
Laura MafudEditora
En el mundo del deporte de elite y de las organizaciones, lograr que las individualidades más destacadas trabajen en función de un objetivo colectivo representa uno de los mayores desafíos de gestión. Mantener la cohesión, encauzar las ambiciones personales y sostener el rendimiento en el tiempo exige una clara definición de propósitos y un liderazgo basado en la conducta.
En este contexto, la histórica capitana de Las Leonas, Luciana Aymar, fue la encargada de encabezar la charla de cierre titulada "Liderazgo de Campeones", desarrollada en el marco del evento HR Trends by Bonda. Durante una entrevista conducida por Fer Niizawa, CEO & Founder de Fer Niizawa Consulting Group, la deportista elegida ocho veces como la mejor jugadora del mundo por la Federación Internacional de Hockey analizó cómo administrar el talento extraordinario dentro de un grupo sin desequilibrar la dinámica colectiva: "Tener jugadores talentosos dentro de un equipo es ideal y a cualquier entrenador le encanta, pero también tu talento individual tenés que ponerlo en pos del equipo. El problema es cuando quizás los egos toman más protagonismo y ahí se crea un poco de caos en el grupo".
Para superar estos inconvenientes, Aymar enfatizó la trascendencia de anteponer el propósito grupal y potenciar a cada integrante del plantel: "Lo más importante es tener claro un propósito en común, más allá de cualquier apellido que esté dentro. Una de las cosas que trabajé mucho mentalmente y con psicólogos para llevar la presión que tenía por ser la jugadora que era, fue no querer solo brillar yo, sino hacer brillar a mi equipo. Quería ser la mejor y que el equipo ganara cada torneo, pero necesitaba inspirar a mis compañeras a sacar la mejor versión de ellas mismas, fortalecer sus cualidades, que todas tuvieran claro lo que tenían que hacer y que se sintieran orgullosas de lo que brindaban al equipo. Eso es lo importante como líder: inspirar e influir de manera positiva para sacar lo mejor de cada compañera".
La autoexigencia y la disciplina cotidiana se moldean a través de la guía adecuada. A lo largo del diálogo con Niizawa, la medallista olímpica y bicampeona mundial recordó cómo sus entrenadores guiaron su formación para convertir su habilidad individual en un liderazgo con impacto positivo: "Tuve la suerte de tener ciertos entrenadores al lado mío que me fueron acompañando, ubicando un poquito y educando. La verdad es que yo era una jugadora muy talentosa y era consciente del talento que tenía, pero ellos me decían: 'Me encanta que seas una jugadora talentosa, pero que no te quedés solamente en la jugadora que hace quizás algo diferente en el momento. Me encantaría que trates de liderar un equipo para posicionarlo en lo más alto del mundo, y eso es a través del ejemplo: llegar a horario, motivar a tus compañeras, entrenarte como el peor para poder en la cancha ser el mejor'. Un equipo se comporta dentro y fuera de la cancha como te educaron tus entrenadores. Si ves que tu entrenador llega antes que vos, tiene todo el entrenamiento planificado junto al preparador físico, te das cuenta de que hay trabajo y eso es ejemplo".
Asimismo, remarcó cómo la transformación de Las Leonas desde sus etapas iniciales se sustentó en el establecimiento de pautas y reglas de convivencia estrictas: "Los valores eran innegociables. El seleccionado se entrenaba quizás tres veces por semana para competir todo el año, y de un día para el otro empezamos a cambiar todo: se entrenaba todos los días a la mañana y a la tarde, con kinesiología, nutricionista y psicólogo. Fue una reeducación del grupo donde la carga física y horaria era muy grande. Se establecieron valores innegociables como el respeto por las compañeras: si el entrenamiento era a las 8, a las 8 se tocaba el silbato. Yo misma, viniendo de Rosario, llegué 8:05 y no me abrieron la puerta para entrenar, como una forma de enseñar el respeto".
Sostenerse en la cima implicó un trabajo invisible y afrontar momentos de dificultad a lo largo de su carrera deportiva: "Viajar a Buenos Aires tres veces por semana en colectivo siendo del interior forjó mi personalidad. En un deporte amateur, salir a las 3 de la mañana sola para llegar a entrenar a las 8 y regresar el mismo día te hacía cuestionarte todo el tiempo si valía la pena". A su vez, explicó que la superación constante exigía esfuerzos adicionales: "Me quedaba entrenando horas extras de manera invisible, practicando técnicas como el dribleo aéreo que hacían los hombres, porque para ser mejor que ayer tenés que hacer cosas diferentes".
Finalmente, Aymar reflexionó sobre la complejidad del retiro deportivo a los 37 años y el proceso de adaptación a la rutina diaria tras dejar la alta competencia: "Al retirarme salís a la vida y no sabés quién sos ni qué querés hacer. Entré en una gran tristeza por perder la rutina diaria y los objetivos deportivos. Pasar de la burbuja del deporte a la vida normal requirió mucha terapia y contención familiar para aprender a ser una persona común y disfrutar de los detalles cotidianos de la vida".
Pese a este cambio, concluyó sobre la huella construida con su equipo: "Me gustaría que me recuerden como una persona que dio todo por su país. Trataba de ser exigente con mis compañeras para sacar lo mejor de cada una en pos del objetivo grupal. Estoy orgullosa de haber formado parte de un grupo de jugadoras que transformó el deporte, abrió puertas para la mujer y dejó valores que se siguen transmitiendo de generación en generación en Las Leonas".