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Forbes Argentina
Liderazgo

De vestir a McQueen y Chanel a la consultoría: el plan de Jessica Trosman para inyectar valor en las marcas locales

Laura Mafud Editora

Jessica Trosman
(Foto: Gentileza Jessica Trosman)
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En un mano a mano, la diseñadora analiza el contexto actual de la industria textil en Argentina, la llegada de las marcas globales y su rol como consultora estratégica. De la cápsula con María Cher a sus esculturas, cómo transformar la identidad creativa en un activo de negocio rentable. "El diseño es un motor económico y de negocios", destaca.

12 Septiembre de 2026 06.30

Jessica Trosman tiene un recorrido fascinante: en la segunda mitad de los 90, fundó Trosmanchurba y, tras su disolución en 2002, lanzó su marca homónima, Trosman, con la que llegó a presentar colección dos veces por año en París y a firmar un acuerdo de producción y distribución en Japón con el grupo Onward Kashiyama, la misma compañía que fabricaba para Jean Paul Gaultier y Alexander McQueen. En el camino, ganó el Tijera de Plata a la mejor línea de difusión (2003) y, en 2011, dos premios Tijera de Oro —a la mejor colección prêt-à-porter y a una de las mejores diseñadoras del país—, el Martín Fierro a la trayectoria, además de una distinción del Gobierno argentino por su enfoque innovador en la exportación. Sus diseños fueron incluidos entre los 100 mejores del mundo según los libros SAMPLE (Phaidon) y FASHION NOW (Taschen), y celebrados en Vogue París, SelfService, Purple y AnOther Magazine.

Pero no es todo: en 2012, después de vender Trosman, se abocó a su laboratorio textil, con colaboraciones para casas como Chanel —bajo la dirección de Karl Lagerfeld— y Rick Owens. En agosto de 2013 lanzó su marca JT, que sostuvo hasta 2019, cuando inició una nueva etapa como artista: esculturas de tela que trabaja hasta volverlas rígidas y estáticas, en un proceso donde el volumen termina asemejándose a un cuerpo humano. Esa producción la llevó a su primera muestra colectiva en 2021, "De caminar sobre el borde", en la galería Gachi Prieto, curada por Clarisa Appendino, y en 2022 a su primera individual, "Temporada", en la misma galería, curada por Diego Bianchi.

Hoy Trosman transita en simultáneo varios frentes: consultoría para una marca masiva; lanzamiento de una colección cápsula con María Cher; negocia nuevos acuerdos de consultoría y profundiza su carrera artística, que en el último año y medio sumó el título de Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura Porteña, su selección entre las 200 artistas del 112° Salón Nacional de Artes Visuales en el Palacio Libertad con la obra "Mi pasado no me condena", su participación en la feria NADA de Miami, la muestra colectiva "El tiempo entre las Manos" en el Centro Cultural Borges, curada por Fernando Farina junto a artistas como Manuela Rasjido y Alejandra Mizrahi, y un proyecto convocado por Ximena Caminos, CEO y fundadora de Reef Line, junto al artista Emiliano Miliyo y el colectivo de Los Ángeles Play Love: redes tejidas en crochet por artesanas de villas y barrios populares de Argentina, montadas sobre arcos de fútbol e instaladas en Miami Beach durante el Mundial 2026.

-¿Cómo te encuentra el 2026? ¿Qué estás haciendo?

-Acabo de salir de un año donde asesoré a una marca que tenía que ver con el producto más masivo. Para mí eso fue casi como una performance en mi vida, donde entendí lo que es vender azúcar, por lo menos, en la ropa. Primero me costó un montón que entendiesen que mi ropa, por más de que sea diseñada, tiene su público. El público ya no come vidrio, y la realidad es que si el diseño se democratiza, va por un camino increíble. Cuando empezaron a darse cuenta de que se vendían 200 pantalones por semana de los que yo hacía, empezaron a darme más atención. Acompañé a esa marca durante un año y acabo de terminar esa gestión. Mientras tanto, me llamaron de María Cher para hacer una colaboración con todo lo que es denim. Hicimos una colección espectacular, toda con reciclaje de denim que ellos ya tenían, y la lanzan para fin de septiembre. La colección se llama Poema, por Jessica Trosman para María Cher.

- ¿Y qué otros proyectos tenés en carpeta?

-Estoy cerrando acuerdos con otras marcas también que me están llamando. Por primera vez para mí es todo nuevo, porque siempre fui empresaria y dueña. Para mí entrar en marcas donde igual soy empresaria de mi puesto es lo más importante. Me encanta; me siento dueña en otras marcas y empiezo a hablar de eso transversal que existe hoy en día: no necesariamente tenés que ser dueña de una empresa, sino que tenés que ser dueña de tu puesto

Eso me gusta mucho porque empiezo a germinar un poco de mi impronta. Estoy en un momento donde digo: ya sembré y coseché en todas mis marcas todo lo que quise hacer, y darle un poco de lo mío a otros es un acto no solamente de trabajo, sino de generosidad. Siempre pienso cómo voy a dejar esa huella en el mundo. De chica miraba una serie americana que decía: "¿Cómo querés que te recuerden?". Y de algún modo, mientras tenía mis empresas me costaba mucho más participar en otras gestiones; sentía que me tenía que ocupar tanto, era la primera que abría la empresa y la última que se iba. Hoy estoy en una situación de dar que me encanta me genera nuevos desafíos. Creo que estoy aportando valor vinculado no solamente al diseño, sino también al arte. Además estoy gestando un emprendimiento de arte con un amigo. Tengo el tiempo y, por más de que estoy a mil, tengo la cabeza limpia. Todos los días se me ocurre algo nuevo, escribo un montón de proyectos y tengo como tres que estoy desarrollando en paralelo.

Jessica Trosman (Foto: Gentileza Jessica Trosman)
Jessica Trosman (Foto: Gentileza Jessica Trosman)

-La industria está atravesando un momento complejo y muchas marcas se apoyan solo en promociones. En ese contexto, ¿cuál es el verdadero valor estratégico que debería aportar el diseño?

-Todo el mundo habla de la problemática de que se están fundiendo todos. En el proteccionismo pasaban cosas que hoy no están pasando; cualquier persona en ese momento, me incluyo, cualquier diseñador abría un localcito y de ese localcito se hacía negocio, daba trabajo y vivíamos esa realidad. Siento que pasó lo que pasó y mucha gente creció, pero mucha gente no se aggiornó. Con los cambios de gobierno cada cuatro años es muy difícil; imaginalo en un taller al que le decís que cambie las máquinas cada cuatro años sin saber qué va a pasar después. Estamos pasando por un momento difícil. No digo peor o mejor, porque no quiero meterme en política. Creo que a muchas de las empresas a las que les están pasando cosas se lo adjudican al gobierno, y muchas no tienen razón. Sí bajó el consumo y vinieron empresas de afuera, pero hay que pensar en las marcas nacionales que realmente entienden el panorama

El error histórico del mercado fue tratar al diseño como un departamento estético o un costo ornamental, cuando la realidad es que es investigación y desarrollo puro. Siento que el diseño como generador de propiedad intelectual es muy importante porque no se venden prendas, se vende tecnología de materiales, identidad no reproducible y diferenciación absoluta en un mercado saturado de commodities.

Ahora, que vienen todas estas marcas de afuera, yo creo que hoy hay que hablar de margen versus volumen. Todas estas marcas de fast fashion se nutren del diseño; si no existieran los diseñadores, ¿de dónde copiarían? Terminan los desfiles y ya hay marcas haciendo réplicas de todo. Zara, por ejemplo, se aggiornó, adaptó su negocio y lo hizo más de diseño porque incorporó diseñadores. Para mí, el high-end y el desarrollo textil propio desmarcan a las empresas de la guerra de precios.

Cuando trabajé con Karl Lagerfeld para Chanel o con Rick Owens, ellos integraron mis desarrollos textiles, venían a buscar la artesanía. Estaban comprando una solución técnica que no existía en el catálogo global de telas, vinieron a comprar algo diferente. No estoy diciendo que el diseño salve al mundo, simplemente digo que es un acelerador de valores en terceros

El rol de la dirección creativa y la consultoría estratégica transforma marcas que están estancadas o masivas en objetos de deseo con un margen comercial real. Para mí, el diseño es un motor económico y de negocios. El cambio de paradigma es que el mercado tradicional suele cometer el error de ver el diseño como un costo ornamental o estético, pero en realidad el diseño de autor y la experimentación material son investigación y desarrollo puro. En un entorno saturado de commodities y de producción estandarizada, la investigación textil genera un activo único e imposible de copiar.

-¿Cómo se traduce eso en tu propia experiencia como diseñadora?

-Llegué con mis diseños a vender en todas partes del mundo, en los lugares más insólitos. ¿Por qué? Porque hacía unos chapones de plástico que se fusionaban, después les ponía un elástico, y venían y decían: "¿Qué es esto?". Un trabajo de investigación y de diseño que tiene un valor agregado. Tenemos que hablar de ese posicionamiento y de los desarrollos que desmarcan a las empresas de la guerra destructiva de descuentos y volumen, en la que hoy están casi todas vendiendo. 

En la marca masiva donde yo estaba, querían hacer promociones todo el tiempo. Yo les decía: "Seamos un poco más genuinos, hablemos de diseño genuino". Entiendo que el factor tiempo apremia, pero tiene que haber espacio para esto. Existen marcas que le ponen esa impronta a partes de la colección, lo cual me parece súper importante. De algún modo transforman la historia inyectando identidad o relevancia cultural. 

Lo que pasa es que nos acostumbramos a que la gente vaya a buscar la colección afuera, la traiga y la copie. Eso no va más, ya no funciona. En el mundo hay cinco gigantes que lo hacen diez veces mejor que nosotros. Creo que acá pueden existir marcas grandes de alta rotación pero con un twist de diseño, y me parece que nadie lo está haciendo.

Jessica Trosman (Foto: Gentileza Jessica Trosman)
 (Foto: Gentileza Jessica Trosman)

-Vendiste afuera, en mercados con mucha más competencia que la de acá, y encontraste tu diferencial. ¿Cómo lo construiste?

-Yo me quemaba los ojos porque tenía que competir con las mejores telas, con la mejor confección y con conglomerados que tenían un montón de plata para invertir. Yo pensaba: "¿Qué es lo que no vieron ellos y yo les puedo dar?". En ese momento podías tener una infraestructura con un costo muy diferente al de hoy. Yo tenía un departamento dedicado exclusivamente al diseño y la investigación. Si uno hace eso y no sigue tendencias estacionales se puede destacar. 

Yo seguía las temporadas porque había que presentar colecciones, pero no la tendencia estacional. Me parece que hay que inventar un lenguaje propio. Yo lo inventé desde la época de Trosman Churba, y en Trosman. Empecé a ganar premios y firmé acuerdos con Onward en Japón. 

Me veía entre ellos y no lo podía creer, siendo tan chiquita y no viniendo del mundo empresarial. Trataba de estudiar y entender qué tenía que hacer para no quedarme en el camino. En un momento me vi con dos agentes de prensa, una en París y otra en Estados Unidos, y me fue muy bien con eso. Leía mucho de todo lo que significaba una marca. Leía mucho sobre estrategia de negocios, no solamente para ver lo que hacían las marcas artísticamente. Fui pasando por todos esos momentos y creo que hoy hay que adaptarse. Los chinos fabrican muy barato y tienen su propia cultura. Nosotros tenemos problemas para fabricar y leyes laborales complejas. Somos latinos; al lado de la máquina de coser siempre hay un mate. Vas a ver a los chinos y son maquinitas; esa no es nuestra historia, nunca vamos a ser ellos.

-¿Y qué hacer con eso, entonces?

- Llegó el momento de preguntarnos para qué somos buenos. No podemos engañarnos: quizás no somos buenos para producir ropa, pero sí para producir diseño y mandar a fabricar afuera, aunque duela. Es lo que está sucediendo hoy. Si no te podés aggiornar cada cuatro años o no podés mejorar tus máquinas porque tenés miedo de que cambie el gobierno y cambie la letra chica, poniéndote en una situación extraña, es comprensible. 

Entiendo lo que sucede, pero al mismo tiempo lo sufro. Hoy no tengo empresa, pero miro a mi alrededor y veo que están todos sufriendo. Es muy difícil la situación que se está viviendo, pero creo que la solución es ponerle valor agregado real. Si querés producir masivamente, vas a tener que producir afuera con diseño y traerlo. Francia casi no produce ropa porque es muy caro; producen cabezas, inteligencia.

Para mí hay que sincerarse. Estamos en un momento de sincerarnos sobre para qué somos buenos. Eso es lo que más me importa. Dediquémonos a diseñar y a poner el valor agregado.

Jessica Trosman (Foto: Gentileza Jessica Trosman)
 (Foto: Gentileza Jessica Trosman)

- Mirando hacia atrás, ¿cómo resumirías tu trayectoria?

-Mi trayectoria nunca se basó en seguir tendencias estacionales, sino en inventar un lenguaje material. Saliendo desde Trosman Churba y Trosman, primero desde Nueva York y luego cambiando la estrategia a París, siempre busqué posicionarme en el circuito no como una marca o etiqueta, sino como una diseñadora. Los acuerdos con Onward y los desarrollos textiles que diseñé para Chanel bajo la dirección de Karl Lagerfeld o para Rick Owens demuestran que la innovación y el talento textil argentino se pueden exportar. Trabajé con casas muy exigentes, lo que demuestra que no somos ningunos inútiles; al contrario, acá hay mucho talento

Tuve muchos reconocimientos y creo que todo esto fue posible porque fui fiel a una búsqueda rigurosa, sin negociar la identidad ni la investigación de las formas. Eso es lo que más me interesa. Hoy mi presente activo está más enfocado en la mirada estratégica y en la capacidad de transferir valor a distintos ecosistemas. Estoy con María Cher, antes estuve con una marca masiva y estoy en tratativas con otra gente para hacer consultorías. Hoy tengo ganas de cosechar y que se vean mis cosas en distintas partes. Lo veo como una apuesta artística y me encanta. También aprendo cosas que no había aprendido por estar tan encerrada en mis marcas.

- Contanos sobre tu trabajo actual como escultora textil.

-Hoy estoy muy metida en la escultura textil, y no como un desvío en mi trayectoria, sino como una evolución natural. Hago esculturas de tela donde trabajo muy fuerte los materiales: las coso, las inflo hasta dejarlas rígidas y siempre manejo una proporción que termina asemejándose a un cuerpo humano, lo que me lleva a mi origen en el diseño. A veces son metáforas de situaciones que vivo, pero tienen mucho que ver con las proporciones, los colores y los materiales. 

En pandemia me metí a hacer escultura exterior porque me hicieron un pedido. Como soy lanzada y me gusta estudiar, acepté y trabajé en chapa. Mi familia viene de ese rubro. Nací en Paternal y me crié en Villa Crespo. Mi papá tenía locales en Warnes, y hoy mi taller es el local de mi papá. Imaginá lo que siento cada vez que voy: soy la hija de Quique, la nieta de Mauricio. 

Los fierros son lo mío, me crié entre ellos. Los sábados íbamos siempre con mis hermanos y mi viejo nos hacía carritos; yo no jugaba con muñecas. La materia siempre fue algo que me encantó. Lo mamé de chica y hoy estoy cruzando esos materiales. Agarré repuestos de mi viejo que habían quedado guardados. Mi viejo murió hace 28 años, alquilamos el lugar en un momento, y ahora empecé a recuperar esas cosas de mi papá para que dialoguen con lo textil.

Así empezaron a surgir las esculturas. Hay todo un tema familiar muy importante para mí que tiene que ver con mi infancia. Mi tío Carlos, sus hijos y mi tío Dani, que son metalúrgicos, me aportaron un montón dándome chapas de aluminio. Como viene de mi abuelo que trabajó en esa empresa, es algo que ya tengo impreso en mi cuerpo.

-Hablaste antes de ser "dueña de tu puesto". Es una frase que ya habías usado en otras notas, y da la sensación de que la aprendiste de tu padre.

-La aprendí de él. Mi viejo era muy tenaz y mi mamá mucho más voladora; de ella saqué la parte artística. Ella me educó en el ejercicio de mirar formas y colores. Me acuerdo de ir con ella a comprar ropa y yo ya soñaba con cómo cambiarle los cierres o los detalles a las prendas. Mi viejo era un tipo súper tenaz y laburador. Los tres hermanos sacamos mucho de eso. Nos decía que teníamos que esforzarnos en lo que eligiéramos hacer, pero primero debíamos obtener un título universitario. Teníamos que recibirnos de algo. Yo soy traductora pública, pero de casualidad. Tenía que justificar mi vuelta de Estados Unidos a Argentina cuando vine a buscar a quien sería mi novio y el padre de mi hijo. 

En ese momento no podía estudiar moda porque, al haber hecho parte del secundario en Estados Unidos, tenía que rendir muchas equivalencias, y además la carrera de diseño recién empezaba acá. Elegí algo que me resultara accesible en una universidad privada para complacer a mi familia, porque me sentía muy perdida tras volver del secundario en Estados Unidos. 

Terminé en la Universidad del Salvador, lo cual agradezco enormemente porque estuve muy contenida. Ya en el último año de la carrera quedé embarazada de mi hijo, que ahora cumple 35 años. Mi viejo tenía esa tenacidad de inculcarnos que hay que esforzarnos de jóvenes, porque de grandes ya no se tienen las mismas ganas. A mí me hablaba hasta de la importancia de contratar un seguro de vida. Quizás me marcó más a mí porque fui la que regresó; mis hermanos se quedaron viviendo afuera.

Jessica Trosman (Foto: Gentileza Jessica Trosman)
 (Foto: Gentileza Jessica Trosman)

- ¿Y cómo sigue hoy tu recorrido en el arte?

- Hoy mi vida está dividida con el arte; hago estas esculturas que me encantan y hace cuatro años participo en ArteBA. Estoy en una galería nueva que se llama Crudo, de unos chicos de Rosario, Yuyo Gardiol y Fepi Farina. Se toman el trabajo muy en serio y de manera conceptual. El año pasado seleccionaron una obra mía entre las 300 del Salón Nacional y también participé en Bienalsur. Estoy súper agradecida con lo que me está pasando con las obras de arte porque logré que la gente las reconcozca.

- ¿Cómo pensás el diseño hoy?

-El diseño es una herramienta transversal que aplica con la misma potencia para revitalizar una marca masiva, concebir una cápsula exclusiva o crear una escultura en una feria de arte internacional. El talento no es un atributo bohemio ni un capricho estético; es la ventaja competitiva más rentable y difícil de replicar que puede tener un negocio.

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