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¿Robots en las aulas? La brecha entre educación y tecnología es profunda
Liderazgo
¿Robots en las aulas? La brecha entre educación y tecnología es profunda
Agencia Xinhua

Las pruebas PISA y las enseñanzas para las empresas en un mundo de Inteligencia Artificial

Micaela Akawie

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Los resultados de las pruebas PISA 2025 exponen una brecha que trasciende las aulas: tener acceso a la tecnología no garantiza saber utilizarla. En un mercado laboral atravesado por la inteligencia artificial, el pensamiento crítico, la capacidad de análisis y el liderazgo se vuelven determinantes para transformar información y herramientas en mejores decisiones.

9 Septiembre de 2026 17.29

Cuando aparecen nuevos informes globales sobre educación —como los resultados de PISA 2025 recientemente difundidos—la conversación suele concentrarse en el sistema educativo. Sin embargo, esos resultados también permiten profundizar sobre las habilidades necesarias en el presente y el futuro del trabajo en un contexto altamente cambiante y atravesado por la tecnología.

Las capacidades para comprender información, resolver problemas, evaluar fuentes o pensar creativamente son algunas de mediciones de estas pruebas y, al mismo tiempo, las que necesitamos para ser empleables en las organizaciones.

Los resultados PISA muestran dificultades para evaluar la confiabilidad de las fuentes, integrar información proveniente de distintos textos y ejercer pensamiento crítico. Incluso

la proporción de “lectores apresurados” —aquellos que recorren la información de manera superficial, responden rápidamente y cometen más errores— prácticamente se duplicó entre 2018 y 2025.

Ahora traslademos esa escena al trabajo, cambiando textos por reportes, fuentes por datos y preguntas de una evaluación por decisiones de negocio. Y sumemos a la IA como una herramienta que produce respuestas convincentes en segundos.

Así, el problema deja de ser meramente educativo y empieza a mostrar claros paralelismos en las organizaciones.

Acceso no es capacidad

La IA puede aumentar la cantidad de información que procesamos sin aumentar nuestra capacidad para interpretarla, puede darnos respuestas más rápido sin mejorar las preguntas, y acelerar una decisión sin garantizar que sea la adecuada.

Los resultados PISA muestran que los estudiantes que utilizan IA y, al mismo tiempo, aprenden a evaluar críticamente sus respuestas obtienen mejores resultados que quienes las usan sin desarrollar esa capacidad de evaluación.

En el trabajo sucede similar porque durante los últimos años, las organizaciones aceleraron la incorporación de IA, automatizaron procesos y multiplicaron las herramientas disponibles. El problema es que incorporar tecnología suele ser bastante más rápido que desarrollar las capacidades y las formas de trabajo necesarias para aprovecharla.

No es una competencia entre habilidades tecnológicas y humanas, sino una creciente interdependencia

El Future of Jobs Report 2025 del World Economic Forum muestra que mientras la IA y el Big Data encabezan las habilidades de crecimiento más acelerado, el pensamiento analítico, la resiliencia, flexibilidad, agilidad, el liderazgo y la influencia social, continúan siendo muy valoradas por los empleadores .

Por eso, las habilidades “blandas” no son un mero complemento humano de la tecnología. Impactan directamente sobre la calidad de las decisiones, la velocidad de adaptación y la capacidad de transformar una idea en resultados.

Resolver no es simplemente responder

En las empresas podemos generar 100 ideas con IA, pero eso no significa que tengamos 100 innovaciones. Innovar requiere detectar oportunidades, experimentar, aprender del error, conseguir recursos y coordinar personas con intereses diferentes.

Acá es donde muestra su relevancia la revisión de los modelos de liderazgo tradicionales.

En este escenario, los líderes necesitan orientarse a potenciar la capacidad de pensar y decidir de las personas y los equipos. Mientras que las organizaciones necesitan acompañar el desarrollo de esos líderes si quieren tener un crecimiento sostenible.

PISA pone sobre la mesa una distinción que trasciende una evaluación educativa y llega de lleno a las empresas y al futuro del trabajo: tener herramientas disponibles no es lo mismo que desarrollar la capacidad para aprovecharlas.

La tecnología amplía lo que podemos hacer pero el diferencial de las personas seguirá estando en desarrollar las habilidades necesarias para decidir qué vale la pena hacer con ella.

* Micaela Akawie es especialista en Innovación y Liderazgo

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