Cómo las fintech latinoamericanas ayudan a combatir la desigualdad de ingresos y de género
La región es una oportunidad para el sector si se considera que cerca del 70% de los consumidores no tiene cuenta bancaria. De qué se trata esta revolución liderada por mujeres.

La inversión en tecnologías financieras en América Latina alcanzó récords históricos en 2019. Según un estudio de CB Insights, “en seis años, el financiamiento de fintech en la región pasó de menos de US$ 50 millones a más de US$ 2.100 millones en 139 transacciones”. Las empresas del sector en la región recibieron nada menos que el 31% del financiamiento total. Este crecimiento exponencial fue impulsado por tres factores clave: mejoró la situación normativa, se realizaron fuertes inversiones externas y se avanzó muchísimo con la tecnología de adopción.

Lo que es más importante, América Latina tiene un enorme mercado potencial: casi el 70% de los consumidores de la región no tiene cuenta bancaria. Si bien en parte esto se debe a la desigualdad, también pesan las complicaciones normativas. Muchas veces, los bancos tradicionales exigen comprobante de empleo, y como según algunas fuentes el empleo informal alcanza el 50%, esto resulta un gran obstáculo. 

Las mujeres, líderes

Esta combinación entre desigualdad y avance tecnológico creó la tormenta perfecta para que las fintech pateen el tablero y aumenten el acceso a servicios y productos financieros en América Latina. Lo que es más importante, se trata de una revolución encabezada por mujeres que fundan empresas. “En 2019, las inversiones en equipos de fundadores de género mixto representaron el 16% de los dólares invertidos en Latinoamérica”, según TechCrunch. Esta cifra marca un fuerte contraste con EE.UU., donde aproximadamente el 9% de las startups que reciben fondos de capital de riesgo cuenta con fundadoras mujeres.

Un buen ejemplo de la tendencia en Latinoamérica es A'govest, una empresa online con dos fundadoras ?Marisol Pérez-Chow y María Fernanda Cuadra? creada para mujeres, cuyo objetivo es reducir la desigualdad de género en la región. Mediante la educación financiera y el uso de herramientas automatizadas, la plataforma apunta a levantar las barreras que impiden progresar a las mujeres e iguala las condiciones para los que quieran acumular poder financiero e independizarse.

Contar con más mujeres líderes no solo es bueno para la diversidad; las repercusiones en el ecosistema son enormes. De acuerdo con Crunchbase, “las empresas con por lo menos una mujer entre sus fundadores contratan 2,5 veces más mujeres, y las que tienen a una fundadora y una ejecutiva, 6 veces más”.

Otros puntos positivos

Las fintech latinoamericanas no solo son modelo en materia de representación de mujeres, sino también en el combate a la desigualdad de ingresos. Víctor Cortés, fundador de una plataforma de noticias sobre startups latinoamericanas llamada Contxto, explica: “Veo que algunos agentes están transformándolo todo paso a paso. Por ejemplo, Mercado Pago está ayudando a las pymes de todo el Cono Sur a digitalizarse y optimizar sus procesos financieros”.

Mercado Pago comenzó como un sistema de habilitación de pagos para su sociedad controlante, MercadoLibre, pero pronto sus fundadores notaron algo: “Observamos que en el mundo físico no se atendía bien y se ignoraba a los individuos, los microcomerciantes y las pymes [?] y que una gran cantidad de operaciones minoristas en toda la región se realizaba en efectivo”. Esto llevó a Mercado Pago a convertirse en un sistema de puntos de venta (POS) para dispositivos móviles. Hoy, sus ventas representan más de la mitad de todos los flujos de POS sin plataforma.

Desafíos

No obstante, Cortés reconoce que sigue habiendo desafíos. “En otros países cuesta más, como México, que tiene tasas de penetración de internet más bajas que Argentina y Chile y donde los comercios que solo aceptan efectivo siguen siendo muy comunes. De todas formas, las herramientas de terminales de POS accesibles como Clip y Billpocket son sin duda un gran avance”. Por otro lado, “las normas restrictivas implementadas por casos de negligencia financiera presionan mucho a las fintech pequeñas, que quizás estén tratando de hacer lo correcto, pero la tienen difícil por lo que hicieron sus antecesoras”.

El futuro de la tecnología financiera en América Latina podrá ser incierto, pero algo está claro: en pocos años, la región avanzó de manera envidiable en materia de acceso de las comunidades no bancarizadas e incorporación de mujeres a puestos de liderazgo. Esperemos que los próximos diez años de innovaciones en la región sean tan revolucionarios como los últimos diez.

Autora: Ilona Limonta-Volkova

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