Convierte modelos de IA en herramientas listas para el laboratorio, que ya se usan en universidades y farmacéuticas: Tamarind Bio, nacida en Stanford y acelerada por Y Combinator.
Historias reales exponen costos ocultos, presión financiera, soledad, tropiezos comerciales y una exposición inesperada tras dejar estructura corporativa y apostar por proyecto propio.
De un experimento con frutas descartadas en un departamento a una red logística con camiones refrigerados y márgenes superiores a los supermercados, apuesta a dominar la distribución de frescos en EE.UU. y prepara su salto a Wall Street.
Después de pagar US$45 por un aceite de barba en un centro comercial, Víctor Mendoza armó una marca que apunta al segmento medio: creció en Amazon, empujó ventas con TikTok Shop y en 2026 llegó a Walmart con apenas 36 empleados.
Relatos de emprendedores que avanzaron sin red, capital ni aval, y convirtieron la inexperiencia en motor. Casos que muestran que la práctica se forja al andar y que la supuesta falta de rodaje puede ser el impulso para animarse.
Inversores experimentados advierten sobre el auge desmedido de fondos volcados al sector, impulsado por valoraciones infladas, maniobras contables cuestionables y un mercado que margina a quienes no juegan en la liga de la inteligencia artificial.
Este emprendedor trasladó Dify a Menlo Park. La compañía de código abierto ya es rentable, cuenta con 100 empleados y más de 280 clientes, y apuesta por crecer en EE.UU. pese a la tensión bilateral.
Un grupo de referentes internacionales, desde Martín Varsavsky hasta el senador chileno Felipe Kast, acompañan el lanzamiento del fondo de private equity que apunta a US$ 50 millones e invertirá en energía, agronegocios, infraestructura y real estate.
Nicolás Abramovich y Diego Cabrosi fundaron Tienda de Puntos para acercar herramientas de lealtad a las pymes. Con inteligencia artificial y un modelo de bajo costo, la firma argentina ya opera en 300 ciudades y planea su expansión a México.
En pleno aislamiento global, la pareja invirtió sus ahorros, incluido el dinero del casamiento, para lanzar Arrae y transformar necesidades cotidianas en productos aspiracionales con respaldo científico. Así escalaron a nueve cifras y llegaron a las grandes cadenas de EE.UU.
La startup argentina cerró una ronda Seed liderada por fondos de Brasil y Estados Unidos para acelerar su desembarco en México. Con una plataforma basada en inteligencia artificial, apunta a ordenar las finanzas de desarrolladoras y constructoras.
Después de atraer 3.700 millones de dólares en capital nuevo y formar jóvenes multimillonarios en Polymarket y Kalshi, las empresas emergentes del mercado de predicciones están de moda, especialmente entre los recién graduados universitarios.
La iniciativa está liderada por Staff Sheehan, científica y emprendedora con antecedentes en Yale y en el sector de tecnologías limpias, que apuesta a reutilizar combustible gastado para desarrollar baterías de larga duración. Con respaldo de fondos privados y apoyo del Departamento de Energía de Estados Unidos, su compañía busca convertir un pasivo ambiental acumulado durante décadas en una fuente eléctrica capaz de abastecer aplicaciones civiles y militares sin recambio frecuente.
Una jugada sin precedentes que multiplica alianzas, reparte riesgos y refuerza el dominio de sus chips en un mercado todavía incierto. Mientras algunos celebran la visión estratégica, otros advierten parecidos con el desplome de Lucent en la burbuja puntocom.
Después de pasar por quirófano cuatro veces por un error médico, fundó una empresa que cruza millones de datos para señalar a los profesionales que obtienen mejores resultados. Ya consiguió clientes como Mercy y Mohawk, y levantó US$ 118 millones en una ronda liderada por Kleiner Perkins.
Con el furor por la inteligencia artificial y Wall Street batiendo récords, un puñado de compañías —de gigantes consagrados a startups explosivas— multiplicó fortunas personales y armó un club exclusivo de ricos selfmade.