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Tiene 25 años, lo respalda el creador de ChatGPT y su empresa de drones ya vale US$ 480 millones

Zoya Hasan Redactora

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China fabrica el 70% de los drones del mundo. Blake Resnick quiere cambiar ese escenario. Con el respaldo de Sam Altman y Peter Thiel, el fundador de Brinc avanza con la idea de posicionar sus cuadricópteros como la opción preferida por la policía de Estados Unidos, aunque para lograrlo necesita que el gobierno federal prohíba a su principal competidor.

17 Enero de 2026 07.30

Una mujer desesperada llamó al 911 en Queen Creek, Arizona, al sureste de Phoenix, y denunció que su novio intentaba estrangularla. Cuando los agentes llegaron al lugar, el sospechoso ya se había escapado. La policía lanzó un dron Brinc "Responder", que lo encontró unos cuatro minutos después, cerca de una carretera principal. Al interceptarlo, el hombre aseguró que estaba armado y listo para disparar. La cámara del dron hizo zoom: mentía. No había ningún arma a la vista. Los agentes se acercaron sin inconvenientes y lo arrestaron. El dron regresó a su base: una plataforma de carga de 1,5 x 1,5 metros ubicada en la terraza del departamento de policía, con puertas metálicas blancas que se cerraron como una Venus atrapamoscas mecánica.

El uso de drones para inspeccionar escenas del crimen es cada vez más habitual en las fuerzas policiales de Estados Unidos. Lo que todavía es poco frecuente es que se fabriquen en el país. DJI, el gigante chino de drones, domina el 70 % del mercado global de drones gubernamentales y comerciales, según estimaciones de analistas. Ese mercado alcanzó un valor aproximado de US$ 18.600 millones en 2024. Más del 80 % de las organizaciones de seguridad pública que cuentan con una flota de drones utilizan dispositivos de DJI, mientras que apenas el 7 % opera con los de Brinc.

Pero lo que marca la diferencia para Brinc y su fundador, Blake Resnick, de 25 años, es que el Responder se fabrica en Seattle, no en Shenzhen. Resnick confía en que las fuerzas policiales del país empezarán a utilizar drones estadounidenses, ya sea por decisión propia o porque no tengan otra opción. A partir del 23 de diciembre, si la NSA u otra agencia de seguridad no avala a DJI, sus drones quedarán prohibidos en Estados Unidos. La noticia no cayó bien entre policías y personal de emergencias, quienes dijeron a Forbes que los dispositivos del fabricante chino resultan más económicos, más confiables y técnicamente superiores.

Uno de los drones más avanzados de DJI para uso policial, el Matrice M30T, cuesta cerca de US$ 15.000. El Responder de Brinc, que ofrece prestaciones similares, tiene un precio inicial de US$ 20.000. El propio Resnick lo reconoce: "DJI fabrica productos increíbles a precios muy bajos".

Sin embargo, cuando entra en juego la seguridad nacional, también aparece la posibilidad de hacer negocios. Brinc y Resnick se alinearon con el discurso del "América Primero" y alcanzaron una valoración de US$ 480 millones, después de recaudar US$ 157 millones de inversores como Motorola, el fondo londinense Index Ventures y multimillonarios como Sam Altman, Peter Thiel y Dylan Field, cofundador de Figma.

Resnick no esconde su postura frente a la disputa geopolítica. "No creo que sea saludable que el mundo libre controle menos del 5 % del mercado global de drones", afirma desde su oficina en la sede de Brinc, en Seattle, con vista a filas de ingenieros con batas azules que ensamblan las plataformas de carga del Responder. "En definitiva, somos el DJI de Occidente", precisa.

Cody Pickens para Forbes
Cody Pickens para Forbes.

En esa misma oficina cuelga, enmarcada, una copia de las sanciones que Pekín impuso tanto a la empresa como a él. En diciembre pasado, China prohibió a Brinc y a Resnick —junto con otras empresas— hacer negocios en su territorio o viajar al país. Además, Resnick fue una de las figuras que impulsaron la inminente prohibición de DJI. En los últimos tres años, destinó US$ 660.000 a tareas de lobby, entre ellas, presionar por mayores controles sobre el uso de drones fabricados en China dentro de Estados Unidos.

Se trata de una suma considerable para una empresa que aún no es rentable y que, según estimaciones de Forbes, el año pasado facturó apenas US$ 5 millones, aunque proyecta cerrar este año con US$ 15 millones. Aun así, la apuesta es clara. Si la prohibición se concreta, "habrá una enorme cantidad de demanda para nosotros", dice Resnick, cuya participación estimada del 40 % en Brinc hoy vale US$ 192 millones.

Los congresistas más duros con China temen que los dispositivos de DJI puedan usarse para enviar información confidencial sobre ciudadanos estadounidenses a Pekín. La empresa, sin embargo, viene desmintiendo esas acusaciones desde hace tiempo y sostiene que no tienen fundamento. Adam Welsh, director de política global de DJI, declaró: "El gobierno estadounidense tiene todo el derecho a reforzar las medidas de seguridad nacional, pero esto debe ir acompañado del debido proceso, la equidad y la transparencia". Al igual que TikTok, la compañía ahora le pide al gobierno de Estados Unidos que inicie una revisión de su tecnología o que le conceda una prórroga. La Comisión Federal de Comunicaciones no respondió a los reiterados pedidos de comentarios.

Aunque no pertenece a la gama más alta de DJI, el Responder —que salió al mercado el año pasado— está lejos de ser un fracaso. Desde sus plataformas de carga, estos drones pueden llegar a una emergencia en un radio de 3,2 kilómetros en 70 segundos o menos. Un Responder, que los oficiales controlan en gran medida de forma remota, puede volar hasta 42 minutos con la batería completa y necesita solo 35 minutos para recargarse.

Pese a que Queen Creek tiene menos de 90.000 habitantes, su único dron Responder ha tenido bastante trabajo. Desde que en junio ese departamento de policía se convirtió en uno de los primeros del país en probar el dispositivo, el Responder participó en más de 450 misiones, incluyendo robos, agresiones sexuales, suicidios y reportes de disparos. Fue el primero en llegar al lugar en 131 de esos casos y gestionó 35 situaciones sin presencia de un oficial, como reportes automáticos —muchas veces falsos— de choques.

El jefe de policía Randy Brice aseguró que planea adquirir una flota completa. Los drones más antiguos del departamento —fabricados en su mayoría por DJI— están quedando en desuso. "Queríamos encontrar un producto de fabricación estadounidense que no se viera afectado por ninguna prohibición", dijo.

Además del Responder, que está diseñado específicamente para responder a llamadas al 911, Brinc también comercializa el Lemur —con un precio inicial de US$ 10.000—, pensado para operativos en interiores por parte de equipos SWAT, y el Brinc Ball, un dispositivo de comunicación del tamaño de una pelota de softbol que cuesta US$ 2.500 o más. Este último se puede lanzar en situaciones en las que resulta demasiado riesgoso establecer contacto directo o entregar un teléfono celular, como tomas de rehenes o catástrofes naturales.

Hasta ahora, Brinc logró atraer a más de 700 clientes, en su mayoría departamentos de policía. De ellos, unos 100 compraron al menos un Responder. Los compradores van desde agencias pequeñas y medianas, como el Departamento de Policía de Pueblo, en Colorado, hasta la fuerza más grande del país: el Departamento de Policía de Nueva York. A nivel federal, uno de los usuarios es el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

El momento de Brinc podría no limitarse a tareas policiales. También podría llegar en el frente militar. "Me importa que exista la democracia", dice Resnick.

Los orígenes de Brinc se remontan a octubre de 2017, cuando Resnick, con 17 años, estaba en la casa de su infancia en Las Vegas. A solo 20 minutos de ahí, un hombre armado abrió fuego desde la habitación de un hotel en el piso 32 del Strip contra los asistentes al Festival de la Cosecha de la Ruta 91. El ataque dejó 58 muertos y más de 400 heridos. Resnick, que desde los 10 años construía drones, se preguntó por qué la policía no había usado uno en una situación así. Empezó a insistirle al departamento de policía local para tener una reunión.

 Resnick confía en que las fuerzas policiales del país empezarán a utilizar drones estadounidenses
 Resnick confía en que las fuerzas policiales del país empezarán a utilizar drones estadounidenses.

Finalmente, mientras tomaban un café en un Einstein Bros. Bagels del barrio, el teniente Will Huddler, del Departamento de Policía Metropolitana de Las Vegas, escuchó con escepticismo a ese adolescente desgarbado de 1,90 metros, con una mata de pelo castaño y enrulado, que le aseguraba que podía construir un dron distinto a cualquier modelo comercial, con funciones específicas para operativos SWAT. Huddler decidió darle una oportunidad: le dio 90 días para presentar un prototipo.

Resnick se puso a trabajar de inmediato. Empezó a ensamblar los componentes —la mayoría fabricados en China— en la mesa del comedor de sus padres. El día 86, presentó el dispositivo ante 40 miembros del SWAT. Falló. Un oficial lo tiró al suelo con una toalla. Esa simple maniobra bastó para demostrar que el dron no estaba listo para el uso en el mundo real.

Pero Resnick no se rindió. Los drones eran una obsesión más, después de años desarmando juguetes, luego secadores de pelo y más tarde microondas. Un diagnóstico temprano de dislexia jugó a su favor: tomó clases extra, se saltó sexto grado, cursó solo un año y medio de secundaria y a los 14 años ya estaba en la Universidad de Las Vegas. Más tarde vinieron pasantías en McLaren y Tesla, y un paso por Northwestern, donde estudió ingeniería mecánica. Se tomó unos meses libres para hacer prácticas en DJI, en Palo Alto, California. Allí pudo ver de cerca cómo el principal fabricante del mundo construía sus drones. Nunca volvió a la universidad: dejó los estudios a principios de 2017 para intentar construir los suyos.

Tres meses después de aquel primer intento fallido con el equipo de Las Vegas, Resnick volvió a llamar. Esta vez presentó un dron que podía enderezarse solo. Huddler, impresionado, lo invitó a acompañar al equipo SWAT en algunos patrullajes. Resnick recuerda cómo le ajustaron "un casco táctico sobre esa hermosa cabellera". Junto con el equipo, desarrollaron el Lemur, que terminaría siendo el modelo insignia de la empresa. Brinc —acrónimo de Blake Resnick Inc.— se constituyó oficialmente en 2018, y el primer cliente fue la Policía Metropolitana de Las Vegas.

Durante dos años, Brinc fue una operación de una sola persona. Todo cambió cuando Resnick recibió US$ 100.000 de la Beca Thiel, un fondo destinado a jóvenes emprendedores que deciden no ir a la universidad. La empresa generaba ingresos por US$ 100.000 al año, pero si quería crecer, necesitaba una inyección de capital. La solución apareció en la figura de Sam Altman, CEO de OpenAI y uno de los inversores tecnológicos más activos del momento.

En 2020, Resnick participó en una videollamada con un contacto de un amigo que buscaba oportunidades de inversión. El interlocutor se conectó por Zoom desde la cama y sin remera. A mitad de la presentación, lo interrumpió para decirle que no iba a invertir, pero que lo pondría en contacto con otras personas, entre ellas una expareja de Altman. Poco después, Altman le escribió directamente a Resnick por correo electrónico. Le preguntó por ingresos, clientes, usos del producto, ritmo de crecimiento y cuánto planeaba recaudar. Resnick respondió de inmediato. 36 horas más tarde, Altman le confirmó: "De acuerdo, me gustaría invertir". El primer cheque fue por US$ 2 millones. Más adelante sumó al fundador de Scale AI, Alexandr Wang, quien aportó otros US$ 150.000. "Realmente me cambió la vida", dice Resnick. "Ese dinero me dio el capital y la credibilidad que necesitaba para conseguir nuestra primera sede y contratar a los primeros empleados", comenta.

El uso de drones para inspeccionar escenas del crimen es cada vez más habitual en las fuerzas policiales de Estados Unidos.
El uso de drones para inspeccionar escenas del crimen es cada vez más habitual en las fuerzas policiales de Estados Unidos. 

Esa primera inversión también le abrió las puertas a rondas de financiación mucho más grandes. Gracias a la presentación de Wang, Brinc logró captar el interés de la prestigiosa firma Index, que lideró la ronda Serie A de US$ 25 millones en 2021, y luego otra de US$ 75 millones en abril de este año. Peter Thiel también aportó una suma menor en 2022, el mismo año en que Resnick fue incluido en la lista Forbes 30 Under 30. "Es una esponja", dijo Vlad Loktev, socio de Index. "Darse cuenta de que todavía queda mucho por aprender es muy importante, sobre todo cuando alguien crea una empresa siendo tan joven", contó.

En las instalaciones de 2.044 metros cuadrados que Brinc ocupa en Seattle desde 2021, Resnick lanza con fuerza un dron Lemur al aire y lo empuja contra el suelo, tal como ocurrió en la prueba original con la Policía de Las Vegas. El aparato zumba con potencia, como una abeja mecánica gigante, se endereza solo y vuelve a quedar suspendido a la altura de los ojos. En el controlador portátil, aparece la transmisión en vivo de la cámara del dron. Luego, Resnick marca un número en su celular y se conecta directamente con el Lemur, gracias a las alianzas que Brinc firmó con AT&T, T-Mobile y Verizon.

Para su siguiente demostración, muestra cómo el Lemur puede romper ventanas rápidamente, usando una punta de un material extremadamente duro que combina tungsteno y carbono. El impacto es inmediato: los fragmentos de vidrio se esparcen por el estacionamiento exterior. Resnick pasa poco tiempo en la sede central. Actualmente viaja tres días por semana, promocionando el Responder ante jefes de policía y alcaldes. Huddler también aparece de vez en cuando. Ya retirado de la Policía de Las Vegas, ahora es vicepresidente de éxito del cliente en Brinc y entrena a otros agentes en el uso de los drones. Según estima Resnick, cerca del 15 % de los equipos SWAT de Estados Unidos utilizan hoy el Lemur, que se convirtió —por lejos— en el producto más exitoso de la empresa.

Sin embargo, no todos creen que los dispositivos de Brinc estén a la altura de los de DJI, sobre todo cuando se los prueba en condiciones más exigentes. Kyle Nordfors, miembro de la Asociación de Rescate de Montaña de Utah, opera drones en misiones del SWAT y en zonas de alta montaña, como las Rocosas, cuando hay escaladores en peligro. Según él, los modelos de Brinc no son lo suficientemente confiables, ágiles ni veloces como para asistir en situaciones de "vida o muerte". "Los dispositivos de DJI son simplemente mejores en todos los sentidos", aseguró.

Algunas fuerzas policiales también reportaron problemas. "El alcance es sin duda un problema", afirmó Luis Figueiredo, piloto de drones de la policía de Nueva Jersey, que ha operado el Lemur. Además, la herramienta para romper vidrios "no siempre funciona como se espera", agregó.

Incluso si finalmente se prohíbe a DJI, Brinc enfrenta competencia dentro de Estados Unidos. El rival más fuerte es Skydio, una empresa con sede en San Mateo, California, que recaudó más de US$ 730 millones de fondos de capital riesgo, entre ellos de Andreessen Horowitz, y que ya cuenta con más de 1.000 clientes en el área de seguridad pública. Desde 2021, el ICE invirtió US$ 1,4 millones en drones de Skydio, frente a apenas US$ 80.000 en equipos de Brinc. El Departamento de Policía de Nueva York, por su parte, tiene 41 drones de Skydio, 40 de DJI y solo 6 de Brinc.

Aun así, Brinc tiene otra puerta abierta: la defensa. Después de la invasión rusa a Ucrania en 2022, la empresa envió 60 drones Lemur a Kiev para colaborar en misiones de búsqueda y rescate. Hasta ahora, Resnick solo tuvo reuniones preliminares con funcionarios del Departamento de Defensa y no avanzó en la firma de contratos con el Pentágono. Sin embargo, la experiencia en Ucrania le permitió entender cómo fabricar drones capaces de operar en condiciones donde las señales de radio y GPS están constantemente interferidas.

Podría estar cerca el turno de Brinc también en el campo de batalla. "Me importa que exista la democracia", dice Resnick. Si Estados Unidos entrara en guerra con China, él no tendría dudas. Sería, asegura, como en aquellos días posteriores al tiroteo en el festival de música: no podría quedarse al margen.

*Con información de Forbes US.

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