Google desarrolla sus propios chips de IA para superar a Nvidia. Sin embargo, su estrategia no termina de abordar el problema de raíz y pierde peso frente a la competencia.
Gigantes tecnológicos premian el uso intensivo de asistentes para programar, convencidos de que ese gasto acelera el desarrollo y les otorga una ventaja frente a una competencia cada vez más feroz.
La función agrega retoques con IA sobre escenas conocidas, altera rasgos y estilos visuales, y abrió una discusión por el costo artístico, el consumo energético y el riesgo de volver inevitable ese cambio.
El entendimiento surgió tras una reunión clave entre Jensen Huang y Jonathan Ross, que derivó en una jugada veloz para integrar chips, talento y negocio en plena disputa por dominar la inferencia en IA.
La empresa prepara NemoClaw, plataforma abierta de agentes para compañías, presentada ante gigantes tecnológicos antes de la GTC. El movimiento apunta a instalar su arquitectura en el desarrollo de sistemas inteligentes usados por empresas.
La tecnológica fundada por exingenieros de videojuegos desarrolla un sistema capaz de generar escenarios digitales a partir de texto y atrae inversiones récord de Silicon Valley.
La compañía busca reforzar su ecosistema tecnológico mediante modelos open-weight y una apuesta fuerte en desarrollo propio. El movimiento intenta sostener la dependencia de sus GPU frente al avance de AMD, chips de hyperscalers y nuevas herramientas que reducen la ventaja de CUDA.
El grupo japonés redobla su apuesta por la inteligencia artificial con una jugada audaz de Masayoshi Son: salir del fabricante de chips más valioso y cargar deuda para respaldar al creador de ChatGPT, mientras intenta capturar valor en distintos niveles de la cadena tecnológica.
La mayor empresa del planeta superó todas las previsiones con ingresos y utilidades históricos, pero el mercado castigó la acción. Detrás del rojo aparecen temores sobre la burbuja de inteligencia artificial y la sostenibilidad del negocio de centros de datos.
La compañía de Mark Zuckerberg comprará seis gigavatios de GPU y evalúa tomar hasta 10% del fabricante de chips, en una movida multimillonaria que sacudió a Wall Street y volvió a encender la pulseada con Nvidia.
Con balances a la vista, la apuesta gira en torno a si el salto en inversión en IA sostendrá márgenes y utilidades o si el avance de chips propios y la presión sobre el gasto pondrán un techo al rally. El mercado divide aguas y la volatilidad asoma.
El boom de las salidas a bolsa vinculadas a la inteligencia artificial disparó fortunas en tiempo récord y puso a un puñado de emprendedores tecnológicos en la primera línea del tablero global, apalancados por el respaldo de Pekín y el apetito de los mercados.
Con el respaldo de OpenAI y fondos de peso, Cerebras busca romper el monopolio de las GPU con una arquitectura colosal que apunta directo a los centros de datos que entrenan modelos de inteligencia artificial.
La compañía busca ganar terreno en el negocio de los datos en tiempo real, con el ojo puesto en el desarrollo y el despliegue de herramientas automatizadas para empresas.