En un mercado históricamente dominado por el boca a boca, los papeles en la heladera y los grupos de WhatsApp, una startup argentina decidió que el problema no era conseguir un plomero o un electricista, sino entender qué estaba pasando en la casa del usuario. Así nació Clickie, una plataforma que combina oficios y inteligencia artificial (IA) para ordenar un sector que mueve millones pero que nunca tuvo un jugador líder.
“El mercado de los servicios del hogar en Argentina venía funcionando con la misma lógica desde hace décadas: boca a boca, recomendaciones informales, grupos de WhatsApp o Facebook y, sobre todo, mucha incertidumbre”, resume Tomás Dáscola, CEO y cofundador de Clickie. Del lado del usuario, el diagnóstico era contundente: “no sabía qué le estaba pasando, cuál era el origen, qué consecuencias podía tener ni cuánto iba a costar. Tampoco sabía con quién estaba tratando”. Del lado de los profesionales, la foto no era mejor: dependencia total del boca a boca, gestión manual de chats y llamadas, y pedidos mal definidos que derivaban en pérdida de tiempo y baja conversión.
En 2023, Dáscola y su socio Gonzalo Alegre transformaron esa frustración en oportunidad. “No era un problema chico, era un sistema roto en una industria enorme”, señala el emprendedor, que ya había tenido un primer acercamiento al ecosistema tech cuando participó en un concurso de emprendimiento en Silicon Valley en 2019. Al equipo se sumó luego Ignacio Turelli, CMO, y juntos terminaron de darle forma a la compañía.
De un link básico a una IA entrenada con 1.000 oficios
Los primeros pasos fueron deliberadamente austeros. “Los primeros pasos fueron muy simples y con una lógica clara: validar rápido y barato”, cuenta Dáscola. El primer MVP fue una webapp “literalmente un link”, sin chat interno: los fundadores oficiaban de intermediarios entre usuario y técnico. El primer cliente fuera del círculo cercano fue una vecina de uno de los fundadores, que había pedido recomendaciones en el grupo de WhatsApp del edificio.
Esa prueba inicial sirvió para confirmar que el dolor era masivo. A partir de allí, Clickie empezó a incorporar IA de forma progresiva: primero para mejorar el diagnóstico del problema, luego para estructurar y comparar presupuestos y hoy como “parte central del sistema”. El modelo combina datos propios de dos años y medio de operaciones con modelos de lenguaje de última generación.

“Clickie es un asistente con inteligencia artificial que resuelve, de punta a punta, los servicios del hogar”, define el CEO. La diferencia central con un marketplace tradicional es que “antes de conectar, entiende y diagnostica el problema”. El usuario ingresa frases del mundo real —“no me prende el termotanque”, “tengo una pérdida en el baño”— y la IA, entrenada con miles de casos reales, traduce esos síntomas en un diagnóstico probable, sugiere un precio de referencia y asigna al técnico adecuado.
“Hablar con Clickie es como hablar con 1.000 plomeros, electricistas y gasistas a la vez”, grafica Dáscola. La tesis fundacional es clara: “no buscamos reemplazar al profesional con IA, sino potenciarlo”. La idea es que el técnico no vaya a “mirar qué pasa”, sino a resolver un problema ya interpretado, con información previa y un presupuesto orientativo.
Números que escalan: usuarios, oficios y GMV
Detrás del relato hay métricas que empiezan a tomar volumen. Desde su lanzamiento en Córdoba, Clickie ya superó los 18.000 usuarios y cuenta con más de 5.000 técnicos verificados activos en Córdoba y Ciudad de Buenos Aires. Actualmente procesa alrededor de 150 órdenes mensuales finalizadas, con indicadores de recurrencia que desafían el prejuicio de que los servicios del hogar son de baja frecuencia: “el 80% de los usuarios que vuelven a pedir un servicio lo hacen 2 o 3 veces en los siguientes 3 meses”, señala el equipo.
En términos de negocio, la plataforma alcanza hoy un GMV cercano a 10 millones de pesos por mes, creciendo entre 25% y 30% mensual. Su proyección es cerrar el año con una facturación cercana a los U$S 200.000, apalancados en la consolidación de Buenos Aires, la expansión al Gran Buenos Aires y el desembarco en Santiago de Chile. El modelo es transaccional: Clickie cobra una comisión del 15% al profesional y, en algunos casos, un 5% al usuario. Además, ofrece una suscripción Clickie Pro por U$S 15 mensuales, que reduce la comisión al 12% y mejora el posicionamiento del técnico dentro de la app.

Del lado de la oferta, los datos muestran la tracción del modelo como herramienta de empleo. Según un fact sheet de mayo de 2026, la plataforma ya suma 5.117 profesionales registrados, de los cuales 1.164 completaron el proceso de habilitación operativa —que incluye antecedentes penales, matrículas y referencias—. En los últimos tres meses, incorporó 2.320 nuevos profesionales, un crecimiento de 82,9% de la base en un solo trimestre. La calificación promedio que reciben los técnicos es de 4,94 sobre 5, construida servicio a servicio.
El “momento Uber” de los oficios
Para Clickie, lo que está ocurriendo con los oficios técnicos en Argentina se parece a lo que pasó con el transporte cuando aparecieron Uber o Cabify. “Los oficios viven su momento Uber”, resumen en la compañía. Cada vez más jóvenes y trabajadores en reconversión eligen capacitarse en plomería, electricidad, gas o refrigeración como salida laboral. La plataforma funciona como habilitador: convierte esa formación en demanda concreta, sin que el profesional tenga que invertir en publicidad ni construir clientela desde cero.
“Clickie ya emplea a más de 5.000 profesionales de oficios en Argentina”, destacan los fundadores, y subrayan que el objetivo no es solo dar más trabajo, sino “mejor trabajo”. La app ofrece agenda digital de visitas confirmadas, seguro de accidentes personales gratuito para cada servicio y una reputación pública que funciona como nuevo CV. “La calificación pública es el nuevo currículum del oficio”, sostienen.
La seguridad es otro eje central en un modelo que implica que “una persona entre a la casa de otra persona”. Por eso, la empresa implementa verificación previa de profesionales, identidad verificada de usuarios y un sistema de calificación bidireccional: el cliente evalúa al técnico, pero el técnico también califica al cliente.
Capital propio, ronda ángel y expansión regional
Los primeros 18 meses de Clickie se financiaron casi exclusivamente con capital de los fundadores. “Operamos durante el primer año y medio con costos cercanos a los U$S 200 mensuales”, cuenta Dríscala. Recién con el producto validado y métricas sólidas cerraron su primera ronda ángel por U$S 150.000, con la participación de Fernando Canzani y Toronto Trust, del grupo Banco Hipotecario.
La inyección de capital llega para acelerar producto y marketing, consolidar la operación en Ciudad de Buenos Aires, expandirse al Gran Buenos Aires y dar el primer paso internacional con la apertura en Santiago de Chile. En paralelo, la startup fue seleccionada por el programa Canopy de Founder Inc, quedando entre las elegidas dentro de un universo de más de 6.500 startups postulantes a nivel global, y sumó como mentor a Zev Siegl, cofundador de Starbucks.
El plan financiero proyecta alcanzar el punto de equilibrio hacia fines del cuarto trimestre. “El objetivo no es buscar la rentabilidad sacrificando crecimiento; al revés, estamos enfocados en seguir creciendo en usuarios y mejorar la experiencia”, explica el CEO. “Cada usuario que tiene una buena experiencia con Clickie suele volver, y esa recurrencia es la base de nuestra proyección”.
De app de servicios a infraestructura del hogar
A mediano plazo, la ambición va más allá de resolver emergencias puntuales. “Nuestra visión es convertirnos en la plataforma líder en servicios del hogar para América Latina”, afirma Dáscola. La hoja de ruta contempla levantar una ronda Seed para escalar en la región, con foco en mercados donde ya existen referentes como GetNinjas en Brasil, Habitissimo en España o TaskRabbit en Estados Unidos, pero donde —según Clickie— todavía falta una capa clave: el diagnóstico previo.
“No conectamos personas, resolvemos problemas”, sintetiza el emprendedor. En un contexto donde la IA suele asociarse al riesgo de reemplazo de empleos, la startup apuesta por otra lectura: “Los oficios no van a ser reemplazados por la IA, la IA los va a potenciar”. Si su tesis se confirma, la próxima vez que se rompa algo en la casa de un usuario argentino —o chileno— la primera reacción ya no será pedir el teléfono de “un conocido”, sino abrir una app que promete entender el problema antes que nadie.