Jessica Kessel tiene una forma particular de medir el éxito de su negocio, observar cómo una mujer se prueba un par de zapatos que, en principio, creía que no eran para ella.
"Cada vez que una mujer me dice: "Me encantan, pero no son para mí", y cinco minutos después se va con ese mismo par puesto, me emociona", cuenta. Luego, explica que esa reacción resume el propósito de su marca, crear piezas que se distingan por sus formas, colores y materiales, pero que también inviten a animarse a algo diferente.
Esa búsqueda estética convive con una participación directa en cada etapa de producción. Kessel recorre fábricas, revisa hormas, selecciona cueros y prueba personalmente los zapatos antes de aprobarlos. Su trabajo involucra las decisiones que definen la fabricación, la comodidad, el diseño y el producto final.
La marca nació en 2012 ante la dificultad de encontrar zapatos que combinaran diseño, comodidad e identidad propia. Por eso, decidió aprender cómo se fabricaban.
El primer impulso llegó durante una sesión de terapia. Al día siguiente, se contactó con un maestro zapatero para conocer el proceso de producción. En mayo de ese año comenzó a fabricar y, en agosto, lanzó la marca con una primera tanda de 50 pares. Más de una década después, aquel proyecto se convirtió en un negocio que combina producción artesanal, locales físicos, comercio electrónico y una línea de marroquinería.
Una marca de autor en el mercado actual
La industria del calzado atraviesa un escenario complejo. Durante el primer semestre de 2026, la producción nacional cayó un 23,3% interanual y totalizó 34,5 millones de pares, según un informe de IES Consultores (Investigaciones Económicas Sectoriales). Esta situación se produjo en un contexto de mayor apertura comercial y competencia de productos importados.
"Vivimos en un mercado donde el fast fashion, las importaciones y la compra por precio ganaron muchísimo terreno. Nosotros elegimos otro camino, el diseño de autor, los materiales nobles, la producción artesanal y la exclusividad", sostiene.
La diseñadora busca que cada clienta encuentre un diseño con el que se identifique y quiera seguir usando con el paso del tiempo. "Mi objetivo es tener un producto que dure para toda la vida", explica.
En 2026, Kessel optó por reducir parcialmente el volumen y concentrarse en variantes de modelos existentes, junto con nuevas propuestas que puedan permanecer en el catálogo. La intención es darles tiempo a los productos para encontrar su público, en lugar de reemplazar toda la oferta con cada temporada.
"Me encanta meterme en los talleres, revolver, encontrar hormas olvidadas, descubrir cueros y materiales que otros quizás pasaron por alto. Muchas veces, de esos hallazgos aparecen las mejores ideas. Me gusta experimentar, recuperar y transformar. No sigo una fórmula", explica.
Algunos zapatos combinan hasta tres tipos de cuero y se producen en ediciones limitadas, de acuerdo con la disponibilidad de los materiales. Una partida de cuero que quedó guardada durante año puede convertirse en el origen de una colección, mientras que la mezcla de texturas y colores permite desarrollar piezas alejadas de las propuestas convencionales.
El desarrollo de cada modelo puede llevar desde 30 días hasta varios meses e incluso extenderse durante uno o dos años. El proceso incluye pruebas, ajustes y evaluaciones de la horma, el taco y la comodidad. Antes de aprobar un diseño, Kessel lo prueba personalmente para comprobar cómo responde en el uso diario.
La empresa trabaja con lotes pequeños y adapta las cantidades a los materiales disponibles y a la respuesta de las clientas. Utiliza principalmente cuero vacuno, tanto en el exterior como en el forro, y desarrolla modelos con tacos de hasta ocho centímetros. Los precios de los zapatos oscilan entre $ 250.000 a $ 500.000.
Un modelo de negocio apoyado en una comunidad de clientas
A los zapatos se sumaron cinturones, anteojos y carteras, mientras que Kessel evalúa incorporar nuevas piezas de cuero, como faldas. "Nos interesa construir una relación cercana con una comunidad que busca algo diferente y está dispuesta a invertir en calidad, diseño y exclusividad", indica la emprendedora.
La diseñadora escucha a las clientas, observa cómo calzan los zapatos y toma nota de sus preferencias en materia de comodidad, colores y diseños. Entre quienes eligieron sus creaciones se encuentran la escritora y periodista Mariana Enriquez y la actriz y directora de cine y teatro Lorena Vega, entre otras figuras.
Esa escucha también se traduce en decisiones sobre el producto. La emprendedora comenzó a ampliar su oferta de talles y algunos modelos ya se desarrollan en talles 41, 42 hasta 43, a partir de los pedidos de las clientas.
Durante 2026, la empresa lleva producidos alrededor de 1.500 pares. Sin embargo, el volumen no es principal indicador de éxito para Kessel. "Nuestro objetivo nunca fue producir por producir", afirma.
San Telmo fue el primer local de la marca y continúa siendo un punto central para el desarrollo de la marca. Allí construyó una relación con sus clientas y consolidó una propuesta que combina diseño independiente con una experiencia de compra personalizada.
Actualmente, el negocio cuenta con dos locales propios, en San Telmo y Palermo, una tienda online y presencia en Recoleta a través de una franquicia. La apertura de Palermo, realizada junto con inversores externos, representa una nueva etapa comercial y apunta a acercar la marca a un público más local. San Telmo, en cambio, tiene un componente turístico más marcado.
"Para mí, crecer no significa necesariamente abrir muchos locales. Significa elegir bien dónde estar, mantener nuestra identidad y construir espacios que tengan sentido tanto para las clientas como para el negocio", sostiene.
En Palermo, el ticket promedio por compra ronda los $ 430.000. En un mes habitual, la venta presencial representa cerca del 70% de las operaciones, frente al 30% del canal online. Durante eventos comerciales como el Hot Sale y el Cyber Monday, la proporción puede acercarse al 50% para cada canal. En los puntos de venta trabajan cuatro personas, mientras que otras colaboradoras y profesionales participan en áreas como marketing y publicidad.
Crecer sin producir en masa
Las clientas extranjeras representan el 41% de la facturación presencial. Reciben visitantes de Estados Unidos, México, Perú y Chile. "Me resulta interesante que mujeres de distintas partes del mundo encuentren en nuestros zapatos algo que las identifique. Muchas nos descubren durante sus viajes a Buenos Aires y después siguen conectadas con la marca a través de las redes sociales", comenta.
La empresa realizó envíos anteriormente a México y España. Si bien actualmente no está exportando, tiene interés en retomar y desarrollar su actividad exportadora.
A través de Instagram, la marca recibe consultas de mujeres que conocieron sus productos en Buenos Aires y quieren volver a comprarlos desde sus países. Para responder a esa demanda, trabaja en el desarrollo de una página web con alcance internacional que permita realizar envíos al exterior y superar las barreras logísticas y comerciales que hoy limitan las operaciones.
"Para 2027 proyectamos un crecimiento del 33% en facturación respecto del cierre estimado de 2026. Queremos consolidar nuestros puntos de venta, seguir desarrollando Palermo y potenciar el canal online", indica la diseñadora de autor.
Durante este año llevan producidos alrededor de 1.500 pares y mantiene en su catálogo diseños que se convirtieron en clásicos, como las botas "Me quiero Ir a Tokio" y los zapatos "Sita". La colección también incorpora mocasines, Oxford, sandalias, suecos y combinaciones de cueros que permiten renovar la oferta sin abandonar su identidad.
"Estamos explorando nuevas oportunidades de expansión, tanto en Argentina como en el exterior. Tenemos una comunidad internacional que ya conoce nuestros productos y uno de nuestros grandes desafíos en facilitarles la posibilidad de comprar desde sus países. Queremos crecer como negocio, pero sin perder la exclusividad y la libertad creativa que nos trajeron hasta acá", concluye la emprendedora.