El dilema económico de la IA: las inversiones crecen, pero solo el 12% de las organizaciones mide su rentabilidad real
Florencia RadiciEditora
Florencia RadiciEditora
A medida que (IA) se integra en las operaciones neurálgicas de las organizaciones, el foco de los líderes empresariales viró radicalmente: el debate ya no pasa por comprobar si la tecnología funciona, sino por definir cómo se gobierna, protege, coordina y mide a gran escala. Así lo indica la más reciente encuesta trimestral de KPMG International, Global AI Pulse Survey (Q3 2026), elaborada a partir del testimonio de 2.131 ejecutivos de la alta dirección en 20 países.
Uno de los datos centrales del relevamiento muestra que el 86% de las organizaciones está adaptando sus operaciones de ciberseguridad y reforzando políticas, procesos y controles frente a amenazas aceleradas por esta tecnología. La inquietud por la seguridad, la soberanía de los modelos y la dependencia de proveedores se convirtió en un asunto crítico de resiliencia y continuidad operativa, especialmente entre las compañías que ya perciben retornos medibles.
El estudio destaca que la madurez en el uso de la IA tiende a emparejarse entre las distintas geografías. Actualmente, el 64% de las compañías de las Américas implementa IA a gran escala o en niveles superiores de madurez, frente al 61% en Asia-Pacífico y el 56% en Europa, Medio Oriente y África (EMEA). Esta brecha regional se redujo a la mitad respecto al primer trimestre del año (de 16 a 8 puntos porcentuales), en un contexto donde la inversión media prevista para los próximos 12 meses trepó de US$ 186 millones a US$ 210 millones.

Frente a esta expansión, Lisa Heneghan, Global Chief Digital Officer de KPMG International, enfatiza: "Lo que exige la IA a escala no es simplemente más IA, sino la capacidad de gobernarla eficazmente mediante mecanismos sólidos de responsabilidad y coordinación, tratándola como una prioridad estratégica para toda la organización. Alcanzar el éxito a escala requiere que la alta dirección asuma la responsabilidad, establezca marcos de gobernanza y controles robustos capaces de transformar la inversión en resultados, sin perder el control de los riesgos y garantizando un crecimiento seguro, sostenible y rentable".
En sintonía, Mauro Avendaño, socio de Tecnología de KPMG Argentina, remarca las claves que diferencian a los líderes del mercado: "Las organizaciones que logran adelantarse en el uso de IA tienen algo en común: la alta dirección asume responsabilidad, hay una capa de control y la relación entre costo y valor se mide, incluso de forma sistemática, ya que este es el punto de mayor brecha y menor madurez. La ventaja, en este momento donde la madurez se está igualando, ya no está en adoptar IA, sino en escalarla correctamente. Manteniendo la ciberseguridad y la soberanía de los modelos, como temas críticos de continuidad del negocio".
La investigación evidencia que el despliegue a gran escala viene acompañado de capas técnicas de gestión: el 55% de las organizaciones ya opera una capa de orquestación (o capa de control y gestión de IA) situada entre las aplicaciones/usuarios y los modelos. Este porcentaje escala al 86% en aquellas compañías que reportan un retorno de la inversión (ROI) consolidado. Asimismo, el 53% sitúa la responsabilidad de las decisiones respaldadas por IA en la alta dirección o niveles superiores (35% designó a un ejecutivo específico y 18% al CEO o comité ejecutivo), mientras que la adopción significativa de agentes de IA por parte de los empleados creció del 25% al 34% entre trimestres.

Pese a estos avances organizativos, la gestión económica continúa siendo la materia pendiente. Si bien el 61% de las empresas evalúa los costos durante la aprobación y el 59% los monitorea en operación, solo el 12% analiza sistemáticamente el valor generado en relación con su costo a nivel empresarial. No obstante, entre las corporaciones que ya obtienen un ROI consolidado, esta práctica asciende al 48%.
De acuerdo con el informe, la soberanía de los modelos también gana terreno: el 72% la considera formalmente en sus decisiones operativas (y el 53% entre quienes tienen ROI consolidado), evaluando dónde residen los datos, quién los controla y cómo se resguarda la propiedad intelectual asociada. En definitiva, la próxima ventaja competitiva no residirá en la mera adopción tecnológica, sino en la capacidad de articular liderazgo directivo, resiliencia operativa y una estricta disciplina financiera para sostener los retornos en el tiempo.