Cecilia Valleboni Subeditora
En un ecosistema corporativo donde la digitalización avanza a ritmo acelerado, la comercialización inmobiliaria —especialmente en el segmento de proyectos de pozo— se ha mantenido históricamente apegada a procesos tradicionales. Planillas de Excel, archivos PDF enviados por WhatsApp, renders estáticos y listas de precios desactualizadas continúan siendo la norma en la interacción con el comprador. En ese punto de fricción identificaron una oportunidad de negocio Javier Cohen Kichik y Ariel Kuperman, dos amigos de la infancia que a mediados de 2025 decidieron unir sus trayectorias para profesionalizar la capa comercial del real estate.
La génesis de Winbuild se apoyó en la complementariedad de sus perfiles. Kuperman, ingeniero industrial y maestro mayor de obras, lideró durante una década equipos de hasta 350 personas en el sector productivo antes de migrar al ámbito tecnológico. Cohen Kichik, por su parte, traía consigo el recorrido del mundo corporativo y emprendedor: tras dar sus primeros pasos en la división digital de Clarín, fundó Buenos Aires Delivery, una de las plataformas pioneras en pedidos online del país que fue adquirida por la multinacional Delivery Hero, para luego sumar experiencia en e-commerce dentro del rubro textil. "Siempre me gustó aplicar tecnología en industrias poco digitalizadas. Primero fueron los restaurantes, después el negocio textil y ahora el real estate, un sector que recién está empezando a dar sus primeros pasos tecnológicos", explica Cohen Kichik. Por su parte, Kuperman destaca la química operativa que dio origen al proyecto: "Yo tenía el conocimiento sobre experiencias inmersivas. La pata que me faltaba era alguien con experiencia en startups y escalamiento".
Del showroom virtual a la 'estrella' del CRM especializado
La propuesta inicial de la startup se enfocó en resolver la incertidumbre del comprador de pozo mediante un showroom virtual inmersivo que permite recorrer los desarrollos y visualizar las unidades como si ya estuvieran construidas. Sin embargo, los fundadores advirtieron rápidamente que la oportunidad de mercado requería un abordaje más amplio. "El showroom virtual es el producto que genera el efecto 'wow', soluciona muchos problemas para los desarrolladores, pero nosotros somos una empresa de tecnología. Lo que hacemos es envolver a las desarrolladoras en una capa comercial tecnológica que antes no tenían", destaca Kuperman.
A partir de allí, la firma desarrolló un conjunto de soluciones comerciales integradas cuyo núcleo principal es un CRM diseñado a medida para las necesidades de la industria. "Nuestra estrella es el CRM; todo cae en esta herramienta especializada en real estate que permite manejar la operación desde el backoffice", remarca Cohen Kichik. Respecto a la constante evolución del producto, el emprendedor añade: "La idea es evolucionar todo el tiempo lo que ya tenemos para que los vendedores tengan cada vez menos trabajo manual y puedan enfocarse en el seguimiento efectivo de los leads". La oferta de la empresa se completa con un módulo pensado para vincular tecnológicamente a las inmobiliarias y brokers con las desarrolladoras, uniendo dos eslabones de la cadena que solían trabajar de manera atomizada.
Un modelo mixto, tracción regional y proyección de escala
El esquema de ingresos de Winbuild combina un cobro por única vez (one-time payment) para el desarrollo del showroom virtual con un modelo de suscripción mensual (abono) para el uso continuo de la suite de herramientas comerciales y el CRM. "Nos gusta posicionarnos como un partner comercial para los desarrolladores. Lo que buscamos es profesionalizar el área de comercialización", sostiene Kuperman sobre la filosofía del negocio.
La respuesta del mercado validó la propuesta con rapidez. "Tuvimos un muy buen timing, que es clave en tecnología. Los desarrolladores ven el cambio de época en la comercialización y había mucha sed de estas herramientas", señala Cohen Kichik. A 14 meses del lanzamiento de su primer cliente, la startup alcanzó los 150 desarrolladores en cartera —entre ellos firmas como Martín Pinus, Portland, Red Suma, Rosbaco, Root y Korn—, con presencia federal en todas las provincias argentinas y operaciones en Uruguay, Paraguay, Bolivia y Perú (donde ya trabajan con 15 firmas locales).
Con un modelo que fue rentable prácticamente desde el primer día y apoyado por el ingreso estratégico de un inversor ángel del sector, la startup —que hoy cuenta con un equipo de 25 colaboradores— proyecta cerrar el ejercicio 2026 con una facturación estimada de US$ 750.000 (con la expectativa de rozar el millón de dólares), y apunta a cuadruplicar dicha cifra para 2027. "Argentina es la punta de lanza, pero la idea es llevar la plataforma a toda América Latina. Esto recién empieza y el potencial del mercado es enorme", concluye Kuperman.