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Se necesitarían US$ 58.000 millones para poder reparar la infraestructura energética dañada por la guerra

Fernando Heredia

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Los cálculos de Rystad muestran un complejo escenario que podría afectar a los proyectos argentinos de GNL.

20 Abril de 2026 15.29

Según el análisis más reciente de Rystad Energy, los costos de reparación y restauración de la infraestructura vinculada a la energía tras la guerra podrían alcanzar los US$ 58.000 millones.

Sin embargo, para los inversores y analistas del sector, la cifra de la "factura" es solo la punta del iceberg. El verdadero desafío no es la disponibilidad de capital, sino una competencia feroz por equipos y contratistas que ya estaban comprometidos en una ola de proyectos de GNL (Gas Natural Licuado) y offshore aprobados desde 2023.

El informe advierte que la restauración de los activos dañados no está creando nueva capacidad, sino redireccionando la existente. Este desplazamiento de recursos se traducirá en retrasos en proyectos globales y una presión inflacionaria que se sentirá mucho más allá de las fronteras del Golfo.

Al mismo tiempo, es probable que las actividades de reparación retrasen la ejecución de nuevos proyectos, ya que los operadores priorizan la restauración de la producción existente sobre el desarrollo de nuevos proyectos.

De la cifra total, hasta 50.000 millones corresponden específicamente a instalaciones de petróleo y gas, mientras que otros 3.000 a 8.000 millones de dólares se destinarían a infraestructura no relacionada con hidrocarburos, como plantas de desalinización, centrales eléctricas y fundiciones de aluminio.

El impacto se distribuye de manera desigual, presentando desafíos logísticos y geopolíticos distintos. Irán es el país con la mayor cantidad de instalaciones afectadas. Bajo un escenario de "daño alto", sus costos de reparación podrían ascender a US$ 19.000 millones. La situación es crítica en las plantas de procesamiento de gas en Asaluyeh y el complejo petroquímico de Mahshahr. La recuperación iraní se prevé lenta no solo por la magnitud del daño, sino por el acceso restringido a contratistas y tecnologías occidentales debido a las sanciones.

En Qatar, aunque el impacto es más concentrado, su complejidad técnica es profunda. Los daños en Ras Laffan Industrial City afectan directamente a los trenes de GNL. Aquí, la reparación compite directamente con el ambicioso programa de expansión North Field de QatarEnergy, lo que podría retrasar meses el progreso de las nuevas obras.

Dado que estos proyectos ya están en ejecución o en las primeras etapas de construcción, existe una clara superposición entre los trabajos de expansión y las actividades de reparación dentro del mismo clúster industrial. Ambos requieren equipos de ingeniería, astilleros y personal de obra similares, aunque no siempre los mismos contratistas. Si parte de esta capacidad se redirige a las actividades de reparación, podría provocar retrasos de varios meses en los proyectos de expansión en curso, especialmente cuando los plazos ya son ajustados. 

El factor tiempo: La carrera por los suministros

Rystad Energy destaca que los tiempos de recuperación están divergiendo. Mientras que las reparaciones menores en equipos de superficie pueden resolverse en semanas, la reconstrucción de unidades de proceso centrales que dependen de equipos de largo plazo de entrega (long-lead equipment) podría extenderse por años.

"Lo que está surgiendo no es solo un programa de reconstrucción, sino una competencia por el acceso", señala el informe. Las empresas que aseguren primero los contratos de Ingeniería, Adquisición y Construcción y la fabricación de materiales críticos lograrán acortar sus plazos, mientras que el resto enfrentará demoras prolongadas.

Este problema podría afectar directamente a los proyectos de GNL que encara Argentina, especialmente los que lidera YPF por estar en una fase más incipiente. En la industria sostienen que podría provocar un incremento de costos por la competencia por estos insumos y servicios y una ralentización en algunas etapas específicas.

En un mundo que ya lidiaba con una cadena de suministro tensionada, la factura de US$ 58.000 millones del Golfo es un recordatorio de que, en el mercado energético actual, el tiempo y el acceso a la tecnología son activos tan escasos como el propio combustible

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