El emblemático edificio Kavanagh, ubicado en el corazón de Retiro, esconde una de las historias más fascinantes y románticas de la Ciudad de Buenos Aires. Su departamento más célebre, el 14 A, lleva ya 18 años en venta y, su precio ya cotiza un cuarto de su valor. Para los brokers especializados este año podría encontrar nuevo comprador.
“Todo está dado para que este año finalmente encuentre comprador. Su precio está en un valor muy atractivo y se suma que en breve se inaugurará el hotel Alvear lo que hará que la zona se revalorice”, explica Iuri Izrastzoff, director de la inmobiliaria homónima que comercializó la unidad en 2007.
Situado en Florida 1065, el Kavanagh fue inaugurado en enero de 1936. La obra, que acaba de cumplir 90 años, se realizó en tiempo récord en menos de 24 meses. Apenas terminado, se convirtió en el rascacielos más alto de Sudamérica y en la estructura de hormigón armado más alta del mundo.
Con 110 metros de altura y 30 pisos, el edificio posee cinco escaleras y doce ascensores diferenciados para cada columna de departamentos. En total alberga 105 unidades. Pero ninguna tiene la carga simbólica del 14 A. Ese departamento de más de 740 metros cuadrados fue habitado nada menos que por Corina Kavanagh, la mujer que dio origen al mito que rodea al edificio.

La historia cuenta que Corina estaba enamorada de Aarón Anchorena, hijo de Mercedes Castellanos de Anchorena, quien vivía en el palacio que hoy ocupa la Cancillería y había ordenado la construcción de la Basílica del Santísimo Sacramento. Pero, como solía suceder en las familias patricias de la época, la madre del joven no aprobó el romance.
Herida por el rechazo, Corina habría ideado una venganza. Enterada de que los Anchorena planeaban comprar un terreno frente a la iglesia, adquirió el solar lindero y mandó construir allí un edificio monumental con un único objetivo: bloquear para siempre la vista de la familia hacia la basílica. Así nació el Kavanagh, proyectado por los arquitectos Gregorio Sánchez, Ernesto Lagos y Luis María de la Torre.
Nadie sabe con certeza cuánto hay de verdad en esta versión, pero el relato se convirtió en uno de los mitos urbanos más poderosos de Buenos Aires y contribuyó a consolidar la mística del edificio, que desde su inauguración se destacó por un estilo innovador y audaz para la época.

El peso del departamento 14 A
El departamento 14 A, el más emblemático de todos, fue primero residencia de Corina Kavanagh. Más tarde pasó a manos de la familia de banqueros Roberts y, en 2003, fue adquirido por el empresario inglés Lord Alain Levenfiche.
“Se trata de un millonario inversor de bienes raíces. En ese momento estaba comprando propiedades en Tailandia, Costa de Marfil, España y Miami. Su idea fue adquirir el departamento, refaccionarlo y ponerlo en valor para venderlo”, recuerda Izrastzoff.
En aquel entonces salió al mercado por un precio inicial de US$ 7,9 millones. Luego se ajustó a US$ 6 millones. Muy lejos de esos valores, hoy se ofrece por US$ 2,6 millones. Sin embargo, para los especialistas: este año está más cerca de que se concrete la venta.

El piso tiene 740 m² totales, de los cuales 475 m² son cubiertos. Cuenta con ocho ambientes, cinco dormitorios, cinco baños y una vista única en 360° de la Ciudad de Buenos Aires.
Pocos interesados
Pero ¿por qué el histórico 14 A no logra venderse? La principal razón es simple: quienes buscan vivir en el Kavanagh pueden acceder a otras unidades por montos considerablemente menores.
Actualmente hay en oferta, en promedio, unos 15 departamentos dentro del edificio. Las unidades de cuatro ambientes se consiguen desde US$ 290.000 y las de cinco ambientes rondan los US$ 500.000. Incluso hay oportunidades por US$ 300.000 en el caso de propiedades que requieren refacciones importantes.

“Hoy es difícil vender este tipo de inmuebles. Hay más vacancia de la habitual, algo que tiene que ver con el contexto que atraviesa el mercado y con el impacto que dejó la pandemia en toda la zona céntrica de la Capital”, explica Izrastzoff. “Hay un avance, de los últimos diez años, de la villa 31” agregó
A lo largo de su historia, por el Kavanagh pasaron figuras de peso: miembros de la familia Pérez Companc, los Ezkenazi —exdueños de YPF—, el exministro José Alfredo Martínez de Hoz y el exfuncionario Carlos Corach, entre otros.
Sin embargo, los elevados costos de mantenimiento y la falta de amenities y cocheras propias hacen que, para muchos potenciales compradores, el edificio ya no resulte tan atractivo como residencia. Para algunos, el Kavanagh es más un símbolo arquitectónico y un monumento histórico que un lugar para vivir.
Se suman, además, las refacciones que le hizo su actual dueño. “Se perdió la impronta del departamento. Esto implica que para el comprador haya que encarar ahora una nueva obra”, dijo el inmobiliario.