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Uvas, viñedos orgánicos
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El negocio de beber menos: las bodegas argentinas apuestan por los vinos con baja o nula graduación alcohólica

Belén Fernández Subeditora

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Mientras el consumo mundial de vino cambia y las nuevas generaciones priorizan opciones más saludables, las bodegas argentinas aceleran el desarrollo de etiquetas con menor graduación alcohólica o directamente sin alcohol. La apuesta busca abrir nuevas ocasiones de consumo y conquistar un mercado que crece en los principales países del mundo.

22 Julio de 2026 08.03

Durante décadas, el vino tuvo una única forma de disfrutarse: con alcohol. Pero ese paradigma comenzó a cambiar. La búsqueda de un consumo más consciente, el interés por productos con menos calorías y el auge de estilos de vida saludables están redefiniendo una industria históricamente asociada a la tradición. En ese escenario, las bodegas argentinas empezaron a desarrollar una categoría que hasta hace pocos años parecía impensada: vinos con baja o nula graduación alcohólica.

El cambio responde a una transformación que ya se observa a escala global. Según datos de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), la participación de los vinos tintos en la producción mundial cayó del 48% al 43% entre 2000 y 2021. En Francia, uno de los grandes referentes del sector, hoy se produce cerca de un 50% menos de vino tinto que al inicio del milenio.

En paralelo, los blancos, con menos graduación alcohólica, ganan protagonismo. La producción mundial creció un 13% desde 2002 y actualmente representa el 49% del vino elaborado en el mundo. El consumo también muestra una fuerte expansión en mercados estratégicos: aumentó un 57,5% en Estados Unidos, un 29,3% en Australia y un 20,3% en el Reino Unido.

A ese cambio se suma otro fenómeno: los consumidores ya no necesariamente quieren dejar de tomar vino, sino elegir cuándo y cómo hacerlo. Según Kantar, el 75% de los jóvenes argentinos busca reducir su consumo de alcohol y seis de cada diez consideran atractivas las bebidas con baja o nula graduación alcohólica. A nivel global, la consultora IWSR estima que entre 2022 y 2024 el segmento incorporó 61 millones de nuevos consumidores y proyecta que generará más de US$ 4.000 millones adicionales hacia 2028.

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Los vinos con menos graduación alcohólica ganan protagonismo (Crédito: Forbes Argentina)

Con ese telón de fondo, distintas bodegas argentinas comenzaron a mover sus fichas. La novedad más reciente llegó de la mano de Rutini Wines, que presentó Trumpeter Low, una nueva línea integrada por un Malbec y un Sauvignon Blanc con una graduación alcohólica cercana al 9%, frente al 13% habitual de la marca.

"Con Trumpeter Low buscamos responder a una tendencia global: consumidores que eligen vinos más livianos, frescos y con menor graduación alcohólica, sin resignar calidad ni expresión varietal", explica Juan Pablo Murgia, enólogo de Rutini Wines.

La menor graduación se obtiene de manera natural, mediante una cosecha temprana que permite preservar la frescura, la acidez y los aromas de la uva antes de alcanzar mayores niveles de azúcar.

"Logramos un vino de alta gama reducido en alcohol. Se parece a un vino tradicional, pero más suave", señala Murgia. El 80% de la producción estará destinada al mercado argentino, aunque la línea fue concebida con una mirada global, en línea con los principales destinos de exportación de la bodega, entre ellos Brasil, Uruguay, Estados Unidos y Perú.

Si bien Rutini todavía no desarrolla vinos completamente desalcoholizados, el enólogo reconoce que el segmento ya forma parte de sus planes. "No tenemos ningún proyecto concreto en vinos 0% alcohol, pero es una categoría que pensamos trabajar en el corto plazo", adelanta.

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El vino siempre es una buena oportunidad para reunir a amigos o familia (Crédito: Forbes Argentina)

Para Murgia, la tendencia responde a un cambio estructural en la industria. "Es un producto incipiente, pero acompaña una tendencia mundial hacia vinos con menor graduación alcohólica. Hoy hay una fuerte caída en el consumo de vino a nivel mundial. Sin embargo, creo que la Argentina está siendo mirada por el mundo y tiene todo para crecer", sostiene.

La apuesta más avanzada en la categoría 0% la lidera Nieto Senetiner. Después de lanzar en 2025 el primer espumante sin alcohol elaborado íntegramente como vino y posteriormente desalcoholizado mediante tecnología, este año amplió la propuesta con tres nuevas etiquetas -Chardonnay, Malbec Rosé y Malbec-Pinot Noir- para conformar la primera línea completa de vinos sin alcohol de la Argentina.

"Con el lanzamiento del Brut entendimos que existía un consumidor que seguía valorando profundamente el ritual del vino, pero que en determinados momentos buscaba una opción sin alcohol. Esta línea amplía las ocasiones de consumo y nos permite acompañar nuevas formas de disfrute", afirma Delfina D'Alessandro, gerente de Marketing de la bodega.

El desafío no fue menor. "Nuestro objetivo fue elaborar una propuesta sin alcohol que mantuviera la esencia del vino desde su origen. Trabajamos con uvas de Mendoza, principalmente del Valle de Uco, para conservar la identidad y las características de cada varietal", explica Santiago Mayorga, enólogo de Nieto Senetiner. El resultado son vinos elaborados íntegramente como tales, con apenas 20 calorías por copa.

Otra estrategia la desarrolla Domaine Bousquet, que eligió combinar menor graduación alcohólica con menos calorías. Su línea LO CA, inicialmente pensada para Estados Unidos (donde este tipo de propuestas ya tiene una demanda consolidada), comenzó recientemente a desembarcar en el mercado argentino.

"Desde hace unos años nos sumamos a la tendencia de vinos de baja graduación alcohólica, respondiendo a una demanda de opciones más ligeras, saludables y conscientes", explica Rodrigo Serrano Alou, enólogo de la bodega.

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Las bodegas trabajan en vinos sin alcohol (Crédito: Forbes Argentina)

En este caso, la reducción del alcohol también se logra de forma natural, adelantando la cosecha de la uva para disminuir la cantidad de azúcar disponible durante la fermentación. El resultado son vinos más livianos, con menos calorías y que mantienen, además, las certificaciones orgánicas, veganas y libres de gluten que caracterizan a la bodega.

Otro de los ejemplos es el de Trivento. La bodega mendocina fue una de las primeras que reconoció estar trabajando en un vino 0% de alcohol. “Es un proyecto que venimos desarrollando hace varios años. Entendemos que es una tendencia mundial que llegó para quedarse”, dijo Marcos Jofré, CEO de Trivento bodega que exporta más del 85% de lo que produce.

Por su parte, Bodega Del Fin del Mundo presentó hace solos seis meses Fin Del Mundo Low Alcohol: una línea de vinos naturalmente bajos en alcohol que se suma a la ola de vinos livianos. Está compuesta por tres vinos (White Blend, Syrah y Torrontés Dulce Natural) elaborados a partir de uvas cosechadas tempranamente en San Patricio del Chañar, Neuquén.

A diferencia de los vinos desalcoholizados, la línea Low Alcohol alcanza su menor graduación de manera natural, gracias a una cosecha anticipada que permite conservar acidez, aromas y equilibrio sin recurrir a procesos tecnológicos de extracción. El resultado son vinos de entre 6 y 9 grados de alcohol.

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La industria del vino se reconvierte (Gentileza: Bodega del Fin del Mundo)

“Con esta línea buscamos acompañar una nueva forma de disfrutar el vino: más liviana, fresca y versátil, pero con el sello patagónico que caracteriza a todos nuestros vinos. Nos entusiasma poder ofrecer una opción naturalmente baja en alcohol, sin procesos artificiales, que refleje la pureza del lugar”, explica Juliana Del Aguila Eurnekian, Presidente de Bodega Del Fin Del Mundo.

Más allá de las diferencias tecnológicas o de posicionamiento, las tres estrategias responden a un mismo fenómeno: ampliar las ocasiones de consumo del vino. Ya no se trata solamente de acompañar una cena o una celebración. Un almuerzo laboral, una reunión entre semana, una salida en la que alguien debe manejar o simplemente un consumidor que busca moderar la ingesta de alcohol representan nuevas oportunidades para una industria que necesita adaptarse a hábitos cada vez más diversos.

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