El sector vitivinícola frente a un 2026 de transición: diversificación y competitividad, las claves para recuperar terreno
Tras un 2025 marcado por la caída en las exportaciones y una contracción en el consumo interno debido a la pérdida del poder adquisitivo, la industria apuesta a la uva en fresco, el mosto y el enoturismo para equilibrar la balanza. Por qué el Torrontés puede ser uno de los próximos focos de crecimiento.

Florencia Radici Forbes Staff

La vitivinicultura argentina, una de las diez principales cadenas agroexportadoras del país, atraviesa un momento de reconfiguración. Luego de un 2025 complejo, el sector se prepara para la vendimia, en marzo, donde además los referentes de las 18 provincias productoras debatirán cómo sostener la competitividad de un sector que aporta divisas, pero que hoy enfrenta serios desafíos estructurales.

El cierre del año pasado dejó números en rojo para el comercio exterior de vinos. Según datos anticipados del INV, las exportaciones totales (fraccionado y granel) cayeron un 6,8% en volumen, pasando de 2,07 millones de hectolitros en 2024 a 1,93 millones en 2025. En términos de facturación, la baja fue del 7,2%, cerrando en US$ 661 millones (en 2024, habían sido US$ 933 millones). Argentina es el 11º mayor exportador mundial de vinos, el 7° mayor productor y el 9° mayor consumidor de vinos del mundo.

Mario González, presidente saliente de Coviar, analiza la coyuntura: “Cerramos un 2025 difícil. La baja en el mercado interno tiene una explicación lógica: la industria fue una de las primeras en entender que, para no salir del mercado, había que ajustar precios, incluso a costa de achicar márgenes o tener márgenes negativos”. González atribuye la caída del consumo doméstico primordialmente a la pérdida del poder adquisitivo: “Es una cuestión coyuntural; de hecho, el vino es una de las bebidas alcohólicas que menos cae”.

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En cuanto al frente externo, el directivo identifica un problema de competitividad: “Nuestros costos logísticos quintuplican a los de países vecinos y la carga impositiva representa entre el 58% y el 62% del valor del producto final. Es vital que se tomen decisiones macroeconómicas porque somos una actividad que ingresa dólares y sostiene pueblos del interior”.

La uva como protagonista

Pese al escenario adverso para el vino, otros derivados muestran una dinámica diferente. Argentina se consolida como el 7º país con mayor superficie cultivada del mundo (199.946 hectáreas) y está sabiendo capitalizar la demanda global de endulzantes naturales y alimentos saludables. En 2024, las exportaciones de uva en fresco crecieron un 86,9%, seguidas por las pasas (+82,3%) y el mosto (+75%). Este último producto, el jugo concentrado de uva, representa una oportunidad estratégica para 2026, aseguran desde Coviar.

Fabián Ruggeri, quien asumirá la presidencia de Coviar el 7 de marzo, vislumbra un panorama optimista para estos subproductos: “Hay una posibilidad concreta de hacer una muy buena campaña de mosto este año, de unas 80.000 a 85.000 toneladas. España e Italia tuvieron mermas en sus cosechas, lo que nos abre una ventana de oportunidad”. En el mundo, el mosto representa un comercio de 440.000 toneladas valuadas en US$ 660 millones. En este contexto, al 2024 Argentina es el segundo mayor exportador mundial (el primero es España). Es que el mundo demanda mosto como un endulzante natural para alimentos y bebidas, y los principales mercados a los que Argentina exporta son EE.UU., Sudáfrica, Japón, Canadá y Arabia Saudita. @@FIGURE@@

Además, Ruggeri destaca el crecimiento del consumo interno de blancos dulces y la apuesta por el Torrontés como varietal blanco autóctono para conquistar mercados internacionales, siguiendo el camino del Malbec. “Sumado a esto, desde COVIAR impulsamos una ley para el uso de jugos naturales (de uva, limón, manzana, etc.) para endulzar, reemplazando otros productos menos saludables. Finalmente, como España necesita vinos básicos, este año también tenemos una alternativa interesante para vender vino blanco a granel y crecer en ese mercado”, añade.

Otro producto que viene en crecimiento son las pasas de uva. A 2024 en el mundo se comercializaron 871.494 toneladas por un valor total de US$ 2.029 millones. De ese mercado, Argentina participó con 43.515 toneladas. Con un record de exportaciones en 2024, se convirtió en otro punto clave para el sector vitivinícola argentino. El 75% de todas las pasas que se exportan van a dos mercados: Brasil (63%) y Estados Unidos (12%), por lo que desde Coviar aseguran que hay oportunidades de crecimiento ante una estrategia de diversificación. @@FIGURE@@

Una de las notas más positivas del último ciclo es el crecimiento exponencial del turismo del vino. Actualmente, existen 486 bodegas abiertas al turismo en 18 provincias, lo que representa un incremento del 144% respecto a 2013. “El enoturismo genera un derrame fenomenal en gastronomía y movimiento en los pueblos”, señala González. Esta actividad permitió que provincias como Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Chubut se integren a la cadena vitivinícola, posicionando a la Argentina como el primer país del mundo en tener toda su superficie cultivada relevada bajo una misma metodología de estudio.

El gran desafío para este año radica en el financiamiento. Al ser un ciclo productivo largo, la industria reclama plazos de gracia y créditos acordes. No obstante, la mirada está puesta en la diversificación y en los nuevos acuerdos comerciales. Ante la apertura de mercados como el de EE.UU. o el acuerdo Mercosur-Unión Europea, la industria se mantiene cauta pero expectante. “No tenemos miedo al ingreso masivo de productos porque nuestro mercado es fuerte en calidad, pero debemos ver cómo competimos contra países que tienen fuertes subvenciones”, distingue González.