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Forbes Argentina
Mateo de la Rúa, fundador de Pomona Foods
Negocios
Mateo de la Rúa, fundador de Pomona Foods
Gentileza Pomona Foods

El marplatense que se inspiró en una tecnología que usa la NASA y creó una empresa para combatir el desperdicio de alimentos

Eugenia Iglesias

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Con una inversión inicial de US$ 25.000, Mateo de la Rúa creó Pomona Foods, una startup que produce alimentos liofilizados para gastronomía y consumo masivo. La empresa ya trabaja con grandes marcas, está presente en más de 100 dietéticas y proyecta una facturación anual cercana al millón de dólares.

13 Julio de 2026 08.41

"Cerca de la mitad de las frutas y verduras que se producen en el mundo terminan desperdiciándose. Ahí encontré una problemática enorme y también una posibilidad de generar un cambio", dice el emprendedor Mateo de la Rúa. Con una inversión inicial de US$ 25.000, este ingeniero ambiental oriundo de Mar del Plata construyó Pomona Foods, una startup dedicada a producir alimentos liofilizados que hoy provee a compañías como Lucciano's, Rapanui y Del Turista, está presente en más de 100 dietéticas del país y proyecta cerrar el año con una facturación cercana a US$ 1 millón.

La empresa, fundada en 2021, procesa actualmente alrededor de 10.000 kilos mensuales de fruta fresca para obtener cerca de 1.000 kilos de producto liofilizado. Su propuesta combina tecnología, sustentabilidad y alimentación saludable: mediante un proceso de conservación utilizado históricamente en programas espaciales y aplicaciones científicas, logra extender la vida útil de frutas, verduras y carnes hasta dos años sin utilizar conservantes ni refrigeración.

De la Rúa creció en una familia donde emprender era casi una tradición. Su padre y sus hermanos habían construido sus propios negocios y, aunque cada uno siguió caminos distintos, la idea de crear una empresa propia siempre estuvo presente. 

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La frambuesa es el producto estrella. Crédito: Gentileza Pomona Foods. 

Sin embargo, su camino profesional empezó en el mundo corporativo. Trabajó en grandes compañías como Quilmes, Shell y Coca-Cola, con el objetivo de aprender cómo funcionaban las grandes organizaciones. “Siempre quise emprender. La idea de trabajar en distintas empresas era aprender de diferentes culturas corporativas para, en algún momento, construir algo propio”, recuerda el fundador.

Su formación profesional y su interés por el medioambiente fueron determinantes. Durante años, De la Rúa buscó una problemática ambiental sobre la cual trabajar. Hizo una lista con desafíos posibles hasta que encontró uno que lo interpeló especialmente: el desperdicio de alimentos. “Lo que buscaba era encontrar una solución concreta a un problema ambiental. El desperdicio de alimentos me parecía un desafío enorme y, al mismo tiempo, una problemática donde podía aportar algo”, explica.

Fue entonces cuando apareció la liofilización, una tecnología utilizada históricamente en aplicaciones científicas, expediciones extremas e incluso programas espaciales. Pero encontrar la tecnología en Argentina no fue sencillo. "Quería validar la idea y hacer pruebas, pero prácticamente no había empresas que trabajaran con liofilización en el país. Y las pocas que existían eran muy cerradas", cuenta.

La oportunidad apareció en Misiones. Allí encontró a un pequeño productor dispuesto a venderle productos liofilizados para que pudiera comenzar a comercializarlos y testear el mercado. Así comprobó que la demanda existía y decidió dar el salto. Invirtió en la compra de dos máquinas liofilizadoras y montó su primera planta en 50 metros cuadrados, dentro de un espacio alquilado a un tercero.

Del snack a los gastronómicos

Los primeros meses fueron completamente artesanales. De la Rúa trabajaba solo: cortaba la fruta, cargaba las bandejas, operaba las máquinas, fraccionaba los productos y luego recorría dietéticas y comercios ofreciendo personalmente sus snacks. Inicialmente, la propuesta estaba orientada al consumidor final. Sin embargo, el mercado le mostró otro camino. “Me di cuenta de que casi todos los clientes que compraban el producto eran gastronómicos. Lo utilizaban como ingrediente”, explica.

El giro abrió una oportunidad inesperada. Muchas empresas querían desarrollar productos con frutas liofilizadas, pero no encontraban proveedores locales capaces de asegurar calidad y abastecimiento constante. Así, Pomona comenzó a convertirse en proveedor de marcas como Lucciano's, Rapanui, Del Turista, Betular y cadenas hoteleras.

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Las frutillas liofilizadas cubiertas en chocolate. Crédito: Gentileza Pomona Foods.

Actualmente, las frutas liofilizadas se utilizan en chocolates, helados, pastelería y alfajores. Algunas empresas transforman la fruta en polvo para utilizarla como colorante y saborizante natural, reemplazando aditivos artificiales y conservantes.

El crecimiento fue acelerado. Hoy la empresa cuenta con una planta propia de 300 metros cuadrados ubicada en un parque industrial de Vicente López y un equipo integrado por 11 personas. Actualmente, Pomona procesa alrededor de 10.000 kilos de fruta fresca por mes, de los cuales obtiene cerca de 1.000 kilos de producto liofilizado. La relación responde a la propia naturaleza del proceso: aproximadamente el 90% del peso de una fruta corresponde al agua.

Salto masivo

Tras consolidarse en gastronomía, la empresa decidió volver a mirar al consumidor masivo. En octubre del año pasado amplió su línea de snacks bajo la marca Pomona, esta vez con una propuesta más sofisticada y orientada al consumo saludable. Hoy sus productos están presentes en más de 100 dietéticas de todo el país, además de comercializarse a través de canales digitales, Mercado Libre y distribuidores especializados. La compañía también negocia su desembarco en cadenas de supermercados.

El productos estrella es la frambuesa liofilizada, pero también ofrecen mix de frutos rojos, banana, manzana, mango o moras que pueden consumirse solos tipo una golosina o también junto con yogur, en licuados o en otras preparaciones. Incluso tienen opciones de verduras como remolacha y jengibre. Además, lanzaron frutillas liofilizadas bañadas en chocolate, una propuesta similar al fenómeno Franuí, pero sin necesidad de refrigeración.

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El año pasado lanzaron Panthera, su línea para mascotas. Crédito: Gentileza Pomona Foods.

En paralelo, la compañía también desarrolló Panthera, una segunda marca enfocada en snacks premium para perros y gatos elaborados exclusivamente con carne liofilizada. La línea incluye productos de pollo, cordero e hígado y ya se comercializa en veterinarias, pet shops y dietéticas.

Desde 2024, De la Rúa comparte la conducción de la empresa junto a Mateo del Carril, socio incorporado para liderar las áreas comercial y logística. Ambos trabajan actualmente en nuevos lanzamientos, entre ellos caramelos liofilizados y nuevas líneas para el negocio de mascotas.

Mientras tanto, la expansión internacional aparece como el próximo gran objetivo. Aunque todavía no concretó exportaciones, la empresa mantiene conversaciones con potenciales clientes de Brasil, Chile, Uruguay, Ecuador y Estados Unidos.

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