El gran tablero lácteo: la ola de fusiones y adquisiciones que redibuja el mapa de la industria en la Argentina
Impulsada por un récord de producción y exportaciones que convive con una fuerte concentración, la industria atraviesa una profunda reconfiguración de jugadores. Del control total de Arcor y Danone sobre Mastellone a la salida de Saputo, la liquidación de SanCor y el último testeo de mercado de San Ignacio.

Cecilia Valleboni Forbes Staff

El mercado lácteo argentino asiste a una de las transformaciones más agresivas de su historia reciente. Lejos de tratarse de movimientos aislados para sortear la coyuntura del consumo, el sector atraviesa una profunda danza de fusiones, adquisiciones y liquidaciones de activos que promete redibujar de raíz el mapa de las marcas que llegan a las góndolas y a los mercados internacionales. El dinamismo es total y los gigantes de la industria ya movieron sus fichas principales en lo que va del año.

El telón de fondo de todas estas operaciones corporativas es un sector primario en plena expansión productiva, pero bajo un proceso de fuerte centralización. Según los últimos datos de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), la producción láctea argentina alcanzó su nivel más alto en una década durante el primer cuatrimestre del año, registrando 3,5 millones de litros entre enero y abril, lo que representa un incremento del 9,3% respecto al promedio de la última década. La producción media diaria por tambo llegó a los 3.287 litros (un 27% por encima del rendimiento de los últimos cinco años), pero este crecimiento convive con una marcada concentración de la oferta: los tambos de mayor escala —aquellos que superan los 10.000 litros diarios— ya representan casi el 30% de la producción nacional, frente al magro 5% que registraban en 2010.

En un escenario de mayor volumen, las grandes corporaciones aceleraron sus estrategias de consolidación y salida. 

En este escenario de mayor volumen, las grandes corporaciones aceleraron sus estrategias de consolidación y salida. El primer gran hito del año se consolidó a fines de marzo, cuando Arcor y Danone anunciaron la adquisición del total del paquete accionario de Mastellone Hermanos S.A., dueña de la emblemática marca La Serenísima. La operación, ejecutada a través de Bagley Argentina S.A., les permitió sellar el control del 100% de la compañía y unificar el rumbo estratégico de la líder del mercado local. Ambos grupos económicos tomaron el control del 51,32% que restaba del capital social y de los votos que permanecían en manos de la familia fundadora y del fondo de inversión Dallpoint Investments LLC.

En febrero, el tablero volvió a sacudirse con la retirada de quien venía liderando el mercado local: la multinacional canadiense Saputo firmó un acuerdo para vender el 80% de su división láctea en la Argentina al holding peruano Gloria Foods. La transacción se fijó en un valor aproximado de US$ 630 millones —lo que le permitirá al gigante de Montreal recibir ingresos netos estimados en US$ 400 millones después de impuestos—, convirtiéndose en una de las mayores operaciones de la industria alimenticia local en los últimos años. El movimiento generó un fuerte impacto y sorpresa en el sector, ya que Saputo se posicionaba como la industria número uno en recepción de leche en la Argentina, procesando más de 3,5 millones de litros diarios durante el período 2024/2025 a través de sus dos plantas de producción y marcas con fuerte penetración en las góndolas como La Paulina, Ricrem y Molfino.

De acuerdo con la firma, que cotiza en la Bolsa de Toronto y reportó que su filial argentina generaba ingresos por 1.200 millones de dólares canadienses (cercano al 7% de su facturación global), la decisión responde a una optimización de su presencia global. En efecto, los canadienses conservarán un 20% de las acciones, lo que les permitirá mantener el flujo de exportaciones, y la nueva gestión bajo Gloria Foods continuará fabricando productos específicos en nombre de Saputo. El holding peruano, por su parte, ya operaba en el país a través de Corlasa, procesando unos 800.000 litros diarios. Al tomar el control de la mayor plataforma exportadora de quesos de la Argentina y sumarle el volumen de Saputo, la fusión los convierte, por amplio margen, en la nueva empresa número uno del sector lácteo argentino. Además, ya definió su estrategia: La Paulina será la marca insignia y el corazón de su expansión para disputar el liderazgo definitivo frente a jugadores de la talla de Mastellone Hnos. y Adecoagro.

(Crédito: Imagen generada con IA).

Precisamente, el viento de cola del comercio exterior es el gran imán para estos capitales. Las exportaciones del complejo lácteo alcanzaron las 130.000 toneladas en el primer cuatrimestre, consolidando el volumen más alto desde 2012, por un valor de US$ 455 millones (FOB). Con Brasil afianzado como el principal destino —recibió más de 60.000 toneladas, un 40% más que el año anterior— y mercados como Argelia, Chile y China completando el podio, la escala exportadora pasó a ser la clave de la rentabilidad.

En paralelo a los acuerdos entre privados, el ámbito judicial le impuso un punto de inflexión definitivo al caso más crítico y dilatado de la industria nacional: la situación de SanCor. La histórica cooperativa de Sunchales, que solicitó su propia quiebra tras arrastrar un pasivo de US$ 120 millones, entró en su etapa de liquidación pública. El juez Marcelo Germán Gelcich firmó la resolución para poner a la venta todos sus activos divididos en siete lotes, con una base total de US$ 52,1 millones.

La compulsa despertó un interés sumamente competitivo, atrayendo la presentación formal de seis oferentes de peso, según fuentes del mercado: Savencia —dueña de Milkaut—, Adecoagro, Elcor —titular de la marca La Tonadita—, La Tarantela, Punta del Agua y el empresario de medios Gustavo Scaglione. El gran objeto de deseo de la licitación es el lote número siete, que agrupa las marcas y los bienes intangibles de la compañía, cotizado con una base propia de US$ 24,7 millones. El mercado reconoce que, más allá del estado de la infraestructura fabril, el arraigo de la marca SanCor sigue siendo un activo de oro para ganar posicionamiento rápido en el consumo masivo.

Como corolario de esta fiebre de movimientos, el mercado sigue testeando el apetito de los inversores internacionales. El síntoma más reciente de esta tendencia son las versiones sobre el futuro de Establecimientos San Ignacio S.A., la histórica firma santafesina fundada en 1939 y principal exportadora de dulce de leche del país. La compañía transita negociaciones "muy avanzadas" —aunque no quieren dar declaraciones— para ser adquirida por el holding Mexicana de Industrias y Marcas (MIYM). El grupo de Puebla, especialista en soluciones industriales de envasado y que ya adquirió este año las pymes locales Lácteos Aurora y Lácteos Karina, ve en San Ignacio una plataforma estratégica para desembarcar con fuerza en el negocio global del dulce de leche y el queso azul.

Esta seguidilla de operaciones deja en claro la paradoja central del sector. Mientras las estructuras más rígidas y endeudadas caen por su propio peso, el récord exportador, la alta eficiencia de los tambos concentrados y el valor de las marcas tradicionales operan como un imán.