El mercado argentino atraviesa una semana especialmente intensa, en la que confluyen temas económicos y políticos de peso: la publicación del dato de inflación de enero en medio de la polérmica por el nuevo índice del INDEC, una nueva licitación de deuda del Tesoro en un contexto de vencimientos elevados, y el debate parlamentario por la reforma laboral, que se convirtió en uno de los focos centrales de la agenda pública y financiera.
Lo que más les llama la atención a los inversores es la reforma laboral propuesta por el oficialismo. Esta semana se espera que el proyecto sea debatido en el Senado, con el objetivo de lograr la media sanción antes del cierre de las sesiones extraordinarias.
Desde la Casa Rosada aseguran que cuentan con los votos necesarios para aprobar la iniciativa, y destacan la voluntad de diálogo con distintos bloques parlamentarios, incluso cuando existen reclamos concretos desde algunas fuerzas políticas y provinciales para introducir ajustes, especialmente en materia tributaria y de impacto fiscal.
Según distintas fuentes políticas, el Gobierno de Javier Milei trabaja para consolidar apoyos que superen el umbral mínimo en la Cámara Alta, aunque la oposición y aliados menores presionan por cambios en varios puntos del texto, lo que podría llevar a que partes del articulado se modifiquen durante el tratamiento en comisión o directamente en el recinto.
Por otra parte, negociaciones con gobernadores, gremios y sectores empresarios están marcando las horas previas al debate. El Gobierno busca no solo asegurar la media sanción, sino también blindar políticamente la ley frente a eventuales desafíos internos posteriores.
Este proyecto, que generó tensiones con la CGT y otros sectores sindicales, cobra especial relevancia en la semana en que también hay movilizaciones y pronunciamientos públicos de distintos actores sociales, quienes evalúan el impacto de la reforma tanto en derechos laborales como en el empleo formal.
Para los inversores y analistas, la reforma laboral no es solo un tema de política interna. Su aprobación, o los conflictos que genere en el camino, puede influir en la confianza del segmento financiero respecto a la capacidad del Gobierno de concretar sus propuestas estructurales.

“La reforma laboral apunta principalmente a reducir la litigiosidad y a introducir cierto grado de flexibilización en el mercado de trabajo. Sin embargo, no parece incorporar cambios estructurales de gran magnitud que, por sí solos, puedan generar un impulso significativo en la creación de empleo”, relató el analista y asesor financiero Mariano Monferini.
Para los especialistas, el punto más relevante es el RIFL, que en esencia consiste en una reducción de cargas sociales para nuevos empleos. Se trata de un esquema que ya tuvo antecedentes en Argentina y que puede tener impacto en el margen, pero no constituye una transformación profunda del régimen laboral.
“En conjunto, la reforma mejora la situación respecto del punto de partida, pero resulta modesta en comparación con los niveles de flexibilidad laboral de otras economías. Puede ser bien recibida por el mercado si se la interpreta como un primer paso hacia un régimen laboral más moderno y flexible. En cambio, si se percibe como un punto de llegada, el efecto podría ser el contrario”, resumió el Monferini.
Por su parte, el economista Leo Anzalone, del CEPEC, señaló que la reforma laboral les importa a los inversores porque afecta directamente uno de los costos estructurales más relevantes de la economía, es decir, el costo de contratar y despedir.
“En un país como el nuestro, con un mercado laboral muy rígido, alta litigiosidad y elevada informalidad, cualquier cambio que reduzca incertidumbre jurídica y costos no salariales mejora las expectativas de rentabilidad de los proyectos de inversión y, por lo tanto, el atractivo relativo de los activos locales. Pero, hay que aclarar, ningún cambio normativo genera empleo”, mencionó.
En términos de mercado, una reforma percibida como proinversión puede tener impacto sobre las valuaciones, sobre todo en sectores intensivos en mano de obra como industria, construcción y servicios.
En definitiva, no genera resultados inmediatos, pero sí funciona como una señal de mediano plazo: si los inversores creen que el nuevo marco laboral permite crecer sin que el empleo sea un riesgo financiero, se reduce la prima de riesgo del país y mejora la disposición a tomar posiciones en acciones y bonos argentinos.
En este marco, el riesgo país opera apenas por encima de los 500 puntos, el índice Merval medido en dólares se negocia en alrededor de 2.000 puntos y los distintos tipos de cambio se comercializan en un rango de entre $1.425 y $1.485.