La inflación volvió a ocupar el centro de la escena económica en Argentina, justo cuando el proceso de desinflación parecía buscar un nuevo equilibrio. Según el último informe de J.P. Morgan, el índice de precios al consumidor de enero habría mostrado una suba mensual del 2,5%, un registro que confirma que el IPC sigue “pegajoso” y todavía lejos de perforar el umbral psicológico del 2% mensual.
El dato no sorprende a los analistas del banco estadounidense, que advierten que la inflación viene moviéndose desde hace varios meses en torno a un promedio similar. De hecho, el propio informe señala que el nivel esperado para enero se alinea con la media móvil de los últimos tres meses, lo que sugiere que el proceso de desaceleración perdió impulso en el cierre de 2025 y el arranque de 2026.
Uno de los elementos clave detrás de esta dinámica es la persistencia de los precios regulados. J.P. Morgan estima que este rubro habría aumentado cerca de 2,7% mensual, impulsado por nuevos ajustes en tarifas de electricidad, gas, transporte y servicios de salud privada. En paralelo, los precios estacionales también habrían mostrado una aceleración, asociada al comportamiento típico del verano y a la normalización de valores en frutas y verduras frescas.

En contraste, la inflación núcleo (aquella que excluye precios regulados y estacionales) mostraría señales algo más alentadoras. El informe proyecta una desaceleración hacia el 2,5% mensual, mientras que la medición preferida del banco, la inflación núcleo sin alimentos, se ubicaría en torno al 2,3%, en línea con el promedio reciente. “La dinámica subyacente muestra cierta moderación, aunque todavía insuficiente para hablar de una baja sostenida”, advierte el reporte.
El contexto inflacionario se vio además atravesado por una decisión institucional de peso. El Gobierno resolvió postergar la actualización metodológica del IPC, una medida que derivó en la renuncia del director del INDEC, Marco Lavagna. El cambio estaba previsto para aplicarse con el dato de enero e implicaba una nueva canasta con mayor ponderación de los servicios, lo que, según J.P. Morgan, habría agregado alrededor de 1,5 puntos porcentuales anuales a la inflación general.
Desde el Ejecutivo argumentaron que la postergación busca evitar “malas interpretaciones” hasta que el proceso de desinflación esté plenamente consolidado. Sin embargo, el informe sugiere que también influyeron otros factores, como el impacto potencial sobre la medición de la pobreza y las negociaciones salariales, en un contexto donde la inflación mensual se mantiene por encima del nivel considerado compatible con la estabilidad de precios.

Más allá del IPC, el comportamiento de los ingresos fiscales aporta señales mixtas. En enero, la recaudación real cayó 7,5% interanual, afectada principalmente por el desplome de los ingresos vinculados al comercio exterior. No obstante, J.P. Morgan destaca un dato positivo: el IVA asociado al consumo interno creció 5,1% mensual en términos reales, marcando una recuperación tras varios meses de estancamiento.
Para el banco, esta mejora en los impuestos ligados a la actividad refuerza la hipótesis de un rebote económico en el primer trimestre del año. Ese repunte resulta clave para sostener el equilibrio fiscal en una etapa donde el ajuste del gasto empieza a dar paso a una mayor dependencia de la recaudación. En su escenario base, J.P. Morgan proyecta un superávit primario de 1,5% del PBI, consistente con una estrategia fiscal aún contractiva pero más apoyada en la recuperación de la actividad.
En síntesis, el diagnóstico es claro: la inflación en Argentina sigue bajando, pero a un ritmo más lento del esperado. La combinación de ajustes tarifarios, estacionalidad y decisiones metodológicas mantiene al IPC atrapado en un rango que obliga a la cautela. Para J.P. Morgan, el desafío hacia adelante no pasa solo por sostener el orden fiscal, sino por lograr que la desaceleración de precios deje de ser intermitente y se convierta en una tendencia firme.