Durante 2025 y en los primeros días de 2026, el riesgo país de Argentina tuvo un comportamiento de alta volatilidad, reflejo de la percepción de los mercados internacionales sobre la capacidad del país para manejar sus compromisos financieros.
A comienzos del año pasado, el índice elaborado por JP Morgan experimentó una caída histórica al perforar la barrera de los 600 puntos básicos, un nivel que no se veía desde 2018 y que fue interpretado como una señal de cierta confianza entre los inversores tras pagos de deuda y movimientos del Banco Central que consolidaron reservas.
Sin embargo, esa baja no fue sostenible a lo largo del año. A medida que avanzó 2025, la volatilidad global de los mercados, sumada a la incertidumbre política local, provocó que el riesgo país sufriera subidas marcadas en distintos tramos del año.
En algunos momentos, el indicador volvió a superar los 800 puntos básicos e incluso sobrepasó los 1.200, rangos que muestran que la confianza de los inversores siguió siendo frágil. Estas subas estuvieron ligadas tanto a factores globales como a dudas sobre el rumbo fiscal y monetario de la economía argentina.
Hacia finales de 2025, el riesgo país se estabilizó en torno a los 560–630 puntos básicos, consolidando una tendencia descendente desde los picos más altos del año, pero todavía muy por encima del promedio regional en América Latina.
A pesar de esta compresión, Argentina siguió ocupando uno de los lugares más altos en el ranking de riesgo entre los países de la región, lo que complica la vuelta plena a los mercados voluntarios de deuda y limita las condiciones de financiamiento externo.

De cara a 2026, el riesgo país continúa siendo un indicador seguido de cerca tanto por analistas como por las autoridades económicas, porque su evolución condiciona la posibilidad de que Argentina retome el acceso a crédito internacional en mejores condiciones y facilite la refinanciación de sus compromisos financieros.
El panorama actual muestra cierta estabilización, pero con fundamentos todavía frágiles que dependerán de variables como el crecimiento de las reservas, el cumplimiento de metas fiscales y las señales de estabilidad política y económica.
“Para 2026 planteamos dos escenarios principales. Nuestro escenario positivo contempla el retorno a los mercados internacionales asegurando el rollover, en línea con un fortalecimiento de la posición de reservas netas del BCRA y un flujo positivo en la cuenta financiera. Bajo estas premisas, estimamos una convergencia del riesgo país hacia la zona de los 450 puntos básicos”, relataron los estrategas de IOL.
“Asumiendo un spread constante contra la curva de Treasuries, esto implicaría un retorno estimado cercano al 8% para el GD35. En un escenario alternativo, donde no se materializan shocks exógenos pero la acumulación de reservas resulta menos dinámica y el Tesoro debe afrontar pagos vía REPO, estimamos que el riesgo país podría mantenerse en los 550 puntos”, añadieron.
Por su parte, los analistas de PPI indicaron que el costo de financiamiento de Argentina todavía permanece cerca del 10%, lo cual implica que el riesgo país debe comprimir aún más.
“Desde nuestra óptica, el EMBI+ Argentina debe caer entre 120/170 puntos básicos para ubicarse en el rango objetivo de 400/450 puntos básicos. ¿Es alcanzable? Sí, mientras el BCRA pueda acumular algo de dólares a partir de enero, la actividad presente alguna recuperación y LLA conserve un buen desempeño en el Congreso”, mencionaron.
Y agregaron: “Más allá del acceso tradicional, quebrar el umbral del 10% actúa como un catalizador para operaciones de pasivos/canjes, que puedan considerarse voluntarios (no coercitivos en términos de agencias de crédito). De igual manera, no descartamos nuevos repos de corto plazo, la llegada de alternativas innovadoras como el debt-to-education o canjes de bonos para aminorar las necesidades de financiamiento”.