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Ley de Glaciares: de US$ 5.000 a US$ 40.000 millones, el salto exportador que proyecta Morgan Stanley

Esteban Monte

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Un informe del banco de Wall Street anticipa que la minería podría multiplicar por ocho las ventas externas en una década, con el cobre como motor central y un nuevo flujo de divisas capaz de alterar el frente cambiario y financiero del país.

4 Marzo de 2026 07.15

El último informe de Morgan Stanley sobre Argentina no se limita a una actualización sectorial. Es, en rigor, una tesis integral que combina macroeconomía, política pública y estrategia corporativa para sostener una idea ambiciosa: el país podría estar ante el inicio de un ciclo minero capaz de transformar su matriz exportadora y, con ella, su perfil financiero y bursátil en la próxima década.

Bajo el título “Malbec & Minerals: Is Argentina the Next Mining Frontier?”, el equipo global de research del banco plantea que el giro hacia políticas proinversión y la implementación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) reducen de manera sustancial el denominado “riesgo argentino” para proyectos de largo plazo, intensivos en capital y con horizontes de 20 a 30 años, como los mineros.

Desde la asunción de Javier Milei en diciembre de 2023, el informe detalla una secuencia de reformas orientadas a estabilizar la macroeconomía: devaluación inicial del tipo de cambio oficial, eliminación del déficit fiscal primario, reducción de la asistencia monetaria del Banco Central y recomposición gradual de reservas.

Para Morgan Stanley, ese ordenamiento no es un dato accesorio, sino la condición necesaria para que el capital internacional vuelva a considerar a Argentina como destino viable para megaproyectos. El RIGI, aprobado como parte de la llamada “Ley Bases”, ofrece estabilidad tributaria por 30 años, beneficios impositivos y un marco cambiario más previsible para inversiones superiores a US$200 millones.

Morgan Stanley.
Morgan Stanley.

La comparación implícita es con Chile en los años 80 y 90: primero se reconstruye la credibilidad macro; luego se consolida un marco sectorial que reduzca el riesgo de expropiación o cambios regulatorios abruptos. El banco sugiere que Argentina está transitando, con matices propios, un camino similar.

El relevamiento identifica más de 50 proyectos mineros que ya superaron la etapa de exploración (principalmente en cobre y litio, pero también en oro y plata) con un potencial de inversión superior a US$50.000 millones en la próxima década.

De concretarse, ese flujo de capital implicaría un salto estructural en exportaciones. El informe proyecta que los envíos mineros podrían pasar de alrededor de US$5.000 millones en 2025 a casi US$40.000 millones en 2035. El grueso de ese incremento estaría explicado por el cobre, un metal en el que hoy Argentina es prácticamente irrelevante, pero que podría alcanzar una producción cercana a 1,2 millones de toneladas anuales hacia mediados de la próxima década.

En términos de balanza de pagos, el impacto sería significativo. Para un país históricamente condicionado por la volatilidad de los ingresos agrícolas y recurrentes crisis externas, una fuente adicional y más diversificada de divisas reforzaría la cuenta corriente y aliviaría las tensiones cambiarias estructurales.

En el corto plazo, el protagonista es el litio. Argentina, integrante del denominado “Triángulo del Litio”, ya representa cerca del 8% de la oferta minera global. Según las estimaciones del banco, la producción podría más que duplicarse hacia 2030, con tasas de crecimiento promedio del 30% anual en el tramo 2026-2028.

La ventaja del litio, subraya el informe, radica en sus menores tiempos de desarrollo respecto del cobre y en la posibilidad de expandir capacidad de manera modular. Varias operaciones iniciaron producción desde 2023 y otras se encuentran en construcción o etapa avanzada de factibilidad.

Litio
Litio

Entre las compañías con mayor exposición aparecen Rio Tinto, Ganfeng Lithium y Zijin Mining, que en conjunto proyectan incrementos relevantes de producción de carbonato de litio equivalente (LCE) en Argentina hacia fines de la década.

No obstante, la tesis estructural del informe está anclada en el cobre. Morgan Stanley identifica ocho proyectos que podrían movilizar cerca de US$44.000 millones en inversión y llevar las exportaciones asociadas al metal rojo a unos US$26.000 millones anuales hacia 2035.

Entre los desarrollos destacados figura Vicuña (joint venture entre Lundin Mining y BHP) con potencial para convertirse en una de las cinco mayores minas de cobre del mundo. También sobresalen Taca Taca (de First Quantum Minerals) y los proyectos de Glencore.

El banco estima que, aun en un escenario conservador de precios, estos emprendimientos arrojan tasas internas de retorno de dos dígitos. A valores “spot” y con menor prima de riesgo, el valor presente neto de algunos proyectos se multiplica, alterando de forma sustancial la valuación potencial de las compañías involucradas.

Desde la óptica global, incluso si Argentina sorprendiera al alza en producción, el déficit estructural proyectado para el mercado mundial de cobre hacia 2030 no desaparecería. En ese contexto, nuevos desarrollos resultarían consistentes con una narrativa de precios sostenidos en el tiempo.

exportaciones
exportaciones

El efecto no se limitaría a las exportaciones. Durante la fase de construcción (más intensiva en mano de obra) el informe proyecta un fuerte aumento del empleo directo e indirecto. Hacia el pico de inversión, podrían generarse decenas de miles de puestos en obras, servicios, logística y actividades asociadas.

Con el paso a la etapa operativa, el empleo directo se estabilizaría en niveles significativamente superiores a los actuales, incrementando la participación del sector en el empleo formal total. Aunque la minería seguiría lejos de representar una porción dominante del PBI, su peso relativo en exportaciones y formación de capital crecería de manera sostenida.

El escenario optimista no está exento de riesgos. Una caída abrupta de los precios internacionales de los metales podría demorar decisiones finales de inversión. Asimismo, la continuidad del marco regulatorio dependerá de la evolución política y del resultado de futuros procesos electorales.

Morgan Stanley enfatiza que la credibilidad del esquema (incluyendo reformas laborales y tributarias pendientes) será clave para consolidar el atractivo del país. La experiencia chilena, citada en el informe, muestra que la combinación de estabilidad macro, reglas claras y protección jurídica resultó determinante para atraer capital de largo plazo.

La implicancia final trasciende al sector. El banco sostiene que un salto sostenido en exportaciones mineras, sumado al crecimiento del superávit energético, podría mejorar estructuralmente la percepción de riesgo soberano. En ese marco, mantiene una visión constructiva sobre los bonos en dólares de Argentina, bajo la premisa de que mayores flujos genuinos de divisas reducen la dependencia de financiamiento financiero volátil.

En síntesis, el informe plantea que la minería podría convertirse en el eslabón que conecte la estabilización macro con una narrativa de crecimiento sostenido. Si el ciclo de inversión se materializa y las reglas se mantienen, Argentina pasaría de ser un actor marginal en varios minerales estratégicos a desempeñar un papel relevante en las cadenas globales de suministro. La magnitud del desafío es proporcional a la oportunidad: transformar un potencial geológico en un cambio estructural de su economía.

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