Hace unos días, el Brent superó los US$ 110 por barril, un nivel que no se registraba desde 2022. La explicación resulta directa: casi una quinta parte del comercio mundial de petróleo que se transporta por mar pasa por el estrecho de Ormuz y ese flujo quedó, en la práctica, frenado. El mercado registra ahora la ausencia de alrededor de 9 millones de barriles por día.
Según estimaciones de Goldman Sachs, la interrupción actual en la oferta resulta cerca de 17 veces mayor que la pérdida máxima de producción que provocó Rusia en 2022. En este contexto, los mercados dejaron de interpretar la situación como un susto pasajero. En cambio, empezaron a poner en precio un shock de oferta que podría extenderse durante un período prolongado.
Los precios más altos del petróleo casi nunca quedan limitados al sector energético. En poco tiempo, impactan en los costos de manufactura, en los gastos de transporte de carga y, al final, en los precios que pagan los consumidores. Y ese efecto aparece rápido. Este golpe llega en un momento en que la economía ya enfrenta presión inflacionaria.
La inflación en EE.UU. se ubicó en 2,4% en enero, por encima de la meta de 2% de la Fed, y eso ocurrió antes de que el petróleo superara los US$ 110. Al mismo tiempo, el índice "precios pagados" del sector manufacturero de ISM saltó a 70,5 puntos, su nivel más alto desde el pico inflacionario posterior a la pandemia de 2022. A la vez, el impacto total del shock petrolero todavía no se trasladó por completo al sistema.
Ese es el marco macroeconómico. Pero la pregunta más concreta que los inversores deberían hacerse es simple: ¿dónde te podés resguardar?
Si buscás un segmento que, en términos históricos, resistió mejor este tipo de volatilidad que el mercado en general, High Quality Portfolio merece atención. Desde su lanzamiento, superó a su índice de referencia, una combinación de S&P 500, Russell y S&P MidCap, con retornos de más de 105%. La lógica es simple: en conjunto, las tenencias de High Quality Portfolio mostraron rendimientos más sólidos y una volatilidad menor que la del índice de referencia. Eso implica un recorrido más estable y, en un contexto en el que la montaña rusa podría volverse más empinada, esa diferencia pesa.
La Reserva Federal ya no tiene margen para actuar
La Reserva Federal recortó las tasas tres veces hacia fines de 2025 antes de hacer una pausa en su reunión de enero de 2026. Ahora, este shock petrolero dejó prácticamente fuera de discusión nuevos recortes. Varios funcionarios de la Fed ya señalaron que la inflación sigue demasiado alta como para justificar una flexibilización en el corto plazo, mientras que los mercados de swaps redujeron con fuerza sus expectativas de baja de tasas y muchos ya descartan cualquier movimiento antes de octubre de 2026.
La ironía resulta contundente. La Fed no puede recortar las tasas para apuntalar una economía que pierde fuerza porque el mismo shock que debilita la actividad, al mismo tiempo, empuja la inflación hacia arriba. Esa es la trampa clásica de la estanflación: dos fuegos avanzan en direcciones opuestas y hay un solo extintor. Y el escenario más preocupante es este: si la inflación demuestra ser lo bastante persistente, la Fed no solo podría sostener la pausa, sino que incluso podría verse obligada a subir las tasas. @@FIGURE@@
No necesariamente hasta el 5,25% de 2022, aunque sí a un nivel incluso más alto. Si los bonos del Tesoro de corto plazo de pronto rinden 6% o 7% con un riesgo prácticamente nulo, el atractivo de inversión de las acciones se deteriora con rapidez.
Qué dice la historia sobre un petróleo por encima de los US$ 100 y el S&P 500
La última vez que el petróleo superó los US$ 100 y se mantuvo en ese nivel fue en 2022, cuando la invasión de Rusia llevó al Brent a un pico de US$ 139. En ese período, el S&P 500 cayó 25% entre su máximo y su mínimo, en lo que fue su peor desempeño en una primera mitad de año desde 1970. La secuencia resultó conocida: shock energético, salto de la inflación, subas agresivas de tasas por parte de la Fed y un traslado del capital desde las acciones hacia los bonos del Tesoro y el efectivo.
Sin embargo, en ese momento existió una diferencia clave: la Fed contaba con margen para actuar y el shock finalmente resultó temporal. El estímulo aplicado durante la pandemia fue uno de los principales motores del salto inflacionario de 2022 y, una vez que ese impulso perdió fuerza, la inflación volvió a niveles más normales. El S&P avanzó 26% en 2023. Caso cerrado.
Pero la situación actual es distinta. El estrecho de Ormuz no es un oleoducto que se pueda redirigir sin más. Incluso si las tensiones se reducen rápido, la infraestructura dañada, las interrupciones logísticas y los mayores riesgos para el transporte marítimo no se resuelven de un día para otro. Este shock de oferta tiene rasgos estructurales que el episodio de 2022 no tuvo.
Qué tan fuerte podría caer el S&P
El S&P hoy se ubica en 6.740 puntos, con una baja cercana al 3% en el último mes. Eso todavía equivale a poco más que un rasguño. En términos históricos, los shocks geopolíticos por sí solos suelen provocar caídas de entre 5% y 10% desde el pico hasta el mínimo, con recuperaciones que muchas veces llegan dentro de los 12 meses. Ese sería el escenario base si la situación se estabiliza rápido y el precio del petróleo retrocede.
Sin embargo, el S&P enfrenta este golpe desde un punto de partida frágil. Hace algunos meses señalamos que el ratio Shiller PE del S&P 500 se ubicaba apenas por debajo de 40, un nivel que en el pasado antecedió algunos de los derrumbes bursátiles más fuertes registrados. Cuando las valuaciones del mercado se estiran al máximo, alcanza un catalizador pequeño para provocar movimientos bruscos. Un shock petrolero de esta magnitud, que golpea a un índice sobrevaluado mientras la Fed permanece prácticamente inmóvil, difícilmente sea un detonante menor. @@FIGURE@@
Este no es un shock geopolítico aislado que se suma a una economía sólida. Llega en medio de una inflación impulsada por aranceles y de un mercado laboral que empieza a mostrar grietas. A eso se suma una deuda federal de US$ 39 billones, cuyo costo en intereses ya supera los US$ 1 billón anuales, una cifra que crecería si las tasas vuelven a subir. La Fed intervino para estabilizar a los mercados en 2022. Hoy no cuenta con ese margen. Desde 1970, los derrumbes bursátiles registraron una caída promedio del 36% entre el pico y el mínimo del S&P. Con una capitalización de mercado de las compañías del S&P 500 que se acerca a US$ 50 billones, una baja de 36% implicaría la pérdida de cerca de US$ 18 billones en valor.
Los CEDEARs que el mercado ya empezó a mirar
El estallido del conflicto en Medio Oriente provocó un movimiento rápido en las carteras globales. Con el precio del petróleo en alza y mayor incertidumbre geopolítica, los inversores comenzaron a buscar refugio en sectores vinculados a la energía, la defensa y el oro, mientras que compañías asociadas al turismo y al transporte quedaron bajo presión. En ese escenario, varios CEDEARs pasaron a ocupar el centro de atención del mercado, sostienen desde IOL Inversiones.
Las petroleras concentran la demanda
El primer grupo que ganó protagonismo es el energético. Los CEDEARs de las petroleras estadounidenses aparecen entre las alternativas que más siguen los inversores. Entre ellos se destacan ExxonMobil (XOM) y Chevron (CVX), empresas que capturan la suba del precio del petróleo con producción propia en América del Norte. Esa característica reduce el riesgo operativo que conlleva operar en zonas cercanas al conflicto.
En paralelo, el ETF Energy Select Sector SPDR (XLE) también figura entre los instrumentos observados, ya que reúne a varias de las principales compañías energéticas de Estados Unidos y replica el desempeño del sector.
Petroleras de América Latina
Las petroleras de la región también entraron en el radar del mercado. Vista Energy (VIST) figura entre los activos estratégicos. La compañía produce en Vaca Muerta, lo que le permite capturar precios internacionales del crudo sin exposición directa a los riesgos logísticos del Golfo Pérsico. Otro caso es Petrobras (PBR). El gigante brasileño cuenta con una producción offshore masiva en el Presal, junto con una estructura de costos competitiva. Esa combinación posiciona a Brasil como un proveedor relevante en el mercado energético global.
Para el inversor, el atractivo de Petrobras radica en una exposición al petróleo y en una política de dividendos elevada, factores que suele ganar relevancia en períodos de tensión global.
Defensa, petroquímica y oro
El conflicto también impulsó a las empresas del sector militar. Lockheed Martin (LMT) registró subas de hasta 5,5%, en medio de expectativas de un aumento fuerte del gasto en defensa luego de advertencias del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre el suministro de armas.
En la industria petroquímica, Dow Inc. (DOW) aparece como beneficiaria táctica. La compañía utiliza etano proveniente del gas natural estadounidense como insumo, una ventaja frente a competidores europeos y asiáticos que enfrentaron costos elevados por el uso de nafta derivada del petróleo.
Otro activo que recuperó protagonismo es el oro. El ETF SPDR Gold Shares (GLD) siguió de cerca el salto del metal precioso, que alcanzó US$ 5.397 por onza. En momentos de tensión geopolítica, el oro suele funcionar como cobertura frente al riesgo financiero.
Los sectores que quedaron bajo presión
En contraste, las compañías vinculadas al transporte y al turismo sufrieron el impacto del encarecimiento del combustible y de la incertidumbre sobre las rutas aéreas. Entre las más afectadas aparecieron American Airlines (AAL) y Booking Holdings (BKNG), con bajas de entre 2% y 4% en las primeras reacciones del mercado.
A pesar de la volatilidad inicial, la estadística ofrece una referencia. Tras shocks geopolíticos similares, el S&P 500 y el Nasdaq recuperaron sus niveles previos en un promedio de 47 días, una vez que el escenario se estabilizó, explica un informe de IOL Inversiones.
En ese contexto, el mercado dejó de comportarse como un bloque uniforme. La diferencia entre una cartera más defensiva y otra más expuesta depende ahora de dos variables clave: la exposición a la cadena logística global y el costo de la energía.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com