El Banco Central de la República Argentina (BCRA) alcanzó uno de los principales objetivos cambiarios previstos para 2026: superar los US$ 10.000 millones en compras de divisas.
Sin embargo, para los analistas, el cumplimiento no marca el final del desafío. Por el contrario, abre una nueva etapa en la que la prioridad ya no pasa por cuánto compra el Banco Central, sino por cuánto logra conservar.
Uno de los puntos centrales es evitar que las reservas acumuladas se diluyan durante la segunda mitad del año, cuando las condiciones podrían volverse menos favorables.
“Está bien que haya cumplido el objetivo de los US$ 10.000 millones. Ahora lo que tiene es evitar que en el segundo semestre se le escapen. No es haber llegado y que después se termine el partido. El partido continúa”, relató Martín Polo, estratega jefe en Cohen Aliados Financieros.
El economista explicó que el principal reto será sostener la acumulación cuando disminuya la oferta de dólares y aumente la demanda. “Ahora el objetivo es no perder reservas. Sobre todo, seguir acumulando cuando tengas la época en la cual la demanda empiece a repuntar, ya sea porque recupere la actividad o porque aumente el riesgo y eso haga crecer la dolarización de carteras”, señaló.
En esta línea, Leonardo Anzalone, director del Centro de Estudios Políticos y Económicos (CEPEC), sostuvo que el actual contexto ofrece una oportunidad que el Banco Central debería aprovechar al máximo.
Según el especialista, la liquidación del sector agroexportador y otros ingresos extraordinarios de divisas están generando una ventana favorable que difícilmente se repita con la misma intensidad más adelante.
“Haber alcanzado los US$ 10.000 millones de compras es importante, pero creemos que el Banco Central debería seguir acumulando reservas mientras tenga la oportunidad”, afirmó. Y agregó: “La historia argentina muestra que los períodos de calma cambiaria son los mejores momentos para fortalecer reservas. Lo que no se compre ahora puede hacer falta después”.

A su vez, a medida que se acerque el proceso electoral de 2027, es esperable un aumento de la demanda de cobertura cambiaria y de la volatilidad financiera. Por eso, llegar a ese período con un volumen mayor de reservas permitiría enfrentar eventuales tensiones con una posición más sólida.
Otro de los desafíos identificados por los ejecutivos de la city tiene que ver con la calidad y la permanencia de las reservas acumuladas. Gustavo Araujo, jefe de Investigación en Criteria, destacó que el mercado recibió positivamente el proceso de recomposición de activos externos impulsado por el Gobierno, pero advirtió que el verdadero examen todavía está por delante.
“El punto relevante hacia adelante no es solamente el proceso de compras que permite la acumulación, sino la sustentabilidad del stock de reservas”, explicó. Para Araujo, “el verdadero test pasa por evitar que esas reservas acumuladas terminen siendo transitorias”.
El economista mencionó que el objetivo más ambicioso consiste en combinar la acumulación de dólares con una estrategia financiera que reduzca la necesidad de utilizarlos para afrontar vencimientos de deuda. “Si las reservas se acumulan, pero luego se utilizan para pagos netos de deuda en moneda extranjera, el efecto sobre la posición externa neta del BCRA se neutraliza parcialmente”, señaló.
Por esta razón, consideró clave consolidar mecanismos de refinanciamiento y rolleo que permitan preservar los dólares acumulados y reducir la incertidumbre sobre la liquidez externa futura.
La diferencia entre comprar dólares y acumular reservas también fue destacada por Tomás Amerio, economista en la Fundación Libertad y Progreso, quien remarcó que las cifras superiores que mencionó el Gobierno, de entre US$ 17.000 y US$ 24.000 millones de metas, no forman parte de compromisos formales sino de proyecciones basadas en el ritmo reciente de compras.
Amerio recordó que el programa también contempla una meta de acumulación de reservas netas hacia diciembre, un indicador que depende no solo de las compras sino también de los pagos y egresos que enfrente el sector público.
Por eso, sostuvo que “la pregunta relevante deja de ser cuánto más va a comprar el Banco Central y pasa a ser cuánto va a poder acumular frente al calendario de pagos”.