Las transferencias comienzan a disputarles a las tarjetas una parte creciente de los pagos cotidianos en la Argentina. El cambio combina una transformación estructural en los medios de pago con una coyuntura marcada por la contracción del crédito y la búsqueda de nuevas alternativas de financiación.
Según el Informe Mensual de Pagos Minoristas del Banco Central, en agosto se realizaron 118,3 millones de pagos con transferencia por casi $3 billones. La cantidad de operaciones aumentó 65,6% frente al mismo mes del año anterior y el monto creció 60,4% en términos reales.
El movimiento fue en sentido contrario al de las tarjetas. Durante julio, último dato disponible, las operaciones con tarjeta de crédito cayeron 9,2% interanual y las efectuadas con débito retrocedieron 8,4%.
La diferencia fue todavía mayor en las compras financiadas. Las operaciones con tarjeta de crédito en cuotas disminuyeron 22,7% y el monto real utilizado mediante esa modalidad cayó 29,7%.
Los datos no permiten afirmar que cada transferencia haya reemplazado directamente a una compra con tarjeta. Sin embargo, muestran un cambio en la participación de los distintos medios de pago que bancos, fintech y empresas del sector ya observan dentro de sus plataformas.
"Hemos visto un crecimiento enorme de los pagos con transferencia y con saldo en cuenta, en detrimento de los pagos con tarjeta, durante los últimos trimestres", afirmó Rafael Soto, CEO de MODO.
El pago cuenta a cuenta acelera
Dentro de los 118,3 millones de pagos con transferencia registrados durante agosto, el 99,1% comenzó mediante un código QR. En total, se realizaron 117,2 millones de pagos con QR por $2,9 billones. La cantidad creció 67,5% interanual y el monto avanzó 62,9% en términos reales.
El ticket promedio fue cercano a los $25.000. Esto posiciona al mecanismo principalmente en las compras frecuentes y de menor valor, un segmento en el que compite de manera directa con las tarjetas de débito y crédito. "El pago con transferencia es, por lejos, el medio de pago que más crece en la Argentina", aseguró Soto.
Para los comercios, el modelo presenta dos ventajas: la acreditación del dinero es inmediata y las comisiones pueden ser menores que las aplicadas en otros instrumentos. Sin embargo, el CEO de MODO considera que la expansión depende principalmente de la elección de los usuarios. "El comercio recibe el pago en el acto y paga una comisión más baja, pero, en definitiva, quien impulsa un medio de pago es el consumidor", explicó.
El crecimiento no se limita a los pagos comerciales. Las transferencias inmediatas tradicionales, utilizadas para enviar dinero entre personas y empresas, alcanzaron los 779 millones de operaciones por $96 billones en agosto. Su cantidad aumentó 20,3% interanual y el monto avanzó 5,5% en términos reales. Además, el 76,9% de las transferencias tuvo como origen o destino una cuenta virtual.
La demanda de financiación no desaparece
El crecimiento de las transferencias permite pagar directamente con el dinero disponible en una cuenta, pero no reemplaza la posibilidad de diferir un consumo. Los datos de Alprestamo indican que la necesidad de financiación continúa presente, aunque los usuarios buscan alternativas.
Durante agosto, la plataforma registró un aumento mensual del 26,3% en la cantidad de contactos interesados en productos financieros. Las solicitudes totales pasaron de 579.662 en julio a 738.356 en agosto, una suba del 27,4%. "Las aplicaciones únicas crecieron 25,8%, hasta un valor cercano a las 400.000", explicó Pablo Blanco, CFO de Alprestamo. Para el ejecutivo, el movimiento indica que "la necesidad de financiamiento y la intención de comparar alternativas se mantuvieron activas".
Las operaciones efectivamente concretadas también aumentaron. Las ventas de préstamos, tarjetas y soluciones de cobranzas crecieron 29,6% mensual. Dentro de ese conjunto, los préstamos registraron una expansión del 32,1%.
También aumentó la actividad en las herramientas vinculadas al ordenamiento de deudas. Los contactos de "Ponete al Día" crecieron 21,4%, las solicitudes únicas avanzaron 10,7% y las aplicaciones totales subieron 6%.
Blanco aclaró, sin embargo, que los datos no permiten afirmar que exista una migración directa desde los saldos de las tarjetas hacia los préstamos personales. Que ambos movimientos ocurran al mismo tiempo no significa necesariamente que estén protagonizados por los mismos usuarios. "La conveniencia depende del costo financiero total, el plazo y el valor de la cuota", afirmó el ejecutivo.
Una disputa que atraviesa a bancos y fintech
El avance del cuenta a cuenta no puede explicarse solamente por el crecimiento de las billeteras. El sistema interoperable permite que el dinero circule entre cuentas bancarias y virtuales sin importar qué aplicación utiliza cada participante.
Entre los clientes que realizaron pagos con QR durante agosto, el 52,7% utilizó una cuenta bancaria y el 47,3% pagó desde una cuenta virtual. Del lado de los comercios, el 53,8% de las operaciones se acreditó en cuentas de pago y el 46,2% restante llegó a cuentas bancarias.
El mercado, por lo tanto, no se divide de manera lineal entre bancos y fintech. Ambas clases de compañías participan en una infraestructura común y compiten por convertirse en la aplicación elegida por el usuario.
En ese escenario, el QR funciona como una interfaz capaz de canalizar fondos de diferentes orígenes. La competencia pasa por la experiencia dentro de la aplicación, las promociones, los rendimientos y los servicios financieros asociados. Actualmente existen 92 billeteras digitales interoperables y 67 aceptadores de pagos con transferencia registrados ante el Banco Central.
La tarjeta pierde operaciones
Durante julio se efectuaron 159,3 millones de pagos con tarjeta de crédito por poco más de $10 billones. La cantidad cayó 9,2% interanual y el monto retrocedió 17,6% en términos reales. Pese a esa disminución, las tarjetas todavía movilizan más dinero que los pagos cuenta a cuenta. Su ticket promedio rondó los $63.000, más del doble que el registrado en los pagos con transferencia.
La tarjeta conserva así una mayor presencia en compras de valor elevado, aunque pierde operaciones dentro de los consumos cotidianos.
La composición de los pagos también muestra un menor uso de la financiación. Durante julio:
- Se realizaron 141,2 millones de compras en un pago, 7,1% menos que un año antes.
- Las compras en cuotas fueron 18,2 millones y cayeron 22,7%.
- El 88,6% de las operaciones con tarjeta se efectuó en un pago.
- Las cuotas representaron solamente el 11,4% de las transacciones.
El Banco Central introdujo una salvedad metodológica: parte de la caída observada durante julio responde a un cambio en los criterios de reporte, que dejó de incluir determinadas operaciones con tarjetas prepagas. Por eso, no todo el retroceso puede interpretarse como una disminución genuina del consumo.
Aun con esa aclaración, Soto sostiene que la recuperación todavía no aparece con claridad. "Los pagos con tarjeta bajaron y todavía no estamos viendo que se recuperen", señaló.
La tendencia también alcanza al débito. Se realizaron 172 millones de operaciones, una cantidad superior a las registradas con crédito, pero 8,4% menor que un año atrás. El monto real cayó 14,7%. "Los pagos con tarjeta de débito y crédito disminuyeron o se amesetaron en cantidad de transacciones", indicó el CEO de MODO.
Dos cambios que ocurren al mismo tiempo
La evolución de los pagos responde a dos fenómenos diferentes, aunque relacionados. El primero es coyuntural: la caída del crédito, el menor espacio disponible en las tarjetas, el aumento de la morosidad y la reducción de las compras en cuotas limitan el uso de ese instrumento.
El segundo es estructural: la expansión de la interoperabilidad, la acreditación inmediata y el uso cotidiano del QR convierten al pago cuenta a cuenta en una alternativa permanente.
Una recuperación del crédito podría impulsar nuevamente el consumo con tarjetas, especialmente en compras de mayor valor y operaciones financiadas. Sin embargo, eso no necesariamente detendría el avance de las transferencias en los pagos diarios.
El fenómeno ya encendió alertas en una industria que obtiene ingresos a partir del procesamiento de pagos, la emisión de tarjetas y las comisiones cobradas a comercios. El antecedente más observado en la región es Brasil, donde Pix transformó el mercado de pagos y obligó a bancos, adquirentes y compañías internacionales de tarjetas a revisar sus productos.
La Argentina todavía presenta una estructura diferente y el cuenta a cuenta mantiene una participación menor. Sin embargo, la dirección comienza a ser similar: menos dependencia del efectivo, más operaciones desde aplicaciones y una competencia creciente entre el saldo disponible y las líneas de crédito.
Las tarjetas aún conservan una ventaja que las transferencias no ofrecen: permiten financiar consumos. Pero los datos muestran que pierden terreno como herramienta de pago, mientras los usuarios buscan por otras vías el crédito que continúa necesitando su economía cotidiana.