La deuda global aumentó en más de US$ 10 billones durante el primer semestre de 2026 y superó los US$ 365 billones, impulsada principalmente por el endeudamiento de los mercados emergentes. Según el informe del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), "Un futuro con alta intensidad de deuda y riesgos crecientes para los mercados globales", el incremento fue inferior a la mitad de los US$ 21 billones registrados en el mismo período del año anterior. El organismo atribuyó esa desaceleración a una combinación de factores que endurecieron las condiciones financieras: tasas de interés más elevadas, mayores costos del servicio de la deuda, suba de los precios de la energía y el impacto del conflicto con Irán sobre la confianza de los emisores.
La moderación resultó especialmente marcada entre las instituciones financieras y los hogares, dos de los sectores más expuestos a las variaciones de las tasas de interés. Sin embargo, el ritmo general de acumulación de deuda continuó por encima del promedio de los últimos cinco años. En ese escenario, los gobiernos y las empresas no financieras concentraron la mayor parte del incremento y llevaron sus niveles de endeudamiento a nuevos máximos históricos, de acuerdo con el IIF.
Factores estratégicos que impulsan el aumento de la deuda
Factores estratégicos que impulsan el aumento de la deuda
La deuda global superó los US$ 365 billones durante el primer semestre de 2026, aunque la inflación contribuyó a contener los ratios de endeudamiento en relación con el PIB. A diferencia de ciclos anteriores, impulsados por la recuperación posterior a la pandemia o por un escenario de tasas de interés excepcionalmente bajas, la actual expansión de la deuda está vinculada en buena medida con nuevos "superciclos" de inversión y gasto estratégico de capital.
- Infraestructura tecnológica e inteligencia artificial: la creciente competencia entre las grandes compañías por desarrollar inteligencia artificial, capacidad computacional y centros de datos está demandando inversiones de una magnitud inédita. Esta suerte de "carrera armamentística tecnológica" entre empresas no financieras comenzó a traducirse en mayores niveles de endeudamiento corporativo para financiar la expansión de su infraestructura.
- Defensa y seguridad: el incremento de los compromisos de gasto militar, especialmente entre los países de la Unión Europea, también aparece como una fuente relevante de presión sobre las cuentas públicas. De mantenerse esta tendencia, las mayores necesidades de financiamiento vinculadas con defensa podrían elevar hasta 18 puntos porcentuales la relación entre deuda pública y PIB de la UE durante la próxima década.
Gobierno y concentración soberana
La deuda soberana concentra buena parte del nuevo endeudamiento global. Tres grandes regiones —Estados Unidos, China y la eurozona— explican cerca de tres cuartas partes del aumento neto de la deuda mundial. En Estados Unidos, la relación entre deuda pública y PIB continúa en ascenso y ya supera el 122 %, mientras que en China el endeudamiento combinado del gobierno y las empresas también alcanzó niveles récord.
Los datos del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) muestran, además, que el costo promedio del endeudamiento público en los países del G7 llegó a su nivel más elevado desde mediados de 2008, al tiempo que el gasto anual en intereses se ubica casi un 85 % por encima de los niveles de entonces.
"Durante el último año, las economías avanzadas pagaron más de US$ 3,5 billones en intereses únicamente por bonos soberanos negociados internacionalmente, una cifra superior al gasto mundial estimado en inteligencia artificial (US$ 2,6 billones), defensa (US$ 3,1 billones) o energía (US$ 3,4 billones)", señaló el organismo.
Divergencia entre mercados emergentes y maduros
En los mercados emergentes, tanto el volumen total de deuda como la relación entre deuda y PIB alcanzaron máximos históricos, con un endeudamiento que ya supera el 235% del PIB.
En contraste, aunque el volumen de deuda de las economías maduras continúa siendo considerable, su relación con el PIB mostró cierta estabilización e incluso leves descensos en algunos casos, favorecida principalmente por el crecimiento nominal de las economías.
Mayores riesgos de refinanciación y renovación de deuda
Los mercados financieros globales se enfrentan a una ola de vencimientos de deuda de una magnitud extraordinaria. Solo los mercados emergentes deberán afrontar reembolsos por más de US$ 9 billones, mientras que las economías maduras tendrán que refinanciar más de US$ 20 billones en bonos y préstamos con vencimientos próximos.
A esto se suma la presión sobre el sector privado: S&P Global Ratings estima que los vencimientos de deuda corporativa calificada entre 2025 y 2029 alcanzan aproximadamente los US$ 12,4 billones, de los cuales US$ 9 billones corresponden a deuda con grado de inversión y otros US$ 3,4 billones a títulos de grado especulativo. Este último segmento resulta especialmente vulnerable ante cualquier nueva suba de los costos de financiamiento.
El desafío es particularmente significativo para los emisores que aprovecharon las tasas de interés excepcionalmente bajas durante la pandemia. Una empresa que consiguió financiamiento al 2,5 % en 2020, por ejemplo, podría enfrentar ahora costos totales de refinanciación de entre 5 % y 7 %, lo que supone un encarecimiento de carácter más estructural que transitorio para los prestatarios con elevados niveles de deuda.
Hasta el momento, el proceso de refinanciación avanzó sin grandes sobresaltos: los diferenciales de los bonos con grado de inversión se mantuvieron cerca de sus niveles más bajos de las últimas dos décadas, mientras que la fuerte demanda de aseguradoras, fondos de pensiones e inversores extranjeros permitió absorber volúmenes récord de emisión. Sin embargo, esa aparente calma implica costos cada vez mayores para quienes deben renovar sus obligaciones.
Buena parte del nuevo endeudamiento corporativo se concentra en un grupo reducido de grandes compañías tecnológicas que recurren al mercado de deuda para financiar la construcción de centros de datos e infraestructura vinculada con la inteligencia artificial. Esta concentración desplaza una porción relevante del riesgo de refinanciación hacia un segmento relativamente acotado del mercado y con pocos antecedentes que permitan anticipar cómo podría comportarse ante un escenario de fuerte estrés financiero. La preocupación también llegó a los principales referentes de Wall Street: a comienzos de año, el CEO de JPMorgan, Jamie Dimon, advirtió sobre los riesgos acumulados en el mercado y sostuvo que "habrá algún tipo de crisis de bonos".
El informe del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) también identifica cambios en el comportamiento de los inversores y en la asignación global de activos, con una menor preferencia relativa por los bonos del Tesoro de Estados Unidos y un creciente interés por la deuda soberana de Europa y Japón, en un contexto marcado por las preocupaciones en torno a los déficits fiscales. Los desequilibrios presupuestarios continúan siendo elevados en varias de las principales economías y los grandes paquetes de estímulo fiscal previstos para 2026 en Japón, Estados Unidos, Alemania y China podrían profundizar esa dinámica. El resultado sería una mayor necesidad de endeudamiento público y una factura por intereses todavía más elevada durante los próximos años.
Un fallo todavía pendiente de la Corte Suprema de Estados Unidos sobre los aranceles aplicados bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional agrega un nuevo foco de incertidumbre al escenario fiscal y comercial. Si el máximo tribunal limita o anula esa facultad, las presiones sobre las cuentas públicas estadounidenses podrían intensificarse, a menos que la administración encuentre otra base legal para mantener esos gravámenes. Una decisión de ese tipo también podría tener consecuencias sobre la política comercial, la recaudación fiscal y la confianza de los emisores.
En los mercados emergentes, el desafío de refinanciación se vuelve todavía más complejo debido a su persistente dependencia del financiamiento denominado en monedas fuertes, especialmente dólares. Los vencimientos por alrededor de US$ 9 billones dejan a gobiernos y empresas particularmente expuestos a una eventual depreciación de sus monedas y a cualquier retroceso de las estrategias de arbitraje cambiario que, hasta ahora, contribuyeron a absorber part
Mercados de capitales y estabilidad financiera
A pesar del fuerte ritmo de emisión, las condiciones financieras todavía favorables y el elevado apetito por el riesgo en segmentos como los bonos de alto rendimiento y los préstamos sindicados permitieron contener, hasta ahora, las tensiones sistémicas. Sin embargo, la estabilidad financiera de largo plazo dependerá en buena medida de que el crecimiento económico global logre acompañar el aumento de los costos de financiamiento y de que el sistema pueda gestionar adecuadamente su creciente exposición a instrumentos como los swaps de tasas de interés, utilizados para cubrir riesgos en el corto plazo.
Parte de esa aparente estabilidad se sustenta en vínculos cada vez más estrechos entre los bancos y las instituciones financieras no bancarias, entre ellas los fondos de crédito privado, las firmas de capital privado, las aseguradoras de vida y los fondos de cobertura. Los préstamos concedidos por los bancos estadounidenses a este tipo de instituciones representan actualmente cerca del 15 % de sus carteras crediticias, frente al 11 % registrado en 2021. Esta mayor interconexión amplía los canales a través de los cuales una eventual tensión financiera podría trasladarse con rapidez desde la denominada banca en la sombra, caracterizada por una menor transparencia y regulación, hacia el sistema bancario tradicional.
Al mismo tiempo, los diferenciales de los bonos con grado de inversión, ubicados en torno a los 78 puntos básicos, se encuentran entre sus niveles más bajos de las últimas dos décadas, una señal de que los mercados asignan actualmente una baja probabilidad a episodios de estrés significativo. Pero esa misma tranquilidad representa una fuente potencial de vulnerabilidad: valuaciones y primas de riesgo tan comprimidas dejan poco margen de absorción ante un deterioro inesperado del escenario económico. Una desaceleración del crecimiento, una inflación más persistente de lo previsto o una escalada geopolítica podrían provocar una revaluación abrupta del riesgo y un encarecimiento del crédito.
El uso extendido de swaps de tasas de interés para gestionar los descalces de duración y financiamiento agrega una nueva capa de interconexión al sistema financiero. Un movimiento brusco de las tasas podría desencadenar llamados de margen y ejecuciones simultáneas de garantías entre instituciones expuestas a estrategias de cobertura similares, amplificando las tensiones en momentos de estrés.
Reflexiones finales
Con una deuda global que supera el 305% del PIB mundial, el mensaje central del IIF es que la estabilidad actual depende de varias condiciones: que el crecimiento se sostenga, que los bancos centrales flexibilicen la política monetaria sin reactivar la inflación y que los inversores continúen absorbiendo una oferta récord de deuda. Cualquiera de estos factores podría quebrarse primero.
A su vez, el enorme volumen de vencimientos y la dependencia del mercado de condiciones favorables para refinanciarlos implican que una perturbación en cualquier punto del sistema, como una venta masiva y desordenada de bonos del Tesoro, un traspié entre prestatarios vinculados a la IA o una reevaluación repentina del riesgo soberano, podría extenderse con rapidez entre bancos, instituciones financieras no bancarias y prestatarios, y pondría a prueba un sistema financiero que nunca antes enfrentó semejante nivel de deuda.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com