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Los indicadores de actividad empiezan a mostrar, al igual que en el resto del mundo, la virulencia del daño en la economía real. Cómo afectó (y afecta) la pandemia del coronavirus.

26 Junio de 2020 11.59

A nivel global, el pico de contagios que colapsó a los sistemas de salud del mundo desarrollado durante la primera mitad de abril se moderó sensiblemente. Las cuarentenas empiezan a levantarse y las economías a encenderse más rápido de lo pensado. A contramano, los contagios comienzan a crecer de forma vertiginosa en el mundo en desarrollo, y esta dinámica complica el levantamiento de las cuarentenas en estos países alargando la agonía de la economía real. 

El pánico financiero que había escalado a fines de marzo, cuando arrancaban las restricciones al movimiento de personas y el cierre de fronteras, prácticamente desapareció. La inédita inyección de liquidez de los bancos centrales y la creación de vehículos especiales para comprar activos financieros permitió desacoplar casi por completo la dinámica de los mercados de la economía real. Las bolsas volvieron prácticamente a los récords alcanzados en la prepandemia, los commodities recuperaron parte de la caída y se empieza a abrir el mercado de crédito a los países emergentes, y sus monedas recortan parte de su brusca devaluación. El Real volvió del pico de casi R$ 6 por dólar en abril a R$ 4,7; y en el último mes volvieron a colocar deuda en el mercado internacional Brasil, Chile, Colombia, Perú, México y Paraguay. 

En lo que hace a lo local, Argentina enfrenta una aceleración de los contagios en el AMBA, con epicentro en los barrios carenciados, cuando se cumplen “dos cuarentenas” y el Gobierno anuncia una tercera.

Los indicadores de actividad empiezan a mostrar, al igual que en el resto del mundo, la virulencia del daño en la economía real. Pero la necesidad de extender las restricciones para limitar los contagios genera una escalada en los costos económicos que empiezan a diferenciarse de lo observado en el resto del mundo; por la extensión de la cuarentena, pero fundamentalmente por la menor  capacidad de reacción eficaz de la política fiscal y monetaria en un país sin ahorros, sin crédito y sin moneda. 

Por lo pronto, la inflación está contenida detrás de un aumento en la demanda de pesos precautoria y anclada en tarifas que no suben. Precios que “no están” mientras la oferta esté limitada, una puja distributiva contenida y controles de precios férreos que no permiten el traslado de los mayores costos. Pero no luce que el 1,5 % de abril y el 1,3% que dio nuestro relevamiento para mayo se sostengan en el tiempo una vez que las restricciones empiecen a aflojar con un ritmo de devaluación del dólar oficial (crawling al 2,7 % mensual) presionado por una brecha cambiaria en la zona del 65 por ciento. 

Los intentos por frenar la sangría de reservas limitando el acceso al MULC de aquellas personas jurídicas que o bien cancelaron deuda comercial o bien tienen dólares en el exterior funcionaron en el corto plazo, y el BCRA volvió a comprar US$ 580 millones en los últimos seis días. Pero esto a costa de que los importadores empiecen a valuar los stocks al dólar marginal, generando un faltante de precios en la economía, en la mayor parte de productos e insumos importados que, de no destrabarse la operatoria, empezarían a filtrarse a los precios y podrían provocar desabastecimiento, si las trabas al comercio conviven con restricciones al aumento de precios.

La dilación en la reestructuración de la deuda agrega palos en la rueda. Luego del traspié de la primera oferta con una aceptación menor al 15%, la negociación continúa con los tres grupos de bonistas que juntan cerca de un 40% de los US$ 66.000 millones que se están negociando. De momento, los mercados reaccionaron muy favorablemente frente a una nueva oferta de la Argentina en la zona de US$ 48 (incluyendo un nuevo bono por el cupón corrido) y eventualmente un GDP Warrant que agregue US$ 5 más, y una posición de los dos grupos de bonistas más duros en la zona de US$ 58, más el pago al contado de los cupones corridos (US$ 1.600 millones) y un GDP Warrant en lo que hace a los bonos del canje 2005/2010. En el medio, el FMI publica un nuevo documento, a pedido del Gobierno, fijando la posibilidad de extender la mejora a US$ 50 sin romper la “sostenibilidad”. 

Una vez que trascendió la decisión política de cerrar un acuerdo frente a la evidencia de los costos asociados al default, reflejados en la creciente presión cambiaria, cada día que pasa en un mundo donde volvió la liquidez aumenta la capacidad negociadora de los bonistas, diluyendo la mejora en la oferta del Gobierno, y volviendo a aumentar los riesgos de un canje con holdouts.

Arreglar la deuda es condición necesaria  para  evitar un descalabro mayor de la economía, pero requiere que esté inmersa en un programa de estabilización a mediano plazo, y un manejo coordinado del corto plazo, que hoy no se vislumbra.